El fin de las isapre

El fin de las isapre y la constitución de un seguro público de salud -con asegurador único, en este caso Fonasa- implica la transferencia de MM$2.137.076 de pesos de 2019 correspondientes a cotizaciones que las personas realizan en el sistema privado -el 7% obligatorio- a las arcas del primero. Este es el giro transformador esencial del programa de salud de Boric y a partir de aquel las isapre empezarían a vivir en el mercado, financiadas con gasto privado de las personas. The End.

Siempre supieron las isapre que este momento llegaría, pero nunca estuvieron disponibles para elaborar o contribuir al desarrollo de una solución diferente, como habría sido un sistema de seguro único con aseguradores múltiples y un fondo de compensación de riesgos para consolidar una unión de recursos, como se plantea formalmente recién ahora en los programas de los candidatos presidenciales de derecha. Pero en fin, qué cosa digo, si todavía no sabemos quién ha de ganar las elecciones. En esta teleserie cualquier cosa podría pasar.

Veamos de nuevo lo propuesto por Boric. Si bien las isapre no sirven más que al 15% de nuestra población, los más acomodados -incluido este humilde columnista sanitario-, después de 40 años de existencia se transformaron en el símbolo de la desigualdad en salud. Ah! Y tienen dinero, cash, el 7% obligatorio de las personas de mayores rentas, que ahora iría al Fonasa. Ya mencionamos la cifra, muy cercana a lo que Fonasa recauda hoy por las cotizaciones de sus beneficiarios actuales, un total de MM$2.458.191 en dinero del 2019. Al cadalso, entonces, con las isapre. En realidad, al mercado de los seguros complementarios, pero sin dinero garantizado por el Estado en los bolsillos. Las lucas se quedan acá. Creo que Boric hace bien, porque este asunto no daba para más.

Pero cuidado, que de los problemas de los servicios que recibe la inmensa mayoría de los ciudadanos en Chile se dice poco y surgen preguntas ineludibles. ¿Qué será de los hospitales públicos que proveerán servicios para el seguro único, donde las personas enfrentan hoy prolongados tiempos de espera para una consulta de especialidad o para una cirugía? ¿Qué se dice de la falta de empatía del sistema con sus usuarios? ¿Qué se dice de la oferta monopólica que representa la Modalidad de Atención Institucional -MAI- para el grupo A de Fonasa, que son los más pobres de Chile? Se dice algo así como "debemos potenciar la Atención Primaria y mejorar la gestión de la red asistencial". Como no, después del bochorno que nos hizo pasar la Comisión Nacional de Productividad con su reporte de 2019, cuyas conclusiones y recomendaciones han sido ampliamente reconocidas como válidas -salvo por este columnista y gestor hospitalario público- y reforzadas también por el propio programa del candidato.

Habida cuenta de lo anterior, no se hace difícil pensar que frente a la idea de un seguro único, el tema de la provisión pública será un foco central en el que poner la preocupación. Como se dijo alguna vez, en salud no habrá reforma del financiamiento si no se acompaña de una reforma de la provisión. Se trata entonces de una reforma singularmente compleja y tomará tiempo, mucho más de dos períodos presidenciales, qué duda cabe, para conseguir la esperada satisfacción de la población.

Y por último, derivado de lo anterior ¿se estará pensando acaso en fortalecer la Modalidad de Libre Elección de Fonasa para facilitar el acceso de sus beneficiaries -incluyendo a los nuevos, antes en las isapre- a los oferentes privados de servicios de salud? ¿O se apuesta a que la nueva población beneficiaria de Fonasa, antes de las isapre, funcione principalmente en base a sus seguros complementarios y que su 7% sea una suerte de impuesto o contribución solidaria que va a una institución de la cual no esperarían obtener beneficios?

Las personas que deseen mantener el plan que tienen hoy en las isapre deberían asumir un costo adicional equivalente a las cotizaciones que antes contribuían a financiar su plan y que ahora serán enteradas en Fonasa. Esto podría representar, al menos transitoriamente, una contracción para la oferta privada de servicios mientras no se reponga voluntariamente la totalidad de los montos equivalentes a las cotizaciones obligatorias que antes estaban disponibles. Se abre, entonces, a propósito de la incumbencia, una nueva pregunta inevitable: ¿Y qué pensarán los médicos de una reforma como ésta?

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