¿Viva la libertad animal?

Bajo esta consigna un grupo de ¿animalistas? liberaron a los animales de un laboratorio en Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. No es la primera vez de un atentado similar. Hace un tiempo lanzaron bombas incendiarias en la casa del Director del Bioterio y Presidente del Comité de Investigación en Animales de la Facultad de Medicina de esa universidad con el riesgo cierto de muerte de su mujer y de su hija. Hay un procesado.

Han puesto carteles con la foto y leyenda “se busca vivo o muerto” a varios investigadores que trabajan con animales poniendo en riesgo su vida. El país debe meditar más profundamente estos hechos ya que vulneran gravemente la convivencia y la realidad de la democracia y reflejan un compromiso de la conciencia crítica moral nacional de enormes proporciones.

Chile declara que su Estado, y por ende en su convivencia, es laico y plural ¿Es necesario el adjetivo laico? ¿son laicos los animalistas? obviamente no, son militantemente ideológicos y religiosos (de re-ligare, estar ligados a una concepción de mundo por la valoración que a ella le dan).

Pero esto lo podríamos aplicar a todas las ideologías, religiones, partidos políticos y agrupaciones filosóficas y culturales ¿es laico un comunista o materialista dialéctico? No. La misma masonería no es laica, es una agrupación claramente iniciática (lo contrario de laico o profano), gnóstica o agnóstica, con grados, ritos y liturgias.

No existe el laico a-valórico, an-ideológico, a-religioso, a-sexuado, a-pántico (del griego pan = todo) o neutro.

La conclusión es lapidaria e inexorable: debe suprimirse la connotación de laico en las declaraciones sobre el Estado o instituciones, porque al declararla, las ideologías, religiones o posiciones valóricas (como es el caso de los animalistas) refugiadas o implícitas en el carácter laico (gnósticos, agnósticos, ateos, liberales, capitalistas, “librepensadores”, materialistas, laicistas, secularistas, etc.) quedan en una enorme ventaja, respecto a las ideologías o religiones explícitas y formales.

Basta con definir al Estado o a una institución como plural (ideológica y religiosamente), que incluye a cualquiera otra visión y valoración de mundo y así a las laicales.

Los animalistas vulneran el respeto a la pluralidad ideológica, base de una convivencia pacífica, con actos fascistas (imposición de facto de una visión de mundo sobre otras), que según ellos los realizan buscando el bienestar animal que los investigadores científicos, los guardianes de zoológicos, los mantenedores de bioterios vulneran al someter a cautiverio a los animales.

Ignoran o no quieren ver que la humanidad ha avanzado una enormidad en la ética del bienestar animal y que esas condiciones en que se crían esos animales son las mejores (científicamente validadas) que el ser humano tiene para los animales y para el ser humano.

Al liberarlos del laboratorio los expusieron a situaciones graves de estrés y de riesgo de vida ya que no están adaptados a la vida fuera del laboratorio o bioterio y serán presas fáciles de perros, gatos, aves de rapiña y congéneres silvestres, además de todo el malestar de hambre e incomodidad que no tenían en su “cautiverio”. Son ellos los que han contribuido mayormente al sufrimiento animal.

No trepidan en agredir al animal Homo sapiens, incluso causándole la muerte, si este según ellos, y por un código de daño definido por ellos ante “sí mismos” mantiene animales en “cautiverio” aunque sea en mejores condiciones que en la “naturaleza”.

Esta agresión puede tener consecuencias desastrosas para esas personas, para la ciencia, para el bienestar humano y animal y para la fuente laboral de muchas otras.

La destrucción de un bioterio científico puede acabar con numerosas líneas de investigación que mantienen laboralmente a decenas de personas; hay investigaciones, tesis de doctorados y pos doctorados que al desaparecer dejarán cesantes a muchos y a algunos le destruirán sus proyectos de vida académica; puede destruir cepas de animales genéticamente transformadas que ha costado millones de dólares y un esfuerzo titánico para producirlas y mantenerlas; animales que pueden estar inmuno-deprimidos incapaces de vivir en otro medio ambiente.

Los animalistas cometen un error enorme al separar al ser humano del mundo animal. Descalifican esta situación argumentando que el ser humano considera que su bienestar bien vale el malestar de los animales en las investigaciones de nuevos medicamentos (por ejemplo) y que no se considera el bienestar definido por los animales.

Pero ellos son seres humanos  y mal podrían hablar del bienestar o malestar animal al igual que los investigadores que critican. Ignoran que toda investigación en el ser humano es útil para los animales y viceversa. La medicina y la veterinaria trabajan en conjunto y sin solución de continuidad. Estamos hechos del mismo material. El genoma humano es compartido por el chimpancé en un 99% y por Neanderthal en un 99,5%, por las moscas en un 60%. Toda información de cualquier ser vivo (con hongos y plantas también compartimos la mayoría del genoma) sirve para todos.

Si reniegan de la investigación científica con animales no pueden por consecuencia lógica recibir ninguna medicina, cirugía o tecnología así adquirida y  no pueden consumir preparados del mundo animal.

Resulta sospechoso que no dirijan sus agresiones hacia las acciones humanas mucho más productoras de sufrimiento animal como son la producción de animales para el consumo, los mataderos, los criaderos de mascotas, los zoológicos (en otros países esto se ha producido) ¿porqué atacar a la ciencia, técnica o a la academia? porque es la más indefensa y lábil, como son también algunas carnicerías de barrio.

La pretensión de estos animalistas de imponer lo que ellos creen que es justicia, verdad o bienestar por la fuerza es inconsistente intelectualmente, incoherente vivencialmente e inconsecuente moralmente, además de ser inútil y al contrario contraproducente, ya que lo único que consiguen es sufrimiento y muerte dramática de los animales y sufrimiento humano incalculable.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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