En uno de nuestros centros comunitarios en Cerro Navia hay una pared cubierta de fotografías. Son cientos, pegadas una junto a otra, sin marco y sin orden aparente. Personas mayores en un paseo, en una celebración, marchando por sus derechos, posando solas frente a la cámara. Cada vez que alguien llega al taller, se detiene un momento a mirarlas, y casi siempre se encuentra ahí, o encuentra a alguien que conoce. Esa pared es un registro de la comunidad que hemos creado.
Lo cuento porque llevamos 33 años trabajando en Cerro Navia, y en todo ese tiempo hemos aprendido cuánto pesa la soledad en la vida de una persona mayor. No la soledad ocasional, que todos conocemos, sino la que se instala durante días enteros sin hablar con nadie, semanas sin que suene el teléfono, cumpleaños que pasan sin que nadie llame.
Las cifras confirman lo que vemos. Según el informe 2025 del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, el 49,2% de las personas mayores en Chile experimenta soledad y 55,5% presenta un alto riesgo de aislamiento social. Esta tendencia va en aumento: los datos históricos de la VI Encuesta Nacional de Calidad de Vida en la Vejez UC-Caja Los Andes muestran que la sensación de soledad saltó del 40% en 2016 al 49% en su última edición. A esto se suma que, de acuerdo con la Encuesta Casen, hoy existen más de 800 mil personas mayores viviendo solas en el país.
Por eso valoro que este debate haya llegado al Congreso. Hace pocas semanas, la Bancada Transversal Contra la Soledad realizó una audiencia pública donde parlamentarios de distintas corrientes, autoridades de gobierno y organizaciones sociales presentaron una hoja de ruta para enfrentar el aislamiento. Que un problema que durante años se consideró un asunto privado empiece a discutirse como política pública es una buena noticia.
Pero quiero agregar algo desde el territorio. Enfrentar la soledad va más allá de elaborar diagnósticos o promover campañas de concientización; exige financiar directamente aquellas iniciativas comunitarias que generan encuentros continuos para las personas mayores. Resulta clave fortalecer la alianza entre el Estado y la sociedad civil, garantizando el respaldo a los centros del Senama y el financiamiento de los programas de apoyo que impulsan nuestras ONG. En nuestro caso, más de 200 personas mayores asisten semanalmente a los talleres que ofrecemos; para muchas de ellas, este constituye el único lugar donde se sienten verdaderamente esperadas y acogidas.
Lo digo con incomodidad, porque es el reverso de esa pared de fotografías. Mientras aumentan las fotos de los adultos mayores disminuye nuestra presencia con ellos. Hoy acompañamos a menos personas que el año pasado. Entre las visitas domiciliarias y el centro diurno financiado por Senama, en 2025 llegamos a cerca de 400 personas mayores. No conseguimos los aportes necesarios para sostener ese número y tuvimos que reducirlo. No fue un cambio de enfoque ni una decisión técnica, fue una resta obligada por el presupuesto. Cada cupo que dejamos de ofrecer es una persona que volvió a pasar la semana entera dentro de su casa.
La soledad no se mide únicamente a través de encuestas, sino en el número de puertas abiertas que existen en un barrio y en cuántos espacios hay donde a alguien verdaderamente le importa si una persona llega o no. Mantener esas puertas abiertas implica costos, exige equipos dedicados y requiere continuidad. En este esfuerzo, los voluntarios y voluntarias de la comunidad han representado un pilar solidario fundamental para acompañar a sus vecinos y vecinas frente a la soledad, habiendo sido capacitados y acompañados por la Fundación Cerro Navia Joven.
Es por eso que entre 4 y 11 de octubre haremos nuestra campaña anual de recaudación. No para inventar algo nuevo, sino para que siga existiendo lo que ya funciona. Ojalá que, mientras el Congreso discute cómo enfrentar la soledad en Chile, también se mire hacia los territorios donde ya hay gente haciéndolo.