¿Dónde estamos?

He permanecido en silencio durante este tiempo de la crisis, esperando con prudencia como se van desencadenando los hechos de esta “Crónica de un desastre anunciado”.

Aunque la crisis es del sistema, no se produce de igual forma y manera en todos los ámbitos y agrupaciones humanas sobre la superficie del planeta.

Las variantes se corresponden con el caleidoscopio de variabilidad de los ecosistemas donde se anida la vida y donde la raza humana dotada de un cerebro organiza y dirige sus movimientos.

Va acomodando en su seno cada una de estas dinámicas dando como resultado experiencias vitales a nivel individual y colectivo.

No es fácil escribir sobre esta materia sobre todo los que nos dedicamos a crear conocimiento porque carecemos del asiento experimental imperativo de nuestro oficio.

Y esto de alguna manera limita nuestras posibilidades de sacar conclusiones válidas que orienten y guíen a las sociedades y que a la vez permitan corregir errores. Como nuestras parcelas en que laboramos son relativamente discretas nos complica el emitir opiniones que van más allá del manejo de datos concretos.

Pero aun siendo así, me atreveré a poner sobre el papel estas primeras reflexiones en la pretensión de ser una suerte de cronista de este tiempo de vida que se nos ha regalado.

Desde hace muchos años cuando tenía unos catorce, me preocupaban dos temas que he pensado son fundamentales para el desarrollo del bienestar de esta raza sobre la superficie del planeta Tierra.

Uno es la educación y lo otro es crear conocimiento que es la ciencia. Las dos están íntimamente ligadas desde que el Homo sapiens fue alejándose de la caverna, solo tomo esta palabra como símbolo del concepto de lugar donde habita una persona o más.

El concepto de educación más primario ya lo encontramos en varias especies animales desde la aparición de los peces a medida que la evolución fue permitiendo la conquista de nuevos nichos y la repartición del espacio vital de las diferentes especies.

La generación anterior representada por los padres era la encargada de instruir a los hijos sobre prácticas de búsqueda de alimentos e ingesta, reproducción y defensa. Y algunos atisbos de salud muy primaria, como por ejemplo algunas especies carnívoras comen hierbas para provocar el vómito y rebajar el nivel de la congestión intestinal.

Todos estos son estados graduales de mejoramiento y muchas veces con tremenda elaboración dependiendo de la especie y su función en el ecosistema. El cerebro de los mamíferos fue dando tremendos saltos en muy poco tiempo hasta culminar con la raza humana.

Admitiendo que hay animales que tienen desarrolladas de mejor manera y más perfecta algunas capacidades de los sentidos. Todo esto sigue un lento y organizado desarrollo donde van persistiendo en el planeta las especies mejor adaptadas a los cambios que impone el ambiente.

En este sentido el pensamiento de Darwin y otros investigadores que contribuyeron a que se enunciara la Teoría de la Evolución echa luces sobre los mecanismos que hacen posible que la vida tal como la conocemos de pasos correctos cada vez que es sometida a cambios que ocurren por presión de la vida o por presión de los fenómenos geológicos en respuesta a la interacción con la vida.

Es así, como hace unos dos millones de años sobre un total de 14 mil millones de años que tiene el sistema en los mamíferos superiores comienza un proceso acelerado de instalación de varias especies de antropoides con características similares. Donde el desarrollo del cerebro era la condición más significativa de cierto re-ordenamiento del sistema.

Estas especies inician un acelerado protagonismo en su evolución condicionado de alguna manera por la potencialidad de su cerebro para cambiar el ecosistema más próximo con herramientas elaboradas por su capacidad de creación.

En todos los ámbitos de la vida comunitaria, la vivienda, la caza y la recolección, la reproducción, el combate a las enfermedades utilizando las propiedades del agua, las plantas, microorganismos y algunos animales.

Esto facilita la gran explosión demográfica que les permite conquistar casi todos los ambientes terrestres y en algunos casos el agua. La fragilidad de estas organizaciones sociales está dada por limitaciones de conocimiento.

Rápidamente la especie mejor adaptada a los cambios y a los nuevos desafíos de organización se hizo con el planeta y resulto lo que se ha venido a reconocer como el Homo sapiens sapiens. Porque desde la piedra para moler se llegó rápidamente a grandes ingenios para extraer los metales de la roca.

Y las ciencias humanas y/o de la vida, permitieron cambiar los hábitos alimenticios alcanzando altas cuotas de reproducción. A cada una de estas revoluciones tecnológicas sobrevino una expansión de población y un mejor modo de vida.

Las revoluciones tecnológicas son el resultado de dos pasos previos: uno es la educación y otro la creación de conocimiento, que es la ciencia.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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