Dos Felipe para Chile

Felipe Cubillos tuvo su origen en una familia acomodada, protagonista del mundo de los negocios, inserta en esa derecha política que respaldó a la dictadura.

Su padre Hernán fue Ministro de Relaciones Exteriores de Pinochet y su hermana Marcela, activa participante en la campaña del SÍ para el plebiscito del 88 y posteriormente parlamentaria  de la UDI por Ñuñoa y Providencia.

Cubillos criticó duramente al movimiento estudiantil en su última columna en un diario vespertino.

Lo tituló “Soy un indignado”, tomando el nombre de los jóvenes españoles que se manifestaron en su país contra la precariedad y el “establishment” político.

Felipe Camiroaga surgió de un ambiente de clase media, permeado por el humanismo cristiano de la cultura jesuita del Colegio San Ignacio, que tuvo consiguientemente una clara expresión en su opción política muy clara en apoyo a la Concertación y a la candidatura de Eduardo Frei en las últimas elecciones presidenciales.

Camiroaga participó en campañas de Greenpeace, criticó abiertamente la decisión política del gobierno de Piñera de instalar una central termoeléctrica en Caleta Punta Choros (que después fue revertida) y apoyó resueltamente al movimiento estudiantil.

Sin embargo, la tragedia del terremoto y el maremoto del 27F hicieron confluir a estos dos Felipe que partían desde puntas tan lejanas.

Cubillos dejó los negocios y le dedicó menos tiempo a su afición deportiva: la navegación a vela.

Camiroaga profundizó su compromiso y también le robó tiempo a sus caballos y a su vida rural.

Los dos Felipe se embarcaron en la aventura solidaria y cada uno de ellos construyó en su medio sólidas obras de amor que, paso a paso, abrieron caminos de encuentro.

Cubillos, “Emprendedor, navegante y soñador” como se describía él mismo en Twitter, puso de pie “Desafío Levantemos Chile”.

Camiroaga, el “Halcón de Chicureo”, protagonizó numerosos reportajes en terreno, siguiendo y difundiendo la obra solidaria de Cubillos.

Cubillos y Camiroaga terminaron siendo amigos.

El viernes 2 de septiembre, junto a otras 19 personas, los dos Felipe se embarcaron juntos para compartir la culminación de un proyecto de ayuda a los damnificados del sufrido archipiélago de Juan Fernández.

Ese día, un poco después de las 17:00 horas, el avión que los transportaba desaparecía en el mar frente a la Isla Robinson Crusoe.

Ese día, los chilenos perdimos a Cubillos y Camiroaga pero ganamos el ejemplo unitario de dos Felipe, distinto en origen pero convergente en la vida concreta.

¡Qué lástima que haya tenido que ocurrir una tragedia para darnos cuenta!

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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