Acreedores del amor, en la era Chicago Boys

"Acreedores", de Johan August Strindberg, tiene temporada en el teatro Finis Terrae y ha sido un éxito en circuitos como el Festival Teatro a Mil. Este esfuerzo, conjunto con el Teatro Nacional Chileno, posee todos los ingredientes para que el público reconozca las relaciones afectivas, durante esta era neomercantil del amor post 1973

En la nueva versión del clásico del escritor sueco, el director Alexis Moreno, también responsable de la adaptación dramatúrgica, logra convocar a Trinidad González (Tecla), Francisco Reyes (Gustavo) y Mario Horton (Adolfo) para sumergirnos en una bolsa de valores amorosa de tres artistas, donde la balanza está trucada, abunda el regateo, la inquina, las deudas y los productos Temu arribando con tres tallas menos.

Adolfo es un pintor endeble, enlazado con Tecla y posee todo el temperamento que podríamos encontrar en un sándwich de miga. Escucha a Gustavo, un tipo mayor, encantador y sabio, quien parece poseer todas las respuestas del alma humana, claro, si te gusta un puñal en la espalda mientras te preguntan la hora. Simula amistad, pero viene a cobrar sin factura y cargando veneno.

La escenografía es minimalista, un decorado de hotel de costa donde confluyen los litigantes. Las luces están al servicio de las crisis de Adolfo y de un ring, donde tanto actores como personajes llevan al extremo sus capacidades físicas y emocionales.

Destaca la actuación de Trinidad González, con técnica sólida e inmersa a sus anchas en la buena química del elenco. Siempre al servicio de la expresión psicológica, logra transmitir las emociones complejas y desgarradoras de su personaje. Puede pasar del despotismo calculador, a la sensualidad manipuladora, hasta la ira estratégica y demoledora. Sale en pie, cuando el director apaga el Tagadá de este Fantasilandia virulento.

El matrimonio en la era del autor era una institución vitalicia. ¿Pero quién desea irse a vivir a una institución y con este sueco metido adentro? El casorio era una licuadora donde sí o sí debían mezclarse todos los tragos amargos, sin derecho al arrugue. En esta obra, es la única guerra donde duermes con el enemigo. El dramaturgo, padre de la "toxicidad" antes de la invención del concepto, nos entrega una situación pavorosa. Gustavo le llena la cabeza de pescados al pobre Adolfo y el muchacho recién casado, queda como un daltónico armando un cubo Rubik.

Cuando Tecla choca con Adolfo, lo único claro es cómo, en el amor, quien pega primero no paga la cuenta del psicólogo. Ella, a su vez, vivirá otro match con el iracundo Gustavo, uno similar al de Arturo Godoy versus Joe Louis, pero al igual como el iquiqueño, ella aguanta esos 15 rounds de 1940.

Los clásicos atraviesan las eras, profetizan. Concebida en el modernismo, es un puente hacia lo post moderno. Su obra no trata del amor, versa sobre el poder y la deuda emocional. Totalmente vigente, expone el hoy "vampirismo emocional". Gustavo entra en la vida de Adolfo no para ayudarlo, sino para transferirle su dolor. Es el manual clásico de cómo una persona tóxica puede desestabilizar a otra.

Contingente, posee "mansplaining", pues habita una pugna sobre cual artista "creó" a quién. Se invalida la autonomía y éxito del otro para mantener el control. El frágil Adolfo es como los escritores marketeados e inseguros del presente, quienes no desean lectores, pero sí anhelan seguidores en rrss.

"Acreedores" fue escrita cuando el autor navegaba por la psique humana y las dinámicas "infectas" de la pareja. Le interesaban los límites de la crueldad y el sadismo en las relaciones. Su teatro es una autopsia con actores consumidos, en un deterioro real de éstos sobre las tablas.

El escritor anhelaba una lucha de cerebros. Hoy, con los sesos fritos por el scroll, las parejas son objetos de crédito y débito, en sociedades, donde vales por lo que tienes. Amor Chicago Boys, donde el mercado es cruel. Ergo, existe demanda para más de 3 décadas de realitys basura, con emociones infectas que beben las nuevas generaciones.

En psicoanálisis se habla del "Complejo de Strindberg", misoginia defensiva, así ella no te devora primero. "Acreedores" son los conflictos del sueco con su primera esposa, la actriz Siri von Essen, a quien acusaba de robarle sus ideas.

Mientras, si el pobre Adolfo hubiera escrito al ¿Qué hago Profesor Nostradamus? del diario La Estrella de Valparaíso, le habrían dicho: "¡Ojo al charqui, pintor! Estás más mareado que perro en bote. Esa Tecla da más vueltas que la micro Verdemar letra O. Tú, niñito, estai puro dando la hora y ese 'amigo' te vendió ulpo sin harina".

El matrimonio fue un invento legal creado en la baja Edad Media para unir y negociar tierras entre invasores bárbaros y los restos del Imperio Romano. Paraíso de la letra chica. Este sueco, rival de Ibsen, sabe cómo las bodas son la causa número uno de los divorcios y que el 100% de estos comienzan con un casamiento. Muerte sí/ funerales no, diría Nicanor Parra. Amor sí/ matrimonios no, agregaría el suscrito.

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