El pasado 31 de agosto, el Salón de Honor del Congreso Nacional en Valparaíso fue testigo de un hito clave para el voluntariado: más de 300 personas provenientes de organizaciones de la sociedad civil, academia, sector privado, sector público y organismos internacionales se reunieron en la Cumbre del Voluntariado 2026. Un punto de encuentro que nace de un sueño construido por Injuv y la Mesa Nacional de Voluntariado, para posicionar el voluntariado como un aporte concreto en la construcción del Chile que soñamos.
Este 2026 fue declarado por las Naciones Unidas como el Año Internacional del Voluntariado para el Desarrollo Sostenible, reconociendo el rol fundamental que el voluntariado cumple en la construcción de sociedades más equitativas y cohesionadas. La Cumbre del Voluntariado no sólo visibilizó lo que miles de personas voluntarias hacen cada día en silencio, sino que cristalizó ese trabajo en el "Compromiso de Valparaíso por el Voluntariado", un acuerdo que marca el inicio de una ruta hacia políticas públicas que reconozcan el voluntariado como pilar del desarrollo.
Dentro de la Cumbre, el bloque "Voluntariado, Competencias y Empleabilidad" puso a representantes del sector público, la academia, voluntarios del sector privado como Rodrigo López de Principal, y a Fundación Trascender a intercambiar perspectivas sobre el valor del voluntariado como espacio de desarrollo profesional. Porque el voluntariado más allá de ser un acto de generosidad, es una poderosa escuela de competencias transferibles al mundo laboral. Y el llamado es a acreditar formalmente esas competencias.
Un estudio de Deloitte (2013) mostró que el 81% de los directivos contrataría antes a una persona que haya sido voluntaria. Y la investigación de Spera et al. (2013) reveló que jóvenes con experiencia en voluntariado tienen 27% más de probabilidades de encontrar empleo. Sin embargo, en Chile, el 47,2% de quienes no participan en voluntariado señala que no sabe dónde ni cómo hacerlo. La voluntad está, pero falta el puente.
La cumbre nos permitió recoger desde distintas perspectivas como aún nos queda mucho por recorrer para que el voluntariado sea reconocido como un derecho para todos y todas. Durante décadas, lo hemos visto como una actividad complementaria, un "extra" en el currículum. Pero en tiempos turbulentos y cambiantes, donde la incertidumbre es la única certeza, el voluntariado se revela como un laboratorio de competencias esenciales: trabajo en equipo, resolución de conflictos, liderazgo, comunicación y autonomía. Competencias que las empresas hoy buscan desesperadamente, pero que pocas veces se enseñan en las aulas.
Esta mirada requiere un compromiso de las direcciones y gerencias corporativas, junto con una gestión profesionalizada de quienes coordinan programas de voluntariado, porque necesitamos diseñar experiencias que potencien el aprendizaje, que vinculen el voluntariado con el desarrollo de carrera y que, al mismo tiempo, generen valor real para las comunidades.
Por eso, el "Compromiso de Valparaíso" es el inicio de un camino conjunto que nos moviliza a trabajar con más ahínco en una Ley Nacional de Voluntariado, que recoja los derechos y deberes de su libre ejercicio, pero que además valide el desarrollo y certificación de competencias, generando puentes reales entre voluntariado y empleo; y con esto se alinee con una estrategia corporativa sostenible, que impacte y transforme.
La Cumbre del Voluntariado 2026 fue una bandera puesta en la cima, que nos permitió hacerlo visible. Pero el verdadero desafío está en convertir esa visibilidad en políticas concretas, en certificaciones reconocidas, en puentes reales entre el voluntariado y el empleo. Porque cuando el voluntariado se reconoce, se potencia. Y cuando se potencia, transforma.