De homos, simios, amigos, enemigos imaginarios y el culto a la guerra

En la última década, una serie de descubrimientos ha permitido desmontar uno de los relatos más persistentes sobre el proceso evolutivo de los Homo: el supuesto exterminio de los neandertales por mejores capacidades de adaptación de los sapiens(1). Hoy sabemos que múltiples especies humanas coexistieron durante miles de años, y no solo los sapiens con los neandertales, sino también especies más arcaicas como Homo erectus y Paranthropus boisei(2). Incluso ocurrió integración o asimilación entre especies compatibles, siendo el cráneo de una niña híbrida sapiens-neandertal una de las pruebas visibles de cómo se complejizó el proceso evolutivo humano(3).

A través de herramientas moleculares se ha logrado determinar que, más que desaparecer, los neandertales fueron parcialmente asimilados por los sapiens. La presencia en el genoma humano actual de fragmentos significativos de ADN neandertal y de su rama relacionada, los denisovanos, constituye evidencia inequívoca de contacto, reproducción y mezcla poblacional(4)(5). En este contexto, estudios recientes sugieren que dichas interacciones no fueron meramente ocasionales, sino que involucraron dinámicas sociales y reproductivas complejas, incluyendo posibles cruces preferenciales entre poblaciones, donde las hembras sapiens habrían contribuido en mayor medida a los procesos de asimilación con machos de otros Homo(6)(7). Independientemente del grado final de certeza de estas hipótesis, el punto central permanece: la evolución humana estuvo marcada más por la interacción que por la separación absoluta.

Esta historia de coexistencia y mezcla, sin embargo, no excluye la violencia. La agresión no constituye una anomalía reciente, sino un rasgo profundamente arraigado en nuestra historia evolutiva, tanto en los Homo como en otros grandes simios. En el caso de los homínidos, existe abundante evidencia de violencia entre grupos y, en más de un caso, de prácticas de canibalismo no esporádicas, como las observadas durante el periodo magdaleniense(8). La comparación con otros primates resulta ilustrativa, determinando que esta característica no está inserta en los genes, ya que, mientras los chimpancés organizan guerras territoriales altamente violentas, los bonobos -un linaje evolutivo cercano- desarrollaron estructuras sociales basadas en la cooperación y la reducción del conflicto(9)(10).

Si la violencia forma parte de nuestra historia evolutiva, entonces el problema no es su origen, sino su persistencia en sociedades que se consideran civilizadas. Inicialmente, es posible entender que, bajo procesos de presión evolutiva, algunas poblaciones de simios u homínidos desarrollaron violencias tribales y se privilegiaron individuos agresivos, pero, entendida esta problemática, cabe preguntarse por qué aún mantenemos este culto actual a la violencia. Hemos romantizado e incluso humanizado la idea de que otras especies eviten este comportamiento violento, incluso en filmes como "El planeta de los simios", donde el personaje César, al adquirir conciencia, reafirma el principio de que "simio no mata simio".

¿Por qué entonces hoy el sapiens sigue matando sapiens o imponiendo sus criterios por la fuerza? ¿Cómo se explican el genocidio en Gaza o los ataques en Irán? ¿Puede alguna nación reclamar superioridad moral, como lo hace Israel o USA, cuando todas operan bajo los mismos mecanismos de pertenencia, miedo y exclusión que acompañan a nuestra especie desde sus orígenes? Si muchas de estas sociedades comparten raíces religiosas similares y solo divergen en las figuras proféticas que consideran centrales, resulta paradójico que poblaciones biológicamente indistinguibles se perciban como civilizaciones irreconciliables, defendiendo identidades construidas sobre distintos "amigos imaginarios".

Resulta inquietante observar cómo, incluso en sociedades tecnológicamente avanzadas, emergen liderazgos políticos que reactivan narrativas violentas y supremacistas. Figuras como Benjamin Netanyahu, Donald Trump y algunos "patriotas nacionales" construyen discursos donde la propia comunidad es presentada como moralmente superior y permanentemente amenazada, legitimando así acciones que bajo cualquier consideración humana mínima deben ser consideradas inaceptables. Bajo estas lógicas, la violencia deja de percibirse como fracaso político y pasa a justificarse como necesidad defensiva, incluso cuando sus consecuencias recaen sobre poblaciones civiles, incluyendo niños en Gaza. Lideres religiosos y población civil en Irán. También resulta difícil entender que quienes se definen como patriotas, asistan a besar la mano -que en chileno se diría de otra forma- a Donald Trump, incluso cuando ello implica subordinar decisiones soberanas a liderazgos externos, como el bullado cable a China, que hizo enojar al patrón de fundo.

La ciencia nos recuerda que los Homo nunca fuimos especies separadas ni civilizaciones puras, y que la necesidad de construir identidades cerradas y enemigos absolutos responde a la mantención de hegemonías políticas y culturales. En un planeta donde todos descendemos de poblaciones mezcladas, es necesario reconocernos como iguales, y la definición de "nosotros" y "ellos" no es más que una táctica para sentirse superiores. Así comenzaron el nazismo, los imperios genocidas y, probablemente, así continúan comenzando el día hoy, lo que ayer fue Polonia, hoy podría llamarse por ejemplo Venezuela, porqué no.

(1) El motivo que pudo contribuir a la extinción de los neandertales y a que los Homo sapiens sobrevivieran
(2) Las especies humanas coexistieron hace miles de años, revelan nuevas investigaciones científicas
(3) ¿Un entierro híbrido? Este enigmático cráneo infantil de 140.000 años podría reescribir la historia humana
(4) Cómo el ADN antiguo, desde los neandertales hasta la peste negra, ha transformado la arqueología
(5) Un sorprendente estudio da nuevas pistas sobre la evolución humana: los neandertales no desaparecieron realmente
(6) Interbreeding between Neanderthals and modern humans was strongly sex biased
(7) Hombres neandertales con mujeres sapiens: el ADN sugiere que la mayoría de los cruces siguieron este patrón inesperado
(8) Confirman el consumo de cerebros humanos en restos prehistóricos de hace 18.000 años
(9) Bonobos: los chimpancés pacifistas
(10) Ninguno elegido, ninguno mejor, la extinción lo sabe

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