Diabetes y los efectos del calor

Este mes se conmemora el Día Mundial de la Diabetes, enfermedad crónica que afecta a más del 12% de la población de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Salud, sobrepasando la tasa mundial que llega al 8,5%. Esto significa que en nuestro país los pacientes con esta patología, diagnosticada o no, alcanzarían a más de dos millones de personas.

Especialistas a nivel mundial señalan la importancia del tratamiento con el fin de evitar las descompensaciones agudas, prevenir o retrasar la aparición de las complicaciones tardías, disminuir la mortalidad y mantener una buena calidad de vida. No obstante, y lo que pocos saben -incluyendo a los mismos pacientes-, es que el tratamiento necesita de ciertas modificaciones dependiendo las condiciones externas, como las estaciones del año.

El aumento de las temperaturas durante el verano puede ser sumamente peligroso para estos pacientes, quienes necesitarán cuidados extras durante esta época para minimizar sus efectos. Las personas diabéticas tienden no hidratarse de forma adecuada y a deshidratarse con mayor facilidad, lo que puede elevar el azúcar en la sangre (glicemia), haciendo que la persona orine con mayor frecuencia, lo que potencia aún más la deshidratación. Además si el paciente consume diuréticos, este efecto podría darse con mayor facilidad. Por esto es fundamental que estos pacientes beban mucha agua, sobre todo en este periodo.

Por otra parte, el calor puede cambiar la forma en que el organismo usa la insulina. El calor produce vasodilatación en nuestro organismo, lo que incrementa la velocidad de absorción de insulina, pudiendo causar una hipoglucemia. En este sentido, será necesario medir los niveles glicémicos con mayor frecuencia y ajustar las dosis de insulina, además de lo que se come y bebe. Por último, esta alteración en los vasos sanguíneos, junto con algunas ocurridas en nervios, pueden impedir que las glándulas sudoríparas regulen la temperatura corporal de forma correcta.

Desde nuestro rol como asesor de salud, al alcance de cualquier persona y en cualquier farmacia, ofrecer educación e información sanitaria para quienes buscan un medicamento es clave, pero no podemos generar la relación y el impacto que un paciente tiene con su médico tratante, más aún cuando factores externos -como la temperatura- pueden afectar directamente su bienestar. Por esto es fundamental mejorar la comunicación entre ellos.

Ésta no sólo debería servir para obtener la información que el médico requiere para cumplir su función, sino que también es necesaria para que el paciente sea y se sienta escuchado, para que pueda comprender cabalmente su enfermedad, el tratamiento, los factores externos que pueden afectarlo y pueda sentirse copartícipe de su atención, elemento primordial para un tratamiento efectivo, eficaz y que mantenga la buena calidad de vida de éste.

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