Ya se sabe

La intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro despejaron en pocas horas la conducta que en nuestro país habrá frente a la ofensiva norteamericana de controlar a América Latina. Por una parte, la preocupación y condena del Presidente Boric por ese brutal atropello al derecho internacional y, por otra, el aplauso obsecuente del Presidente electo, J.A. Kast. Los matices pueden ser muchos, pero esas son las dos líneas principales.

La explícita voluntad dicha por Donald Trump que su plan es "gobernar Venezuela", apropiándose de la soberanía nacional del país enfrió muchas de las manifestaciones de euforia de élites locales y dibuja para América Latina un panorama desfavorable.

La causa es evidente, la frase es directa, cuando pueda usar la fuerza los Estados Unidos pretenden proceder a tomar el control de naciones que lograron durante más de dos siglos la edificación, con sus defectos, de Estados nacionales que los representaran a ellos y sus comunidades y que, ahora, quedan en entredicho.

De modo que se inició un camino difícil de transitar, enteramente inaceptable. Sin Estados nacionales sólidos, capaces de avanzar en seguridad, crecimiento y sustentabilidad las perspectivas no podrán mejorar en América Latina. Sin una eficiente protección de la ciudadanía ante el fortalecimiento del crimen organizado aumentarán las dificultades de la población y se debilitará la gobernabilidad democrática, herramienta esencial del avance social y la prosperidad de la sociedad más débil.

Por eso, repito, la vía se ve difícil, los flujos de capital hacia la extracción de riquezas básicas y su traslado hacia los Estados Unidos podrán entusiasmar a un buen sector, pero, se acrecentarán las desigualdades y las tensiones sociales. Los requerimientos de amplios sectores de la población se incrementarán. Y crecerá el descrédito de la política.

La propuesta de izquierda y centroizquierda debe asumir el nuevo escenario y actuar con la lucidez necesaria y también con la firmeza requerida para que nuestras naciones no se vean envueltas en un saqueo espantoso del patrimonio de cada una de ellas.

No se debe olvidar ni por un segundo como la corrupción ha facilitado la intromisión y el cuestionamiento de la gobernabilidad democrática. Ese es un factor, profundamente negativo, que debe ser abordado y resuelto a la brevedad por la institucionalidad democrática de nuestros países.

Países sobre mercantilizados aparecen como la solución para Norteamérica y envía sus "operadores" a patrocinar esa ruta. Parece que el Presidente electo quiere traer a ciertos renombrados de ellos para que tomen las decisiones principales en su gobierno, en especial, en la economía. Sería fatal. Hay que estar atentos. En la protección social de la ciudadanía, la soberanía nacional y el Estado democrático son irremplazables.

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