Un torpedo para el saliente Ampuero

Sr. Ministro saliente de Cultura don Roberto Ampuero.Ud. ha anunciado recién, desde su sitial de ministro saliente, la pronta publicación de su nuevo libro político, ahora será sobre la fenecida Alemania Oriental, en la que Ud. se asiló en 1974 y a la que Ud. volvió desde Cuba en 1980.

Le envío hoy “une aide mémoire”, lo que llamábamos en el colegio y la universidad “un torpedo”, para su mejor enfrentamiento con la anunciada novela.

Le aportaré algunos datos, para beneficio de sus posibles lectores. Siempre habrá quienes se regocijen con las puñaladas de los camaleónicos. Aunque esas puñaladas se retuerzan y debiliten con el paso del tiempo entre “los hechos” y la narración de esos “hechos”, que llama, en su caso, la atención.

El libro “Nuestros años verde olivo”, en el que Ud. denuncia sus “padecimientos” en la Cuba de los años 70, Ud. lo publicó en 1999. Ahora, su libro sobre la RDA del inicio de los 80, Ud. lo publicará, si se apura, 35 años después.

Bueno, pero estamos, ahora, hablando de fines de los 70 y principios de los 80, del tiempo del exilio chileno que coincidió con el apogeo del llamado “Sistema socialista mundial”, el comunismo real.

En esos años, y en los inmediatamente posteriores, Ud., ministro saliente, no tuvo una palabra de crítica a la RDA, como no la tuvo con Cuba en los largos y calientes años en que estuvo allí, ni en los inmediatamente siguientes.

Muy por el contrario.

Como lo recordará, Ud. militó, desde mayo de 1979, en el partido que yo encabezaba en Cuba y allí solicitó volver a la RDA, donde había pedido protección en 1974.

Ubiquémonos brevemente en el contexto político de esos años.

En 1980 Ud., señor ministro, tenía 27 años pero no era un niño de pecho.Había vivido en tres países; había escrito y concursado en Casa de las Américas; había tenido más de una esposa y más de un hijo, y estaba militando en un segundo partido de la izquierda chilena. Hubo compañeros suyos que, con esa edad o menos, murieron combatiendo en Nicaragua y El Salvador.

Cuando Ud. se asiló en Berlín Oriental en 1974, allí estaba ya Gladys Marín, su Secretaria General; se escribía en las veredas “Libertad para Luis Corvalán”; se cantaba y escuchaba un himno a favor de Corvalán con letra de Heinz Kahlam y música de Ernst Busch. Cantaban allí Dean Reed y el Quilapayún.

En 1980, unos 2 mil millones de personas vivían en regímenes comunistas. Una gran parte de la humanidad.

La URSS era la segunda potencia mundial y equilibraba su poderío militar con el de los EEUU.Gobernaba allí Leonid Brezhnev, para muchos un comunista conservador. En 1980, el año del que escribirá Ud., la URSS organizó unos hermosos Juegos Olímpicos e invadió Afganistán para apoyar allí a un gobierno adicto.

En Cuba gobernaba un Fidel en plena actividad, era un dirigente de 53 años, una década menos de los que Ud. tiene. La Revolución Cubana cumplía 20 años fortalecida, y Cuba vivía sus mejores años.

Silvio Rodríguez componía y cantaba “Por quien merece amor” que, como Ud. sabe, es la canción de la solidaridad militante.

En la RDA era Honecker la cabeza política y Margot Honecker nada menos que la ministra de Educación.

La izquierda chilena, con dirigentes en el exilio, sufría del destierro pero gozaba de una potente solidaridad alemana, y en Berlín estaban asilados o lo habían estado hasta hacía muy poco personalidades como Gladys Marín, Luis Corvalán, Clodomiro Almeyda, Carlos Altamirano, Enrique Correa y jóvenes como Michelle Bachelet y Camilo Escalona.

Si alguien nos lo pregunta diremos que, sí, también en ese tiempo operaba allí la Stasi, al parecer con mucho éxito.Nadie sospechaba que, en diez años, se hundiría la URSS y caería el Muro de Berlín.Ud., menos que nadie.

En Nicaragua estaba triunfando el Frente Sandinista y en el Salvador avanzaba a zancadas el Farabundo Martí.

En Chile, a raíz de la lucha contra el plebiscito de 1980 y la Constitución fascista, se había producido una unidad mayor de la oposición y la DC se pasaba con camas y petacas a ella.

