Momias Chinchorro, un capítulo clave de su camino para ser declaradas Patrimonio de la Humanidad

La noticia nos provocó enorme alegría. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaraba como Patrimonio de la Humanidad al asentamiento y la momificación artificial de la cultura Chinchorro en la Región de Arica y Parinacota, en el contexto de la 44ª reunión de su Comité de Patrimonio Mundial.

Tenemos la profunda satisfacción de haber realizado una contribución significativa, como Ministerio de Bienes Nacionales entre 2014 y 2016, a la materialización de este logro, con el que Chile suma siete reconocimientos de esta naturaleza y, en este caso, respecto del valor patrimonial excepcional del testimonio del proceso de momificación de cuerpos que era practicado hace unos 7.000 años por el pueblo chinchorro. Las momias emplazadas en el norte del país son más antiguas que las descubiertas en Egipto.

Inmediatamente después de asumir aquella responsabilidad, por decisión de la Presidenta Michelle Bachelet, resolvimos emprender las dos primeras visitas ministeriales en terreno en las dos regiones extremas del país. Llegamos a Arica y Parinacota en abril de 2014. Fue entonces cuando tomamos conocimiento de una aspiración de la comunidad local que se remontaba a lo menos hasta 2018: lograr que las momias Chinchorro fueran reconocidas Patrimonio de la Humanidad. Así nos lo expresaron los alcaldes de Arica y Camarones Salvador Urrutia e Iván Romero; el nuevo intendente Emilio Rodríguez; y -con un particular énfasis- las autoridades de la Universidad de Tarapacá, la que había desarrollado una importante labor de investigación y puesta en valor, en la que destacaba el catedrático Bernardo Arriaza, y trabajado en la preparación del expediente a presentar a la Unesco, a cargo de Sergio Medina. También estaban a cargo de los Museos de Sitio de Colón 10 y Arqueológico San Miguel de Azapa, en que se preservaba una parte de ese patrimonio.

Nos señalaron que el Ministerio de Bienes Nacionales debería tener un papel relevante en el desafío, en la profundización de la puesta en valor de la cultura Chinchorro y en particular en garantizar que el conjunto de los asentamientos de las momias fueran bienes públicos, lo que era una condición de la Unesco para materializar el propósito y no estaba resuelta. La carpeta del Expediente Chinchorro ya tenía, a esas alturas, cerca de 80 por ciento de avance. Pero el 20% pendiente remitía al hecho de que dos sitios en los que se encontraban los vestigios más antiguos estaban bajo dominio privado, lo que trababa la postulación.

El primero se ubicaba en la comuna de Camarones, el sitio 14 de la Caleta Camarones, que aparecía como propiedad de una empresa de alimentos. El segundo estaba en la ciudad de Arica, en el acceso peatonal del Morro, muy próximo al Museo de Sitio de Colón 10. El inmueble era administrado por una empresa concesionaria de servicios sanitarios. Durante esa primera visita, recorrimos aquellos lugares. En Camarones, en lo que fuera parte de un cementerio del pueblo Chinchorro, constatamos que el terremoto del 1 de abril de ese año había dejado a flor de tierra varias momias.

A esas alturas, teníamos conocimiento que el tema no había estado presente en la agenda de la secretaría de Estado en el primer gobierno de Sebastián Piñera. Tomamos, pues, la decisión de asumir el desafío como prioridad de trabajo de Bienes Nacionales, en los dos ámbitos consignados y, además, en la visibilización del asunto frente a la opinión pública, lo que, por cierto, haría más posible cristalizar el propósito general. Y nos jugamos a fondo en la tarea.

Tres meses después, retornamos a la región y sostuvimos un emotivo encuentro con Mijael, Fabiana, Camila, Teresa y otros niños de la Escuela América de Arica, que descubrieron una momia de enorme antigüedad. En forma paralela, los equipos técnicos de Bienes Nacionales a nivel central y la seremi habían iniciado, con sentido de urgencia, los estudios para resolver la situación jurídica de los dos sitios bajo dominio privado: en el caso de Camarones, el camino más apropiado parecía la consideración de que se trataba de un bien de uso público; en Arica, se iniciarían gestiones para una permuta con la empresa con un terreno fiscal en la Región de Tarapacá.

