Tal como le guste

Cuando en los EEUU se intentó prohibir el acceso al alcohol, por consenso general resultó ser un fracaso. Actualmente la sólida percepción es que no se piensa volver a la “Prohibición” de ninguna manera en el corto plazo.

Todavía existen en el mundo leyes que prohíben venderle alcohol a menores (cada país determina la edad) y existen áreas muy limitadas: ¿qué debiéramos hacer si nos enteramos de padres que le dan alcohol a sus hijos menores? En esta situación particular, estos padres podrían enfrentar serios problemas y ¿qué haríamos si lo hacen en la privacidad de sus propios hogares?

Claro que hay una diferencia entre brindar con una copa de champaña en el matrimonio de la hermana mayor y beberse cada tarde seis latas de cerveza mientras trata de hacer sus tareas.

¿Cuándo las autoridades tienen no sólo el derecho sino la obligación de intervenir y prevenir el abuso? Son preguntas muy difíciles porque hasta pueden respondernos ¿y a usted qué le importa lo que pasa en mi casa?

Lo que nos ha gustado –a la mayoría de nosotros– son lo dulce, la cafeína, el alcohol, la música, el sexo, el chocolate y a otros la religión, la marihuana y los cigarrillos.

Dije lo que nos ha gustado porque muchos han dejado de consumir lo de más arriba sea por restricciones, por temores de riesgos muy publicitados, por enfermedad o edad.

Además, con excepción del sexo, la lucrativa industria alimenticia ofrece una variedad de sustitutos que con diversos apellidos de “light”, decafeinados, sin alcohol, sucralosa, o sin calorías nos permitirían el gusto sin riesgo de engordar. Básicamente engañando al propio gusto de gozar con garantías de cero peligro.

Ni hablar de nuestra preferencia ancestral por la comida que denominan chatarra (sinónimo de desecho o basura). Si los McDonalds, KFCs y las pizzerías hubieran comenzado ofreciendo surtidos de brócoli ya habrían quebrado.

Nos comparan nada menos que con el resto del planeta, nos indican cambiar las arraigadas conductas de fumar, beber, comer y ver en pantalla a los que incurren en tales excesos.Es raro que no nos hayan recomendado las películas de Tarzán a quien nunca vi fumar.

Ya un  brillante ex-canciller de Chile se refería a la prepotencia de ministros y políticos a coartar el sano gusto de gozar lo que nos gusta o que nos había gustado. Además con gestos caritativos nos ventilan la amenaza de volvernos adictos si no le hacemos caso a sus restricciones.

Cuando  prohiben  comida chatarra, preámbulo de la obesidad,  debieran incluir los malos ejemplos de las figuras de Botero y coherentes los cuadros de desnudos frontales como los de Gustav Klimt y las esculturas de Nicanor Plaza con estricto punto final al acceso al Museo de Bellas Artes.

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