Algunos ejes para el nuevo diálogo cultural

Un año electoral es el mejor escenario para volver a discutir temas que durante los períodos de gobierno quedan recluidos en los propios sectores y se manifiestan de tanto en tanto cuando surge algún conflicto.

El año electoral, de diversas maneras logra articular a los sectores en espacios de mayor pensamiento y acción.

El ámbito de la cultura no está ajeno a este fenómeno, ya los comandos están organizados y desde allí es que debemos aportar con nuestras ideas .

Durante los últimos gobiernos la política cultural, si bien ha carecido de carácter nacional y de impacto estratégico a largo plazo, ha logrado instalar las bases para que la cultura tenga mayores y mejores espacios de expresión y difusión. Esto ha incidido por un lado en una tendencia a profesionalizar el sector y por otro lado a un mayor acercamiento de la ciudadanía hacia la cultura.

Hoy debemos enfocar nuestra mirada hacia dos horizontes: el que garantice a la ciudadanía un acceso más equitativo a la cultura y el que proteja la actividad cultural.

Acceso equitativo

La cultura no es un bien exclusivo de los que conforman el sector cultural, sino ante todo un espacio para los ciudadanos que les permite gozar de mayores herramientas de desenvolvimiento social. Un espacio que permite un desarrollo como actor de una sociedad.

Esto, sólo es posible cuando a lo menos contemos con: a) una base de equidad que permita: un desarrollo descentralizado y multicultural, atendiendo a la especificidad de cada grupo social y b) cuando tenemos a lo largo del país una infraestructura que permite una circulación de los bienes culturales creados y producidos por el país.

También necesitamos hacernos cargo en forma profunda de relacionar la cultura con la educación para lograr mayor equidad.

No es posible que la relación con la cultura comience una vez terminada la formación escolar. Necesitamos culturizar a niños y niñas desde la primera infancia; acercando la pedagogía a las artes y la cultura, alimentando en los niños sus inquietudes y habilidades artísticas y poniendo a disposición de ellos la creación cultural.

Para esto será necesario diseñar una política cultural con un eje central en su impacto en la educación. Aun encontramos a profesores de lenguaje impartiendo talleres de teatro, existiendo en el país una infinidad de actores profesionales con habilidades pedagógicas, incluso ,la música es uno de los ramos que permite a los alumnos mejorar su promedio general. Los niños visitan de vez en cuando un museo y reciben en sus colegios una obra de teatro que viene a visitarlos. El arte y la cultura deben tener un espacio formal de mayor valor en las aulas.

Protección cultural

Por momentos el diálogo social retrocede a tiempos prehistóricos en donde incluso se estimaba que los artistas no tenían los mismos derechos que otros profesionales de la sociedad. Aun escuchamos por ahí textos como “¿por qué el Estado debe financiar a los artistas?”

Todos los sectores de profesionales que conforman una sociedad tienen grados de protección que provienen del Estado y de los propios sectores. Así es como existen los colegios profesionales, los gremios y sindicatos, leyes especiales para trabajos que cumplen características específicas, incluso en planes de salud algunos programas especiales para enfermedades propias de un oficio.

¿Por qué entonces los actores de la cultura: artistas, creadores, gestores y productores no gozan de una protección más adecuada?

Existen algunos instrumentos de protección, sin duda como la Ley 19.889, que regula las condiciones de trabajo y contratación de los trabajadores de artes y espectáculos, aplicada casi en forma exclusiva a los trabajadores del cine y la publicidad.

En otros sectores de la cultura se dificulta la situación ya que sus modelos de gestión cultural no responden a lógicas empresariales. Pequeñas compañías de teatro o danza son un ejemplo, donde su modelo de organización responde a la creación de una obra sin necesariamente instalar continuidad.

En otros casos vemos que esta Ley no se aplica por falta de vigilancia del Estado y sobre todo porque sus trabajadores no ejercen su derecho, ya sea en forma individual o bien a través de la sindicalización, tal es el caso de los canales de televisión con sus actores que operan facturando o emitiendo boletas de honorarios.

El Estado debe generar las condiciones que permitan que todos los sectores de la cultura deban y puedan proteger a sus trabajadores, observando con mayor detención sus modelos de gestión e implementando instrumentos que logren adecuarse a ellos, fomentando modelos de sindicalización y vigilando que dicha Ley se ejerza.

En este sentido, la labor del sindicato inter-empresa de trabajadores audiovisuales, SINTECI es digno de observar y replicar.

Otra medida de protección, que es necesario discutir es la que permite que los bienes culturales nacionales tengan mejores condiciones en el mercado. Es necesario pensar en forma general un mecanismo de mejor acceso de estas obras al mercado. Una Ley de cuotas ayudaría sin duda a darle mejor espacio a la música nacional y al audiovisual nacional.

Chile es un país de política neoliberal, donde el mercado lo regula todo, es el mercado quien decide que ver y escuchar.

Es necesario que el Estado se haga parte en esto y sin lugar a dudas habrá que analizar nuestra realidad para diseñar con mucha creatividad el mejor instrumento que permita esto.

El año pasado se habló de una cuota de radio para la música nacional, frente a lo cual, las Multinacionales a cargo del mundo radial en nuestro país alarmaron a los parlamentarios con diagnósticos catastróficos aludiendo que, con esa medida, se entraba de lleno en una dictadura radial en la que se le imponía al ciudadano un tipo de música sobre otra.

Finalmente, una vez más el derecho del mercado se instaló por sobre intereses más justos y amables.

Hoy se discute en el congreso un proyecto de ley de cuota de pantalla para cines. El diálogo esta abierto y no es casualidad que en menos de dos años se hable nuevamente de lo mismo. Por supuesto, las Multi-salas ya se han encargado de alertar a parlamentarios sobre el peor de los mundos que se acerca si se aprueba el proyecto.

Las cuotas, son medidas de protección que persiguen dos objetivos fundamentales: el primero, fomentar un mayor acceso de aquellos bienes culturales que no responden a las lógicas de mercado masivo y el segundo, establecer ciertas normas de regulación de la exhibición, con tal de generar un mercado más amable.

Los países que han implementado cuotas de protección gozan de buena salud, sus empresarios han sido capaces de sobrevivir en el mercado sin premura y sobre todo los ciudadanos han logrado acceder de manera mas equitativa a su creación cultural, es decir, es un mejor mundo.

Estos ejes planteados; “Equidad: educación y acceso” y “Protección: creadores y bienes culturales” son algunos de los temas culturales a debatir en este año electoral.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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