Septiembre es el mes en que los chilenos nos conectamos con nuestra identidad nacional. La última Encuesta Bicentenario UC (2025) muestra varias tendencias interesantes en torno a cómo percibimos esta identidad. Según la Bicentenario, el 70% de los encuestados cree que Chile es un país muy diferente de los demás de América Latina. Es una percepción que ha ido en aumento (en 2022 era de 56%). Al preguntar por la cultura, la respuesta más frecuente (42%) es que Chile es único y no se asemeja a nadie. Otro dato que llama la atención dice relación con aquello que nos hace sentir orgulloso.
En particular, el orgullo por la historia de Chile y por el modo de ser de los chilenos ha subido de manera significativa respecto de 2021, pasando de 47% a 54% y de 29% a 38%, respectivamente. Para entender este aumento habría que recordar el contexto del 2021. Tras el estallido social y la pandemia, y en medio de un proceso constituyente de espíritu refundacional con el que se pretendía dejar atrás un pasado aparentemente vergonzoso, la valoración social de nociones como patria o chilenidad pareció tambalearse.
Chantal Delsol, cuyo libro "El odio del mundo" ha sido recientemente publicado en Chile por el IES, ha dedicado buena parte de su obra a defender la legitimidad de, digamos así, "lo heredado". Su diagnóstico, simplificadamente, es que la posmodernidad trata todo lo recibido -la tierra, la lengua, la historia, las costumbres- como un obstáculo para la libertad individual: lo que no fue elegido resulta sospechoso. A partir de allí de configura un odio del mundo. Contra eso, reivindica la disposición a recibir el mundo, cuidarlo y continuarlo sin idealizaciones. Amar el lugar donde uno nació forma parte de esa disposición, sin que ello equivalga a una validación irrestricta de cualquier herencia recibida, por cierto.
Delsol señala que quienes ven en cualquier orgullo patrio una forma de nacionalismo se equivocan. El nacionalista está atado a una versión utópica de su historia y su cultura, mientras que el orgullo patrio supone mirar la patria real, con sus luces y sobras. "Son los ideólogos quienes pretenden amar únicamente la perfección", dice Delsol. Y agrega "querer restaurar un orden perdido es tan irreal como querer instaurar una utopía".
Establecer y profundizar estas distinciones es importante hoy, en circunstancias en que la misma encuesta Bicentenario ya citada, también nos muestra preocupaciones en torno a la identidad, que deben ser atendidas. Por ejemplo, el 57% declaró en la última medición que cree que, con la llegada de inmigrantes, el país está perdiendo su identidad; y el 77% percibe un gran conflicto entre chilenos e inmigrantes, el doble que en 2017. Un amor sano por la identidad nacional supone una mirada realista de su devenir, especialmente de sus desafíos. De ahí que un verdadero espíritu patrio nos exhorta a preguntarnos, en el nivel de la política, cómo encauzar democráticamente estas verdaderas y legítimas preocupaciones; y en el nivel personal, nos exhorta a ser conscientes de que la calidad de nuestro trato hacia quienes consideramos diferente es la máxima vara de medida contra la cual se juzga nuestra propia cultura e identidad.
Finalmente, parece necesario insistir en que se puede sentir orgullo por la historia de Chile, sabiendo que esa historia incluye de dulce y de agraz y que el presente es valioso porque en él se nos encomienda un futuro que no está escrito. Y sin un grado basal de gratitud por lo recibido -reconociendo que no hay herencia perfecta porque la historia humana es también la historia de su imperfección- ninguna identidad podría conformarse, ningún pueblo ni cultura habría existido.
Regresando al contexto de septiembre, por eso hace tanto sentido que uno de los ritos centrales del 18 de septiembre sea, desde 1811, un Te Deum: un acto de acción de gracias. Se agradece lo recibido, lo que nos constituye, el trayecto histórico real de la nación que nos ha traído a un presente imperfecto (o perfectible), pero nuestro. Me parece que esa clase de orgullo, el que nace de la gratitud, es el que merece celebrarse este mes.