Las 49 medallas de oro y las 175 preseas obtenidas por Chile en los Juegos Suramericanos de Santa Fe 2026 son motivo de orgullo. Detrás de estos logros hay años de preparación y apoyo de familias, entrenadores, clubes y federaciones. Su ejemplo puede despertar en niños y niñas las ganas de practicar deporte.
Convertir ese entusiasmo en un hábito exige oportunidades y acompañamiento, sin apresurar los resultados. La formación deportiva temprana abre posibilidades para toda la vida cuando busca formar personas antes de priorizar los resultados competitivos. Frente al sedentarismo y las desigualdades de acceso, acercar a niños y niñas al deporte es una tarea urgente.
La actividad física, especialmente el deporte, fortalece el organismo, favorece la salud mental y mejora el aprendizaje. Asimismo, fomenta valores como el respeto, la colaboración y la perseverancia. Unicef señala que quienes se mantienen activos durante la infancia tienen mayores probabilidades de conservar este hábito en la adultez.
Pero comenzar temprano no significa concentrarse antes de tiempo en una disciplina ni trasladar a niños y niñas las presiones del deporte profesional. Cuando el resultado desplaza al aprendizaje y al disfrute, la práctica deportiva puede transformarse en fuente de ansiedad, lesiones, frustración o abandono.
El rol de los adultos es decisivo. Padres, madres y formadores pueden constituir una red protectora, pero también una fuente de sobreexigencia si proyectan aspiraciones propias sobre el desempeño infantil. Acompañar no es dirigir desde la galería ni convertir la competencia en examen. Es escuchar, respetar la elección deportiva, valorar el esfuerzo por sobre el marcador y enseñar que equivocarse es parte del proceso.
Chile cuenta con iniciativas que avanzan en esa dirección. Crecer en Movimiento, programa del Instituto Nacional de Deportes, propone una progresión acorde con cada etapa. Entre los dos y seis años privilegia el juego y la exploración. Luego promueve las habilidades motrices y el acercamiento a las reglas, antes de avanzar hacia la elección de una disciplina. Primero se aprende a moverse, compartir y disfrutar.
El Club Deportivo Universidad Católica también aporta a este desafío. Su Torneo Internacional de Tenis Junior permite a jóvenes chilenos competir con talentos de otros países. Cristián Garín y Nicolás Jarry pasaron por sus canchas durante su formación. El Jardín Deportivo UC, el deporte escolar y la práctica de distintas disciplinas complementan esta labor desde la infancia.
Estos esfuerzos requieren un acceso al deporte que no dependa de los recursos familiares ni del territorio. Es necesario ampliar espacios seguros, fortalecer el deporte escolar y preparar a los formadores para promover un trato respetuoso y una práctica deportiva saludable. También debemos asegurar la participación de niñas, niños con discapacidad y comunidades con menos oportunidades.
La formación deportiva temprana debe medirse por las ganas de seguir practicando. Los triunfos de Chile en los Odesur pueden inspirar a nuevas generaciones. Nuestra responsabilidad es ofrecerles espacios para jugar, aprender y crecer, así como oportunidades para desarrollar su talento y alcanzar el alto rendimiento. La formación de futuras campeonas y campeones puede ir de la mano con el desarrollo de personas activas, íntegras y felices.