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"Militares a la calle"

"Mataría, ametrallaría, sacaría a los militares a las calles para que lincharan a los violentistas y agresores". Muchos son los que se expresan de esa manera y de muy distintos sectores culturales, sociales y económicos. Vemos asesinatos a manos de comunidades que se tomaron la justicia y decidieron la suerte de victimarios. ¿Qué nos pasa?

Se percibe una profunda sensación que el Estado de Derecho no funciona. Las policias se muestran ineficientes, corruptas y argumentan públicamente estar sobrepasadas. El aparato judicial, anclado en siglos pasados, demorando lo que se le da la gana para resolver y sentenciar o sancionando -burlonamente- con clases de ética a delincuentes de grandes conglomerados económicos; ha perdido todo el respeto. Estas y otras características han hecho posible un peligroso malestar y sentimiento de vulneración ciudadana.

Al encontrarse y sentirse desprotegidos en sus derechos, privados y públicos, algunos reaccionan y actúan de modo violento, irracional, sin control ni frenos. Hay un cansancio de la gente honesta, del que trabaja sin tregua, del que respeta las normas, del que paga sus impuestos, educa a los suyos, hace las cosas bien...

Hace falta la organización comunitaria en la que -como piedra de granito- se defiendan sus intereses ante intrusos que pretendan despojarlos, apropiarse y/o destruir sus bienes que tanto esfuerzo les cuesta.

Así, se canalizan las penas, las energías casi al estallar, las esperanzas que nadie atiende y sus despojos que claman al cielo. La justicia Aimara y algunas comunidades africanas e incluso del interior del Perú podrían darnos una gran enseñanza para ello. Lo que solemos despreciar como cultura del pasado y obsoleta, resulta ser más eficiente y responde, plenamente, a las necesidades de la gente.

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