El Interferon y la mezquindad del gobierno

Ante la desmesurada e irresponsable reacción de varios actores nacionales, tanto gubernamentales como gremiales, a nuestra propuesta de importar el Interferon para enfrentar la Pandemia del COVID-19, movidos por el solo objetivo de disminuir al mínimo las muertes evitables, comparto las consideraciones que hemos tenido a la vista para buscar importar el medicamento referido.

Lo primero que llama la atención, es que algunas de nuestras autoridades nacionales y gremiales hayan salido a criticar nuestra propuesta, con argumentos que nadie había puesto en discusión, pues nadie ha planteado jamás que el Interferon Alpha sea la cura para la enfermedad, ni mucho menos, que haya estudios clínicos que avalen algo que nadie ha aseverado.

De hecho, en el reporte de la Comisión Conjunta de la OMS y China para el seguimiento de la epidemia y recomendaciones, que sesiono del 16 al 24 de febrero, se recoge en la página 33 que “no existe ningún tratamiento específico que haya demostrado eficacia” para enfrentar el COVID-19, pero a la vez refleja que las guías chinas de manejo de la enfermedad recomiendan 5 tratamientos Antivirales, entre los que destaca el Interferon y el Interferon alpha, el Fosfato de de cloroquina,  Lopinavir/Ritovanir, Ribavirina y Arbidol, como tratamientos experimentales que han mejorado los pronósticos médicos de la enfermedad, especialmente para pacientes de alto riesgo y que pueden llegar a sufrir Sars (Síndrome Agudo Respiratorio).

Ahora bien, aunque nadie ha afirmado que haya evidencia científica ni estudios concluyentes, llama la atención que el argumento sea ese, pues ante la certeza de que el COVID-19 es un virus nuevo que no posee, hasta el día de hoy, ni cura, ni tratamiento clínicamente testeados, pareciera que la propuesta, tanto del gobierno como del Colegio Médico, es no tratar a las personas contagiadas y sentarnos a esperar que la ciencia provea.

Como sabemos entonces que para eso falta, al menos un par de buenos meses, lo que para el caso chileno, pueden hacer la diferencia entre un resultado desastroso y uno menos malo, es que insistiremos en la posibilidad de seguir las recomendaciones de los países que van adelante nuestro y que, además, poseen una mayor trayectoria en I + D, sobretodo, en lo que al cuidado de la salud respecta.

Ahora vamos al fondo de la cuestión.  Ante la certeza de que no existen ni tratamientos ni estudios clínicos concluyentes, el mundo ha debido lanzarse con rapidez y audacia a experimentar con tratamientos conocidos que pudieran, con base científica, ayudar a disminuir el impacto de esta nueva enfermedad en la población mundial, entendiendo que no hay tiempo que perder ni tiempo para esperar, porque la letalidad, en los distintos países afectados se ha movido entre el 2 y el 10% de los contagiados, lo que en el caso de nuestro país podría significar varios miles de muertos, si es que no actuamos de manera audaz y a tiempo.

Por lo mismo, como sabemos que es común que se emplee el Interferon, por su conocido mecanismo de acción, contra infecciones virales para las que no se disponen de terapias específicas, como es el caso del COVID-19, es que nos proponemos importarlo con el objeto de intentar salvar la mayor cantidad de vidas posibles. Lo que puede lograrse con la administración de Interferon durante los primeros días después de la confirmación del contagio, especialmente en los pacientes de alto riesgo, con las excepciones dadas por sus contraindicaciones para aquellos pacientes afectados por enfermedades renales.

En este contexto resulta incomprensible el rechazo a la posibilidad de importar el interferón ya que está ampliamente demostrado su efecto antiviral, que activa la respuesta inmune innata contra el virus así como el mecanismo de la replicación viral, mediado por los genes inductores de interferón ( W.M Schneider, et al.  Anual Revieww of Inmunology 2014; 32:513-545).

Incluso, se ha recomendado el uso de Interferon nebulizado en el caso de embarazadas, según la revista Acta Obstet Gynecol Scand.  2020;00: 1-4, en su artículo Novel Corona Virus disease (COVID – 19) in pregnacy. What Clinical recomendations to folow? y también en niños, según la revista World Journal of Pediatrics, Feb 2020, en sus artículos “Diagnosis, treatament and Prevention of 2019 novel coronavirus infection in children: extert coinsensus statement” y “ Pharmaceutical care recomendations for antiviral treatments in children with coronavirus disease 2019”.

Como si fuera poco, ayer se dio a conocer la creación, por parte de un equipo de la Universidad de Concepción, de un antiviral basado en los interferones, que podría prevenir el contagio de Coronavirus y la solicitud que esa casa de estudios hizo al gobierno para aportar los fondos necesarios para desarrollar el proceso de prueba, solicitud a la que extrañamente se ha negado el gobierno y ha sido desacreditada por el Ministro de Salud, que como sabemos, sabe bastante del negocio de la salud pero parece que bastante poco de investigación científica asociada.

Estas evidencias y estudios previos, entre varios otros, sugieren la posible utilidad del Interferon de forma preventiva en población vulnerable y en etapas tempranas de la infección mientras se sigue publicando su uso en la actual pandemia y aparece recomendado en los protocolos de tratamiento de pacientes por diferentes países y organizaciones, entre los que destaca el protocolo chino, primer país en comenzar a superar la crisis.

Por lo mismo, hasta ahora son 42 países los que están solicitado el medicamento a Cuba: Guatemala, Costa Rica, Panamá, Eslovaquia, Colombia, Rep. Dominicana, Líbano, Djibouti, Nigeria, Italia, Santa Lucía, Mongolia, Rusia, Georgia, Argelia, Barbados, Serbia, El Salvador, Alemania, Vietnam, Argentina, Perú, Uruguay,  Trinidad y Tobago, Jamaica, Sri Lanka,  Nicaragua, Turquía, Kenya, Ghana, Ecuador, Sudáfrica, Guyana, Mozambique, Bolivia, Uzbekistán, Ucrania, Kazajstán, Eswatini, México, España.

En este contexto, llama la atención los juicios de diversos actores, entre los que destaca el Presidente de la República, que se ha dado el lujo de decir en TV abierta “todos saben que este medicamento no sirve para nada” lo que una vez más deja en evidencia su falta de responsabilidad y capacidad para enfrentar crisis de esta magnitud además de la liviandad con que se toma la realidad de los que seguramente más van a sufrir porque no se haya hecho todo lo que estaba a disposición de las autoridades.

Para tranquilidad de todos y todas, sería bueno que tanto el Gobierno como el Colegio Médico le informaran a la ciudadanía cuales son los protocolos de atención que ellos poseen o proponen para descartar de plano que la crítica sea solo política y mal intencionada.

Es de esperar que la arrogancia y la mezquindad de algunos no nos cuesten vidas que luego tengamos que lamentar.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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