Cuando disminuyen los siniestros viales, pero aumentan las muertes

El Anuario Estadístico de Siniestros de Tránsito 2025 de Carabineros de Chile entrega una señal que merece especial atención: durante el año pasado se registraron menos siniestros viales, pero aumentó la cantidad de personas fallecidas en las vías del país.

En 2025 murieron 1.507 personas, 4,7% más que en 2024. Al mismo tiempo, se registraron 73.081 siniestros de tránsito, 2.572 menos que el año anterior. Es decir, hubo menos siniestros, pero fueron proporcionalmente más letales. Así lo demuestra el índice de severidad, que aumentó de 1,90 a 2,06 fallecidos por cada 100 siniestros.

Una política de seguridad vial no puede considerarse exitosa solo porque disminuye la cantidad de siniestros si, al mismo tiempo, aumenta el número de vidas perdidas. El principal indicador no debe ser cuántos hechos ocurrieron, sino cuántas muertes y lesiones graves lograron prevenirse.

Desde la perspectiva de la salud pública, las muertes en el tránsito no constituyen hechos inevitables. Son el resultado de múltiples factores de riesgo, muchos de ellos normalizados: velocidades inseguras, distracciones al conducir, consumo de alcohol y drogas, infraestructura deficiente, fiscalización insuficiente y decisiones que, en conjunto, incrementan la posibilidad de que un siniestro tenga consecuencias fatales.

El enfoque de Sistema Seguro reconoce que las personas pueden cometer errores y que, por lo tanto, el sistema vial debe estar diseñado para impedir que esos errores terminen en una muerte. Esto exige vías que reduzcan físicamente la velocidad, fiscalización permanente, vehículos más seguros, transporte público de calidad, una respuesta oportuna después de cada siniestro y una institucionalidad con capacidad real para coordinar, intervenir y evaluar resultados.

Cuando los factores de riesgo están identificados y las intervenciones preventivas existen, la persistencia de las muertes deja de ser solo un problema de conducta individual. También se transforma en una responsabilidad institucional y política.

Chile ha demostrado que es posible avanzar en seguridad vial mediante leyes, fiscalización y educación. Sin embargo, el aumento de personas fallecidas durante 2025 demuestra que esos esfuerzos todavía son insuficientes. No basta con reducir la cantidad total de siniestros si aquellos que ocurren tienen consecuencias cada vez más graves.

Mientras el éxito siga midiéndose únicamente por la disminución de los siniestros y no por la preservación de la vida, estaremos observando el problema desde una perspectiva equivocada. Así se normaliza la muerte vial y se instala la idea de que el trauma en el tránsito es un costo inevitable de nuestros desplazamientos.

El anuario deja dos preguntas que no podemos eludir: ¿Por qué seguimos aceptando que más de 1.500 personas mueran cada año en nuestras vías? Y, sobre todo, ¿qué haremos como sociedad para revertirlo?