En ese cuadro de “comunismo exitoso” Ud. quiso salir de Cuba e irse a vivir a otro país comunista; no pidió ser trasladado – los militantes de ese entonces nos “trasladábamos”- a Madrid, a París, a Londres, o a Ciudad de México, ciudades donde el exilio chileno tenía además organización, sino al exitoso Berlín de Honecker, buen amigo de Leonid Brezhnev.

Ud., ministro saliente, se sentía, con razón, muy cerca de la RDA.

Se había asilado allí inmediatamente después del golpe de Estado en Chile. Había sido Ud. militante de las JJCC por muchos años, en Chile y fuera de Chile, y ahora era militante del Mapu OC., que tenía una estrecha relación con el gobierno de Honecker y una presencia activa en el CHAF (“Chile Antifascista”) entidad apoyada por el gobierno de la RDA, que atendía al exilio chileno allí.

Nosotros, ministro, el Mapu OC, no tuvimos ninguna participación en su primer exilio en la RDA y en el posterior viaje suyo a Cuba.

Ud. viajó a La Habana, esa vez, conectado con la familia de Fernando Flores, un destacado dirigente cubano que había sido Fiscal de la Revolución y al que los adversarios de Fidel Castro llamaban “Charco de sangre”. Y entró poco después a ser parte de la familia del nominado “Charco”.

Pero sí cumplimos, ministro, un rol muy activo (y esencial, diría) en su viaje desde Cuba a la RDA, en el vértice de 1980. Viajó solo. En Cuba, y a cargo de la protección del Estado cubano, como todos, quedó un par de ex esposas suyas y al menos un pequeño hijo que conocí de pasada en Alamar en 1984, en casa de H.R.

No recuerdo con estricta exactitud la fecha de su viaje desde La Habana a Berlín, como sí recuerdo que el 19 de mayo de 1979 Ud. entró en el Mapu OC después de renunciar al Partido Comunista de Chile. El 19 de mayo de 1979 fue el décimo aniversario del Mapu OC.

Ud., cuando solicitó su viaje desde La Habana a Berlín al partido chileno en que militaba, el Mapu OC., expuso como razón principal que viajaría a estudiar literatura en la comunista RDA, en la perspectiva de volver a Chile.

Analizamos el caso en la dirección, con Ricardo Barros y Bernardo Salas, quienes integraban nuestro secretariado. Bernardo murió hace poco en Santiago. Ud., al parecer, no se enteró

Como funcionábamos con buena leche, y creíamos en el fortalecimiento de los cuadros, aprobamos su cambio de Cuba a la RDA e informamos de su llegada a Berlín a Enrique Correa, nuestro encargado en la RDA, y a Juan Carlos Concha, ex ministro de Salud de Allende, que era nuestro compañero en el CHAF.

A favor de su viaje estuvieron también militantes amigos suyos como el doctor A.B. en La Habana y los compañers G. (que había estudiado en Chile con Ud.) y O.K., que estaban en Alemania.

Solicitamos al Departamento de América del Partido Comunista de Cuba, como era habitual dada la solidaridad cubana con los militantes chilenos, su pasaje de La Habana a Berlín.

El Departamento de América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba estaba presidido por Manuel Piñeiro, el apodado “Barba Roja” por los anticastristas.

Todo resultó a la perfección para Ud. y espero que lo agradezca en el libro.

En Berlín lo recibieron el CHAF (Oficina de Chile Antifascista), y el compañero Correa.Allí estudió Ud., como lo había querido y solicitado, literatura y, por cierto, comunismo científico y materialismo histórico. Bajo la dirección política de Enrique Correa Ríos, que era en esos años representante del Mapu OC en la RDA, y la firme supervisión educativa de la Ministra Margot, la esposa de Honecker.

Después de algunos años Ud. saltó de la RDA a la RFA, muy normalmente, conectado con otros militantes nuestros que trabajaban, en Berlín Occidental, para la agencia de noticias IPS.

Inter Press Service era dirigida desde Roma por Roberto Savio, destacadísimo intelectual y periodista ítalo-argentino muy cercano al exilio chileno en Europa.Savio fue, entre otras cosas, secretario de prensa del asesinado Aldo Moro, Primer Ministro de Italia.

Hay muchos a quien agradecer.

Espero que este torpedo recordatorio le sirva a Ud., señor ministro saliente y ex embajador de derecha, para su libro sobre el inicio de su paso, voluntario y no tan efímero, por la RDA de los 80.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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