Las redes sociales, ¿adicción?

Desde su invención, las redes sociales han modificado el mundo; sin duda han marcado un trascendental cambio en la historia de la dinámica comunicacional. Aunque desde el principio ha habido quienes han estado a favor y en contra de ellas, lo que nadie ha podido negar es el hecho de que aportan comunicación inmediata entre la gente.

Gracias a ellas la sociedad ha perdido esa división en clases tan característica suya; ahora nos podemos comunicar con quien queramos: amigos cercanos o lejanos, incluso gente famosa (escritores, presidentes, empresarios, gente a la que admiramos) y tal vez podemos aspirar a recibir su respuesta.

No sólo tenemos acceso directo a sus pensamientos y a su forma de ver la vida, sino que nuestra opinión también puede convertirnos en alguien  influyente; pasamos de ser desconocidos a toda una figura admirada, y todo gracias a nuestras creativas publicaciones, es decir, nos posibilita crear un mundo lleno de conexiones y de relaciones que nos permiten crecer personal, social e intelectualmente.

Por otra parte, los medios sociales  son un gran difusor de la voz de la sociedad. A lo largo de la historia han ayudado a las personas a establecer sus demandas, a cambiar leyes, le faculta a cada ciudadano tener un lugar para ser escuchado; un  lugar donde exista la oportunidad de conseguir apoyo por parte de quienes piensen como él para así luchar por sus derechos. Puede que muchos de nosotros no hayamos realizado ningún cambio crucial en este aspecto, pero eso no significa que la oportunidad de alzar la voz no esté a la vuelta de la esquina.

Los cambios experimentados a partir de esta creación han abarcado todo tipo de planos, y el empresarial no es la excepción. Las empresas se han rehumanizado, permitiéndonos darles identidad propia con la que deseamos involucrarnos y mantener alguna clase de interacción, pues sabemos que tras ese nombre hay un grupo de personas que comprenden nuestras necesidades y harán todo lo posible por satisfacerlas, mejorando sus productos, y, asimismo, le dan más poder al cliente.

En esta nueva era digital, el consumidor es quien dice cómo desea que esté fabricado un producto gracias a la capacidad que le dan las redes sociales de buscar directamente  la marca en ellas y exigir respuestas, y el nivel de satisfacción que obtenga será algo que dará a conocer en sus redes sociales y, de esta forma, influirá a otros compradores. Es interesante, por otro lado,  observar el grado de exposición que tienen estas redes, el mismo que permitirá que cualquier microempresario con recursos insuficientes para publicitarse, se haga conocido en el mundo cibernético.

Es impresionante la capacidad que las redes sociales tienen de enlazar a las personas, independientemente a las distancias que puedan haber de por medio.La gente se reencuentra, dialoga entre sí, comparte sus opiniones de los hechos, y es esto precisamente lo que nos permite ampliar nuestro círculo de amistades al encontrar grupos de personas con gustos e intereses semejantes a los nuestros.

No obstante, no debemos nunca olvidar que un mal uso de ellas puede hacer que nos aislemos del resto del mundo en vez de unirnos ¿no es de lo más desagradable cuando en un grupo de personas reunidas, la mayoría de ellas permanece mirando la hipnótica pantalla de su móvil sin intercambiar palabras con quienes están a su lado?

Los ejemplos son múltiples, en un restaurante ya nadie está sin su celular sobre la mesa, en una consulta médica o dental o salas de espera antes se leía, una revista o diario, hoy ni siquiera se mira quien está alrededor, no hay un cruce de miradas, el teléfono consume. A veces incluso nos comunicamos más a distancia que en vivo y en directo, y es ahí donde surgen los grandes malentendidos por el uso del lenguaje escrito repleto de abreviaturas y simbolismos que no todos son capaces de comprender en su totalidad.

No obstante, y a pesar de todas las ventajas que podamos encontrar sobre medios de comunicación como E-mail, Whats App, Facebook o Twiter, en la realidad cotidiana hallamos situaciones provocadas por ellos, difíciles de pasar por alto.

Un buen ejemplo de esto es la adicción masiva que se está generando entre los jóvenes. La mayoría de ellos pasa más de 4 horas diarias pegadoa la pantalla, ya sea jugando con el teléfono móvil o viendo TV, lo cual no es malo en sí mismo, pero el problema surge cuando el límite entre buen uso, y abuso, es difuso para los padres, lo que se produce principalmente por ignorancia de los síntomas propios de una inminente adicción, entre los que se puede observar la permanencia frente al aparato electrónico por un largo periodo, la conexión a horas no adecuadas, o la poca interacción con los de su entorno.

Estas conductas pueden ocasionar consecuencias psíquicas y físicas a corto y largo plazo, sin mencionar todos los peligros con los que se pueden encontrar: robos, transmisión de videos pornográficos a menores, engaños, falseamientos de identidad, y los frecuentes suicidios de jóvenes indefensos suscitados por haber sido víctimas de insultos por parte de sus semejantes; todos ellos se encuentran a la orden del día. Los expertos afirman que la  conducta de un adolescente en línea las 24 horas del día es algo normal, y ese es precisamente el inconveniente, no debería serlo.

Somos conscientes que la del siglo XXI es una sociedad en constante cambio.Alardeamos de contar con la capacidad de sobrellevar los problemas síquicos, pero no somos capaces, la mayor parte del tiempo, de enfrentar los virtuales con éxito.

Es claro que una medida drástica a tomar al respecto sería prohibir total o parcialmente el uso de esta herramienta, sin embargo todos sabemos que esa no sería la verdadera solución, puesto que la tecnología del mundo es como el tiempo, jamás vuelve atrás, por lo que el uso de ella en nuestros hogares es inevitable.

Por tanto, y de cara al problema,  es que debemos centrarnos en inculcarles a quienes nos rodean, valores como igualdad y respeto a todas las etnias, condiciones y  géneros, la defensa de la tolerancia, la oposición total a la violencia de cualquier tipo, y una mayor convivencia.

En definitiva, debemos recordar siempre que las redes sociales, a pesar de ser uno de los mejores inventos que se han hecho hasta ahora, esconden un lado muy peligroso, ya que  en nuestras manos hay un gran potencial, que puede mejorar o destruir la vida de una persona en cuestión de segundos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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