Cada 20 de octubre, los controladores de tránsito aéreo de todo el mundo conmemoramos nuestro día. Es una fecha que nos invita a reconocer una profesión que pocas veces aparece en las conversaciones sobre aviación, aunque está presente en cada despegue, en cada aterrizaje y en cada vuelo que cruza nuestro espacio aéreo.
Cuando una persona aborda un avión, confía en que llegará a su destino de manera segura. Conoce el trabajo de los pilotos y de las tripulaciones, pero probablemente no imagina la cantidad de decisiones que se toman desde las torres y centros de control para que ese viaje sea posible. Detrás de una frecuencia de radio o de una pantalla hay profesionales que coordinan aeronaves, anticipan conflictos, responden a imprevistos y mantienen la seguridad de operaciones que no se detienen, ni siquiera cuando la mayor parte del país descansa.
Esa responsabilidad es motivo de orgullo. También nos obliga a preguntarnos qué estamos haciendo para que nuestra profesión pueda responder a los desafíos de una aviación que cambia rápidamente.
Hace pocos días, Chile fue anfitrión de la 42ª Reunión Regional de IFATCA Américas, que convocó en Santiago a más de 50 representantes de la región. Para nuestro colegio, fue un desafío importante y una oportunidad de mostrar la preparación, el compromiso y la capacidad organizativa de los controladores chilenos. La positiva evaluación de los participantes y el reconocimiento al trabajo realizado nos dejaron una satisfacción que queremos compartir con todos nuestros colegas y con cada uno de ustedes.
Pero el mayor valor del encuentro estuvo en las conversaciones. Hablamos de seguridad operacional, cultura justa, salud mental, gestión del estrés después de incidentes críticos, envejecimiento de los profesionales, nuevas tecnologías y condiciones de trabajo. Conocimos experiencias de otros países y comprobamos que muchos de los problemas que enfrentamos en Chile forman parte de una preocupación compartida por controladores de toda la región.
La tecnología está transformando nuestra actividad. La automatización, la inteligencia artificial y las nuevas herramientas para gestionar el espacio aéreo ofrecen posibilidades que debemos conocer y aprovechar. Sin embargo, ningún avance puede evaluarse al margen de quienes trabajan diariamente con esos sistemas. La experiencia operacional, la capacidad de anticipación y el criterio profesional siguen siendo esenciales para tomar decisiones seguras.
También constatamos que hablar del futuro del control aéreo exige hablar de las personas. La salud mental, la fatiga y el bienestar de los controladores no son asuntos secundarios. Forman parte de las condiciones que permiten mantener la atención, responder adecuadamente a situaciones complejas y sostener un servicio que funciona las 24 horas del día.
Y aquí es donde la reflexión internacional debe encontrarse con nuestra realidad nacional. Chile cuenta con controladores altamente preparados, pero todavía enfrenta desafíos que requieren respuestas. Necesitamos avanzar en la modernización de la infraestructura tecnológica, contar con información clara sobre los proyectos de inversión comprometidos y asegurar que los sistemas respondan a las exigencias actuales y futuras de la operación aérea.
También debemos seguir trabajando para que la organización de nuestras jornadas y descansos considere las características particulares de una profesión sometida a turnos permanentes y altos niveles de responsabilidad. Hemos planteado la necesidad de revisar el artículo 60 del Código Aeronáutico para incorporar a los controladores en una regulación de tiempos de trabajo y descanso basada en criterios técnicos de seguridad. Es una discusión que merece avanzar mediante el diálogo y con una mirada preventiva.
La dotación de personal, la formación continua y la participación de los controladores en las decisiones que afectan su trabajo son igualmente importantes. No basta con incorporar nuevas tecnologías si no se cuenta con los profesionales necesarios, debidamente preparados y respaldados para utilizarlas.
Estos desafíos no deben entenderse como una contraposición entre las necesidades de los trabajadores y las de la institución. Cuando las condiciones de trabajo mejoran, cuando los sistemas son confiables y cuando existe una cultura que permite aprender de los errores, también se fortalece la seguridad de quienes utilizan el transporte aéreo.
La reunión de IFATCA nos recordó, además, el valor de trabajar unidos. Ninguna asociación puede resolver por sí sola todos los problemas de su profesión, pero el intercambio de experiencias y la cooperación internacional nos permiten conocer mejores prácticas y encontrar caminos que ya han sido explorados en otros países.
Esa misma disposición al diálogo es la que necesitamos fortalecer en Chile, entre los controladores, la autoridad aeronáutica y las instituciones responsables de tomar decisiones sobre el futuro del sistema.
Con motivo de este día internacional, quiero reconocer especialmente a nuestros colegas que trabajan en las distintas unidades del país. A quienes cumplen turnos de madrugada, trabajan durante los fines de semana o enfrentan condiciones operacionales exigentes lejos de los grandes centros urbanos. A quienes forman a nuevas generaciones y a quienes, con años de experiencia, siguen transmitiendo conocimientos que no siempre se encuentran en los manuales.
Nuestra profesión suele ser invisible para los pasajeros. No necesitamos que deje de serlo en cada vuelo, porque cuando todo funciona bien, la seguridad se expresa precisamente en la normalidad de las operaciones. Pero sí necesitamos que su importancia sea comprendida cuando se toman decisiones sobre inversión, dotación, tecnología y condiciones de trabajo.
El 20 de octubre es una oportunidad para celebrar lo que somos y reconocer lo que hemos construido. También para renovar nuestro compromiso con lo que todavía falta. Porque detrás de cada vuelo seguro hay un trabajo que merece ser conocido, valorado y respaldado. Y porque el mejor reconocimiento a los controladores de tránsito aéreo no está solo en las palabras de una conmemoración, sino en las decisiones que permitan seguir haciendo bien nuestro trabajo, hoy y en los años que vienen.