La paradoja de la autoridad sanitaria

Sorprende conocer el juicio evaluativo que hace la comunidad de la gestión de quien ha personificado a la autoridad sanitaria durante la pandemia. Daza está en la "pole position". El ministro Paris tampoco está mal, aunque ha disminuido su popularidad en las últimas semanas, soportando el peso de la segunda ola y de las críticas derivadas. Pero sigue con mayoría.

Estos resultados son paradojales si por otra parte escuchamos la andanada de opiniones de especialistas que encuentran malo o insuficiente todo lo que la autoridad sanitaria realiza para enfrentar el flagelo.

Es que otra cosa es con guitarra. No es difícil decir que tal cosa que se hizo no debió hacerse o que no se ha hecho alguna otra cosa que sí ameritaría realizarse, porque tales apreciaciones se realizan en la frialdad de los que no enfrentan los dilemas propios de la toma de decisiones, que sí es el caso de quienes ejercen la función pública y despliegan sus competencias y atribuciones y las ponen al servicio de la búsqueda del mayor bienestar colectivo, como sí hace Daza desde el primer día en su cargo.

El caso típico que Chile enfrentó, al igual que los países europeos, fue el dilema de las vacaciones, donde en un lado de la balanza frente a la cuestión estrictamente sanitaria medida en contagios existían también las necesidades de salud mental de la población recluida, fatigada luego de meses viviendo la anormalidad cotidiana de la pandemia -necesidades que siguen vigentes, en particular en los niños- y también la necesidad de buscar sustento cotidiano, más allá de las transferencias que el Estado podría realizar y hacer llegar oportunamente, que como hemos visto no es tan fácil.

Chile, como se sabe y sin sacar globos y serpentinas, está vacunando a su población a un ritmo interesante para el contexto mundial y lo hace con una vacuna que ha probado efectividad. Hay un leve retraso con respecto a lo programado, pero también hay conciencia del mismo y se busca apurar el tranco. Por otra parte, Chile se ubica en el lugar número 26 de mortalidad por habitante, después de 25 países cuyo desarrollo en la mayoría de los casos es mucho mayor que el nuestro, medido en ingreso per cápita. Los fondos que el país ha destinado a transferencias para contrarrestar los efectos económicos de la pandemia se asemejan a los que ha destinado Alemania al mismo propósito, expresado como porcentaje del producto y organismos multilaterales especializados han destacado los esfuerzos efectuados.

A diferencia de otros países, en particular de varios de la región, el exceso de mortalidad atribuible a Covid-19 coincide razonablemente bien con las cifras que se reportan en las estadísticas de uso recomendado por OMS, es decir, se cuenta con buena información, no se miente. La respuesta asistencial sigue siendo suficiente, si bien se reportan situaciones problema de las cuales será siempre imposible sustraerse, porque ocurren en el sistema y no solo en pandemia, pero en términos generales la respuesta público/privada ha permitido evitar muertes gracias a los cuidados oportunos que se han podido brindar en la gran mayoría de los casos. Todo lo anterior en un contexto mundial donde todavía no hemos realizado el aprendizaje que finalmente habremos de realizar, para saber qué estuvo bien y qué estuvo mal de lo obrado por los países y si acaso lo obrado en Chile habrá sido mejor o peor que aquello.

Y ahí está Daza, como un roble, firme y resiliente y el pueblo chileno reconoce el esfuerzo que ha venido realizando y lo apunta así cuando es consultado. La autoridad sanitaria marca mejor que cualquier otra autoridad pública en las encuestas, por encima del 60%, a pesar de los que hacen sistemáticamente cuestión de lo obrado, amplificados por los medios de comunicación social que han hecho de la pandemia su nueva "crónica roja". Muchas gracias, Paula.

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