Lenin, San Francisco y Yuraidini

El Estado de Chile demolido por el Gobierno Militar no tuvo reparación con la Concertación y menos con la Alianza.

Al contrario ambos gobiernos pseudo-democráticos se esfuerzan por terminar de liquidar lo poco que queda de él.

Los neoliberales gritan ¡Muera el Estado de Chile como organización del Bien Común de los chilenos! ¡Viva el Estado dador de limosnas para tapar la explotación y pobreza de los trabajadores! y privatizan todo (explícita, implícita e hipócritamente) para optimizar sus ganancias monetarias sin importar la destrucción de cualquier civilización humana alternativa.

El enemigo del Estado de Chile no es sólo la oligarquía insaciable de poder y de dinero, sino que una parte importante de quienes trabajan en el.

Personas involucradas en una de las constructoras de la Facultad de Medicina me informaron que los tejados de cobre fueron robados dos veces antes de instalar los definitivos.

En Putaendo, cuando el sanatorio de tuberculosos estaba cambiando a hospital psiquiátrico hubo un robo de toneladas de sábanas, descubierto al volcarse el camión por una mala maniobra, y desparramarse las sábanas.

Cuando instalábamos Internet en el Hospital Clínico de la U. de Chile nos robaron 75 metros de cable. En el mismo hospital las ampolletas duraban mucho menos de lo normal porque eran cambiadas por las quemadas en las casas.

La sacada de vuelta en Chile, la comodidad, la flojera, la tergiversación de los horarios trabajados, los cobros por actividades que nunca se realizaron, la inauguración de fachadas de hospitales, etc. han minado el Estado de Chile desde su constitución.

No hay en Chile una mística de trabajo desinteresado por el bien de todos. Cuando aparece un Padre Hurtado hasta lo canonizan.

A Lenin le echaron en cara que la revolución bolchevique había tenido logros para el pueblo pero a costa de muchos muertos. ¿Cómo una revolución que buscaba el desarrollo pacífico del pueblo resultaba en tanta muerte? Lenin respondió: pudo haber sido pacífica pero para eso habríamos necesitado unos diez Francisco de Asís.

Con mística en el proyecto que se quiere cualquier régimen social es posible en paz. Si en las personas no hay una intención trascendente para ponerse al servicio de los demás y renunciar al narcisismo del autoservicio (del poder, dinero sexo u otro apetito), cualquier régimen será fascista y carcelario (Egipto, Libia, Siria).

Yuraidini, el Hombre de la Trompeta trabajaba en una empresa como cuidador nocturno. Unos ladrones trataron de ingresar. Aunque tenía un revólver cargado a su disposición y un tiro habría bastado para espantar a los asaltantes, decidió, como tenía un gran vozarrón, ladrar como un enorme perro. Los ladrones cuchichearon que había un gran perro y que volverían al día siguiente con un trozo de carne; Yuraidini gritó desde dentro: ¡que sea filete! Los ladrones se retiraron muertos de risa.

Yuraidini animaba la barra chilena en eventos internacionales, hacía gritar a todo el estadio.

En 1958 para el mundial de básquetbol, vinieron muchos equipos entre ellos los de USA y los de la URSS. Como siempre Yuraidini hacía gritar a todo el Estadio (medio Nacional).

Los soviéticos estaban asombrados y maravillados, lo seguían aunque no jugaran, iban a ver a Yuraidini.

Le hicieron una encerrona con un intérprete y le preguntaron: ¿cuánto le paga el Gobierno? Yuraidini no entendía, toda su vida había animado a la barra chilena sin recibir un peso; era su amor a Chile (aunque él era libanés), la pregunta le parecía impertinente.

Insistieron y le explicaron que su función era estratégica para un país y por eso el Gobierno debía pagarle y muy bien. Entonces Yuraidini les contestó que el Gobierno no le pagaba nada y que hacía eso por amor al pueblo chileno.

Entonces los que no podían entender o creer fueron los soviéticos, pero el intérprete y otros bilingües chilenos les explicaron que eso era así. Cambiaron de parecer y se lo querían llevar como animador político a la URSS, a cualquier precio.

En mi pos doctorado en Francia (1977-8) trabajé en un laboratorio cuyo jefe tenía un hijo haciendo el servicio militar en la URSS. Me dijo, la URSS se derrumba, mi hijo me ha contado que si bien no hay cesantes muy pocos realizan un trabajo productivo y no hay mística social. Mi amigo, Francisco Reyes (Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa) me dijo, por esos años, lo mismo: Carlos la URSS se derrumba, no hay mística comunista, nuestras iglesias están atestadas de gente.

Sin mística y ética por el servicio a un pueblo, aunque sea a la parte oligárquica (y me duele mucho reconocerlo) de ese pueblo, no hay régimen, ni capitalista, ni neoliberal, ni socialista, ni comunista que pueda instalarse con poco o nada de dolor y durar por algunas generaciones.

La mística por el dinero es poderosa e inhumana.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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