#TodasSomosMuñecas

En los tiempos de nuestras abuelas las muñecas eran de loza, finas y muy caras, eran de colección, también las había de trapo, sucias y maltratadas, pero muy queridas.

Ser tratadas como muñecas finas de porcelana o de trapo es mucho más común de lo que muchos creen y este tratamiento es de siglos de mal trato y menosprecio hacia la mujer. Está tan arraigado en la cultura machista latinoamericana que ni se discute, se oculta y se es cómplice silente de lo que se ve, pero que es a la vez, más cómodo dejarlo  tal cual.

Ha funcionado así desde las bisabuelas, las abuelas, las hijas y las nietas.

Sin embargo, esto que tiene una raíz antropológica y por ende cultural, engendra tal efecto en las mujeres y en los hombres, que las grietas son irreparables, y lo peor produce imitación, lo que como efecto provoca que generaciones y generaciones actúen sobre la base de la dependencia, subordinación, sometimiento y en muchos casos violencia.Los hombres y las mujeres reproducen  la perpetuación de estas condiciones

En todo código social existe una violencia normativa que consiste en un conjunto de prescripciones y restricciones. Hasta hace poco en el Código Civil se establecía obediencia hacia el marido y consideradas relativamente “incapaces” para tomar decisiones.

La historia oficial ha sido escrita por hombres quien ha asumido la representación universal de la humanidad, (otra muy diferente es la historia que  las propias mujeres podríamos contar). Sin embargo, más allá de ciertas variaciones culturales las sociedades imponen normas, patrones y pautas diferenciales a hombres y a mujeres, que ubican a estas últimas en una condición histórica de desventaja y postración.

A pesar de los cambios tecnológicos, legales y sociales ocurridos en el último siglo, éstas condiciones se mantienen relativamente invariables. La pésima broma de la muñeca de Asexma es una muestra.

El género ha sido históricamente conceptuado sobre la base de parámetros masculinos entregando atributos al ser hombre inexistentes o simplemente sobrevalorados. Lo femenino, es entonces establecido por oposición a lo masculino, es su negativo, el reverso. La feminidad se considera entonces, como un antivalor determinado por la exclusión.

El cuerpo de la mujer es considerado como capital simbólico, en tanto objeto de apropiación y deseo, como cuerpo para el otro. Debido a esto, Asexma elige una muñeca inflable, con la boca parchada, desnuda, esa representación existe en la mente de la mayoría de los hombres, en especial en los de más edad. Por otra parte, tenemos a la mujer/madre -con independencia de si lo es-, siempre al servicio y cuidado de los demás, por ello las dirigentes de base, son mayoritariamente mujeres.

Por lo tanto, el que un grupo de empresarios, ministros y candidatos presidenciales festinen por una muñeca inflable, no es más que el producto de la construcción cultural que la sociedad ha instalado y deberemos probablemente esperar décadas para ver los verdaderos cambios, la esperanza  está en los jóvenes y también en la política y el mundo empresarial.

En los primeros, entendiendo que ambos géneros son iguales y actuando en consecuencia, en los segundos incorporando mujeres en las batallas políticas de envergadura o en puestos de poder y no en aquellos que hasta ahora han sido solo decorativos, apoyándolas y en los grupos económicos, simplemente introduciendo más mujeres en los poderes decisionales, Directorios, Gerencias, etc.

Tenemos mucho por hacer, mucho que aprender y mucho por perdonar.

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