La farsa de llamarse “Universidad”

El escándalo de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) con tráfico de influencias y posibles sobornos precipita la atolondrada generación de una ley rápida.Se agrava la situación de la falta de acreditación seria de casi todo en Chile. No faltan instancias de acreditación, faltan las definiciones cualitativas institucionales.

El problema es mucho más grave que la calidad o la cantidad de profesionales formados, porque radica en la cualidad de ser o no universidad (bajo cualquier criterio, y por ende de la cualidad del profesional formado) y en el hecho de no haber Carrera Académica Nacional de Estado que acredite a los académicos internacionalmente, independiente de los poderes políticos, del Gobierno, Parlamento, poderes fácticos, y del lucro monetario.

La única forma de acreditar una universidad es por el crédito de sus académicos radicados formando una comunidad de maestros y discípulos.Los demás criterios son prescindibles, si hay comunidad académica propiamente tal, hay universidad.

En Chile todo es definido más-o-menos. Hay educación más o menos pública o más o menos privada. Hay escuelas subvencionadas por el Estado en más del 50% y esas escuelas siguen considerándose privadas siendo que pertenecen al Estado, (están pagadas por todos los chilenos). Pero, tienen normas privadas y optimizan sus ganancias privadamente sin rendir cuentas a los chilenos que somos sus propietarios.

En Chile se ha inventado realidades intermedias: Dios mas-o-menos existe; la niña está mas-o-menos embarazada. Esto no es únicamente lenguaje, se toma en serio, pero en apariencias ya que es hipócrita porque cuando se está solo se decide sin más-o-menos.

Se dice que la cosa no es blanca o negra, puede ser gris, hay matices. La verdad es una, o es blanca, o es negra o es gris, y si es gris es con una proporción exacta de negro y con la proporción exacta complementaria de blanco.

Si es de un color es de una y solo una longitud de onda, si es de varios es de una combinatoria exacta de longitudes de ondas. Este no es tan sólo un problema científico o de verdad de conocimiento preciso, sino de verdad moral.

Si no hay una verdad moral y todos los actos son más-o-menos buenos o malos, hay más-o-menos soborno o fraude y siempre somos más-o-menos inocentes y culpables.

Hay un teorema lógico de más de 700 años (del franciscano John Duns Scotus) que muestra que si Ud. parte de una premisa falsa toda inferencia o implicancia va a ser siempre verdadera.

En su farandulerismo infinito a Chile no le está importando la verdad de lo que sucede sino que lo que es mostrado como sucedido, o sea la opinión sobre lo que sucede tiene más importancia que lo sucedido .

La ciencia y la Academia buscan precisamente lo contrario, les interesa lo que sucede y lo que es o (excluyentemente) no es.

Cualitativamente La Universidad y la Academia nada tienen que ver con las profesiones que se agregaron muy posteriormente a la Academia de Platón y al Liceo de Aristóteles.

La Universidad y Academia tienen que ver con los grados académicos que son el Bachillerato, la Licenciatura, el Magíster, el Doctorado y el Pos-Doctorado.

La Universidad ha sido, es y será una comunidad de amigos dedicados a la creación de cultura universal y a su crítica, no a la cultura local o folclore. Las tres vertientes imperecederas descubiertas por la humanidad de esta cultura universal son la intelectual (búsqueda de la verdad en ciencia o filosofía), la moral (búsqueda de la bondad en ética o filosofía moral) y la estética (búsqueda de la belleza en el arte y las letras) y la integración de estas búsquedas en las Humanidades.

Estas búsquedas críticas y creativas son el motivo nuclear constitutivo de una Universidad o Academia sin importar el nombre que tenga.Chile debe optar por definir democráticamente si quiere que estas Universidades existan o no y no continuar con la farsa de llamar universidades a institutos técnicos o profesionales.

Debe acreditar a las universidades por este criterio constitutivo de ellas y por el crédito de sus académicos y no por la capacidad de formar profesionales o conexiones a internet.

La Universidad es también el cuerpo crítico y reflexivo de un país y es ése su mayor aporte al formar personas cultas, críticas y autónomas intelectual, moral, estética y espiritualmente. Formar personas capaces de entender y criticar los fundamentos de la Constitución, las Leyes y la cultura es el objetivo central de la Universidad.

Posiblemente esto sea lo que no quieren políticos o empresarios.

En cuanto a la CNA, debe ser una institución autónoma del Estado de Chile, independiente de los poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) como lo es TVN, Codelco, el Banco Central, la Contraloría General de la República, etc., y de los poderes fácticos de las empresas, especialmente de las interesadas en educación.

Propongo que el núcleo de esta CNA nueva sean los premios nacionales de Ciencia, Educación, Literatura, Arte, etc., incorporando a aquellos en donde no hay premios nacionales pero son disciplinas fundamentales (filosofía, ética). Estas personas son pagadas con un sueldo vitalicio del Estado y por tanto son, en cierto modo, deudores de todos los chilenos, y si hay alguien que sabe de Universidad y Academia por vivencias profundas de ellas, son ellos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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