También se había reactivado una mesa de trabajo regional, coordinada por la Intendencia, con la inclusión de la Universidad de Tarapacá, las municipalidades de Arica y Camarones, el Consejo de Monumentos Nacionales y la seremi de Bienes Nacionales, representada por Ingrid Robles.

Más tarde, respaldamos una emisión postal extraordinaria sobre la cultura Chinchorro por parte de Correos de Chile, como contribución al esfuerzo. Nos correspondió ser uno de los ejecutores del matasellado de la edición postal, que constaba de dos sellos, mostrando dos clásicas momias Chinchorro con máscara de barro sobre la arena del desierto.

A comienzos de 2015, fui investido como nuevo embajador honorífico de la cultura Chinchorro, al igual que el cantautor Manuel García y Bernardo Arriaza. La nominación fue entregada por la Universidad de Tarapacá y la Municipalidad de Camarones, en el museo. En la oportunidad, se realizó además una jornada de recolección de firmas en el Paseo 21 de Mayo, la que fue auspiciada también por la agrupación cultural Chinchorro MarkaAjallu.

Además, se entregó en concesión un terreno fiscal para la construcción de un nuevo Museo de la Cultura Chinchorro en la localidad de Cuya.

Decidimos extender la recogida de adhesiones ciudadanas a todo Chile y, poco después, se lanzó la campaña #YoFirmoChinchorro en la inauguración de una exposición de la cultura Chinchorro en las dependencias centrales del Servicio Nacional de Turismo (Sernatur), que fue coordinada con la subsecretaria de Turismo Javiera Montes, con la que previamente, en el verano, habíamos efectuado en el centro de Santiago un acto masivo para reforzar la visibilización de la tarea. En ambos casos, las actividades fueron presididas por la réplica de una momia Chinchorro de más de dos metros de altura.

Se abrieron cuadernos para firmar en los organismos regionales del poder público y en las Universidades del Consejo de Rectores, y en Bienes Nacionales se habilitó el sitio en internet Chinchorros.bienes.cl, y se desplegó una intensa campaña de difusión. En breve lapso se alcanzó la meta inicial de 30 mil adhesiones.

En todo ese período, mantuvimos una relación permanente y periódica con la Universidad de Tarapacá para conocer el estado de avance del Expediente Chinchorro. Al calor de esa relación, en agosto de 2015 informamos desde Caleta Camarones que habíamos dispuesto el diseño de una nueva "Ruta Patrimonial" asociada con la Cultura Chinchorro, para incluirla en el Programa de Rutas Patrimoniales de Bienes Nacionales, orientado a la conservación de sitios de alto valor cultural y natural, facilitando su acceso a la ciudadanía. Unos meses después, lo destacamos como uno de los principales proyectos de Bienes Nacionales en la Cuarta Subcomisión Especial Mixta de Presupuestos del Congreso Nacional en el marco de la tramitación del proyecto de ley que fija el presupuesto del sector público para 2016.

En agosto de 2015, la Corte de Apelaciones de Arica confirmó la tesis del Fisco en el sentido de que los terrenos de Camarones eran bienes públicos y no propiedad privada. El camino hacia la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco comenzaba a abrirse. Casi inmediatamente después, encabezamos en la ciudad de Arica la inauguración de las instalaciones de la nueva Corporación Chinchorro, de la Cultura, las Artes y el Turismo de Camarones, las que fueron entregadas por el ministerio a la Municipalidad de Camarones.

En el año 2016, encabezamos la presentación de la obra "La Cultura Chinchorro: Pasado y Presente", editado por los académicos Bernardo Arriaza y Vivien Standen, que es una de las más importantes obras en español sobre la materia. En ese año, también estaba concluida, técnicamente la tarea de la puesta en marcha de la Ruta Patrimonial Chinchorro, y además se intensificaron las gestiones ministeriales para pasar a dominio público el sitio del Morro: como resultado de tres años de trabajo en esa perspectiva, la permuta se materializó antes que concluyera el Gobierno de la Presidenta Bachelet. Se habían superado los obstáculos. La ruta estaba despejada.

Contribuimos decisivamente a abrir un amplio camino para que el sistema internacional, expresado en la Unesco, adoptara la decisión justa y pertinente: declarar que las momias de la cultura Chinchorro son patrimonio de la humanidad entera.

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