Cuando todavía estábamos sorprendidos por la capacidad de los agentes de IA para automatizar tareas y rutinas, ya aparecen con velocidad los humanoides. Los humanoides de IA son robots con forma y estructura corporal humana que utilizan sistemas de inteligencia artificial para percibir su entorno, tomar decisiones y realizar tareas físicas de manera autónoma.
Dentro de los humanoides existe un amplio catálogo de funciones y capacidades: manipulación de objetos, tareas repetitivas, navegación en terrenos complejos, rescate en emergencias, logística y manufactura, inspección de calidad, transporte de carga, almacenamiento y picking, tareas complejas, investigación, educación, entretención, actividades peligrosas y trabajo colaborativo con humanos.
Y dado el rápido avance, más que nunca debemos dar sentido estratégico a la implementación de la tecnología.
Para evaluar el sentido estratégico de la implementación tecnológica, propongo volver al origen. Las empresas existen para generar valor; desde esa perspectiva, podemos analizar el aporte de valor de las actividades que se realizan en la organización.
Una mirada es analizar las cuatro formas de contribución al valor: crear, capturar, proteger y renovar. Estas permiten clasificar áreas, equipos y cargos según el efecto principal que producen sobre el valor organizacional.
Peter Drucker lo decía muy bien: "No hay nada tan inútil como hacer eficientemente algo que no se debería hacer".
Lo invito a no perder de vista el norte de la organización y a no descuidar el foco en el valor. Es muy posible que dentro de poco veamos organizaciones híbridas, una mezcla de personas, agentes y humanoides.