Coescrita con María Teresa Valenzuela, médico cirujano, exdecana de la Facultad de Ciencias para el Cuidado de la Salud USS
Sabemos hace tiempo que el cambio demográfico, con una población envejecida, está siendo más rápido e intenso que el proyectado hace pocos años. Ahora, con el Censo, la Casen y el informe del INE sobre desempleo, se produce el efecto "el rey está desnudo".
La población en Chile sería de 20.151.000 personas a junio de 2026, alcanzando un máximo de 20.643.000 a igual mes de 2035. Sin crecimiento.
Sin embargo, a partir del año 2036, solo en 10 años más, la población iniciaría una reducción gradual hasta llegar a alrededor de 17 millones de habitantes hacia mediados de 2070. En ello incidirían la continua caída de la fecundidad y el aumento de la esperanza de vida. Y se proyecta que, a partir de 2028, las defunciones superarían a los nacimientos; luego, el crecimiento estaría dado por la longevidad y la inmigración.
Es muy difícil que la tasa de natalidad suba cuando ha caído, como se muestra en la experiencia internacional. Países como España, Italia y Japón han tenido o tienen programas muy caros sin efectos al alza. Quizás logran que no continúe bajando. Posiblemente, nos ha sobrado analizar la problemática y ha faltado plantear la "solucionática" en los gobiernos, analistas y centros de estudios.
Políticas con gradualidad e incentivos al trabajo de adultos mayores y que bajen la informalidad (que es alta en servicios personales y microempresas) facilitarían elevar la edad de jubilación, lo que es indispensable para no tener antes de lo pensado una crisis en pensiones y en el gasto público.