En el Día Internacional de la Mujer, fecha de debate público y compromisos de avance, nos parece importante abordar la representación de la mujer en la publicidad, pero con un foco no tan revisado: los estereotipos y su impacto en niñas, niños y adolescentes.
Recientemente un artículo de The Wall Street Journal dio cuenta del despegue de la industria del maquillaje para niñas. Y qué duda cabe, en un entorno saturado por los contenidos de las redes sociales, la publicidad puede sumar presión y expectativas irreales, o, por el contrario, aportar a que los niños de hoy crezcan con modelos más amplios de autoestima, identidad y proyecto de vida. No se trata de evitar temas, sino de representarlos con responsabilidad: referentes positivos, diversidad real, capacidades, autonomía y dignidad, sin reducir el valor personal a la apariencia o a la aprobación externa.
El Código Chileno de Ética Publicitaria entrega criterios claros. El Artículo 2 llama a evitar representaciones que denigren, cosifiquen o reduzcan a las personas a su sexualidad, y a no recurrir a estereotipos que generan menosprecio u hostilidad. Asimismo, cuando la comunicación se dirige a menores, debe extremar cuidados para no explotar su credulidad e inexperiencia ni provocar sentimientos de inferioridad por no poseer un producto o tener determinada apariencia física.
Este 8M, la industria publicitaria tiene la oportunidad de apoyar a la mujer de mañana a través de mensajes de infancia con referentes positivos, reales, respetuosos y por sobre todos inspiradores de la mejor versión que cada persona puede llegar a ser.
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