Impunidad

Nuevamente. Sí. Con mayúscula por si alguien no se entera. Una palabra que suena “fuerte”. Una palabra “dura”. Sin embargo, no hay que olvidar que más fuerte y duro es lo que está  detrás de este término. ¿Qué nos  dice el honorable diccionario de la RAE? Más bien muy poco. Por impunidad entiende aquello  (suceso, acción, acontecimiento que afecta a otros), que “queda sin castigo”. Y se acabó. Bien poco no le parece?

Fíjese que a más de 25 años de transición tenemos más de 1.000 detenidos-desaparecidos. Es decir, mil personas, sí claro, personas, humanos como usted o como yo, que todavía no sabemos dónde están. 

¿Qué le parece? ¿Qué diría usted si fuese su familiar directo o indirecto el que estuviera en esa situación?  A lo mejor  usted se hará la pregunta, ¿y en qué estamos “topando” para enterarnos de su eventual paradero después de tantos años? ¿Por qué no podemos avanzar más en este tema? ¿Qué cree?, ¿se lo ha preguntado?

La impunidad no refiere solamente a una “falta de castigo” legal. Remite como intuitivamente usted  lo estará pensando, también a una falta de justicia, a una falta de reconocimiento, a una falta de reparación.  A una “mala” memoria y relativización de la verdad. 

¿Quién debe encarnar esa justicia, ese reconocimiento y reparación? ¿Ese trabajo permanente por la memoria? Pues, la sociedad toda en primer lugar, su conciencia ético-política, su sensibilidad para con el dolor del prójimo y su comunidad de entorno. Y en esto estamos, creo, al debe como sociedad.

Están al debe los medios de comunicación, como siempre salvo excepciones, las FFAA, carabineros, buena parte de la prensa, los políticos de la derecha (política, económica y militar), muchos colegios, escuelas, universidades,  y todos aquellos que en función de negocios menores, intentan echarle tierra al pasado, banalizar el terror y dolor ocasionado, o justificarlo en función del contexto.

La tarea de subsanar injusticias, verdades a medias, falta de reconocimiento y reparación, le corresponde también a ciertas instituciones. Comenzando por el Poder Judicial. Siguiendo por las FFAA y Carabineros. Sin embargo hoy vemos en la prensa y noticieros que algunos miembros del Congreso, algunas iglesias incluso, algunos miembros de la Nueva Mayoría, un ministro, se conduelen con espíritu navideño y están viendo la posibilidad de dar ciertas libertades a algunos presos del penal de Punta Peuco.

¿Motivo? La edad o supuestos estados de mala salud.  Se olvida interesadamente que ellos no son presos por decirlo así “comunes”. Ellos están allí por haber cometido lo que en derecho internacional se califica como “crímenes de lesa humanidad”. 

Por lo demás, ¿ellos han ayudado, por ejemplo, a ubicar el paradero y suerte de algunos de esos 1.000 detenidos-desaparecidos señalados?

¿Se han acongojado de veras con lo que le hicieron a otros tan chilenos como ellos? De seguro, ahora, entre “gallos y medianoche”, estarán escribiendo algún papel pidiendo “perdón”, ¿a quiénes? ¿de qué?

En fin. Estamos cansados de tanta hipocresía y de tanto cinismo. De andar viendo la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Este es un asunto delicado que no puede ser arbitrado como una moneda de cambio o una negociación a puerta cerrada entre cúpulas.

Una vergüenza si llega a cumplirse ese deseo de empate moral o de prebendas para condenados por esos crímenes.  

Fíjese que los tribunales alemanes acaban  de condenar  al miembro de las SS hitlerianas Reinhold Hanning de 94 años (sí, tal como lo lee) a seis años de cárcel por su complicidad, era guardia en el campo de concentración de Auschwitz entre enero del 43 y junio del 44 con 23 años, en la muerte de cientos de presos.

Usted dirá, pero si era sólo un guardia y han pasado tantos años. La fiscalía alemana sostuvo que en su calidad de guardia en Auschwitz era plenamente consciente y por tanto cómplice de los asesinatos que allí se cometieron y que debe responder por ello. Es decir, hacerse res-ponsable de sus actos. No es el único caso por lo demás.

¿Eso ayuda a Alemania? Por supuesto. Ayuda a restituirle dignidad y conciencia  histórico-moral al conjunto de la sociedad frente a hechos deleznables. Ayuda a crear conciencia  crítica para que en principio nunca más vuelvan a ocurrir ese tipo de hechos ( así como los del Sename).

Pero acá algunos hablan que buscar verdad, justicia, reparación es buscar una “revancha” con lo sucedido en el pasado. ¿Hasta cuándo? ¿Qué es garantizar los derechos humanos para “todos”?

Por favor. La justicia, verdad y reparación con todos aquellos que sufrieron la represión o la muerte, no es sólo algo que tiene que ver con los implicados directos y el castigo legal que les corresponde. Tiene que ver con todos nosotros. 

Si no hacemos justicia, verdad, reparación, somos todos  afectados. Es el conjunto de la sociedad la que se vuelve indigna, injusta, fría, egoísta, abusadora. Es el conjunto de la sociedad la que no puede sanar y se vuelve esquizofrénica.

Y vale para hoy también. Pensemos no más en el joven mapuche  baleado por carabineros de las Fuerzas Especiales en la Araucanía.La impunidad se vuelve entonces rasgo central del ethos cultural del país, y se transforma en abuso. En abuso a distintos niveles. En el abuso como forma de trato “normal” con el otro. Un abuso que está ligado al poder que se tenga. Puede ser poco, puede ser mucho.  

Un abuso legalizado, sobre todo cuando se refiere al 1% más rico y poderoso del país, sus bancos y empresas, sus colusiones, las mentiras de sus medios, o a las elites políticas y militares.

Ellos han levantado un sistema que permite ese abuso estructural y por ahora, tenemos una sociedad que lo tolera y permite. Por eso, entre otras cosas, es que la búsqueda de impunidad no puede dejarnos nunca indiferentes, por su complicidad vergonzosa.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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