La indignidad

El caso de la llamada Colonia Dignidad es de aquellos más brutales y aberrantes cometidos bajo el régimen militar. Se refiere a la violación de los derechos humanos de los colonos allí residentes, en la práctica de la pedofilia por los jerarcas del enclave y al traslado hacia esos lugares aislados de detenidos desaparecidos, cuyos restos nunca han sido encontrados. En definitiva, un sitio de horror, abusos y muerte.

Así también, el horror que allí se vivió incluye la protección que le brindó la derecha oligárquica durante muchos años porque ese fue uno de sus lugares de descanso y adoctrinamiento. Allí concurrían los cerebros del mando político de la dictadura a gozar de los paisajes y bellezas naturales al tiempo que preparaban las decisiones, incluida las atrocidades de la represión política, que recomendaban al dictador, entonces respiraban impunidad.

Allí se solazaban -los falsos nacionalistas y gremialistas- de la supuesta grandeza del régimen de "democracia protegida" que pretendían eternizar en Chile. ¿Cuántas veces compartieron allí los jefes de la DINA con los Chicago Boys, y los civiles que sostenían la estructura política de la dictadura? No se sabe. Las fotos testigos indesmentibles de tales "coloquios" o fueron destruidas o están ocultas bajo siete llaves.

Desde 1990, restablecida la democracia, la derecha se dio maña para defender el enclave nazi durante años. Lo hizo recurriendo a sus legiones de juristas, pero también a la importante fuerza parlamentaria con que enfrentó el larguísimo proceso de transición. Así, se confirmó que parte de sus principales voceros habían gozado de la hospitalidad de Paul Schäfer y sus cómplices. Asimismo, quedó claro que entre los bien atendidos huéspedes del enclave se incluía la jefatura de la DINA.

Hubo periodos en que la densa impunidad hacía imposible avanzar hacia la verdad y la justicia, sin embargo, el esfuerzo inagotable de las organizaciones de Derechos Humanos y fugas de colonos que denunciaron los hechos aberrantes que sufrían en carne propia, permitieron cambiar la situación y se logró la cancelación de la personalidad jurídica del enclave y terminar con esas prácticas atroces.

Asimismo, el cabecilla nazi Schäfer huyó a Argentina donde la PDI consiguió ubicarlo y fue extraditado. Muchos colonos rehicieron sus vidas. Sin embargo, la lucha por la memoria histórica y el destino de los detenidos desaparecidos ha continuado.

De modo que la instalación del memorial y la expropiación del suelo, haciendo justo reconocimiento a la historia y a las víctimas, fue una idea largamente esperada por los familiares y sus organizaciones, debido a que en este como en tantos otros casos, hay secretos que no se han develado. La apresurada resolución del actual gobierno trata de negar los crímenes a través del silencio. Cancelar el proyecto desnuda la deshumanización del régimen de ultraderecha imperante en Chile.

La comunidad internacional está presente en esta causa, sobretodo Alemania, tratándose de sectas nazis que huyeron hacia América del Sur al verse derrotadas. Son muchas las personalidades que apoyan este memorial, incluyendo el excanciller federal Olaf Scholz, parte del acuerdo con la autoridad chilena y del impulso necesario para su concreción.

Por eso, la indignidad de la decisión del Gobierno parece asociada no solo al cruel desconocimiento de los hechos y una grave ofensa a la memoria de las víctimas, sino que también a la intención que el manto del olvido cubra lo sucedido. Aún la verdad no sale a luz plenamente y la justicia espera.

Se hizo pública la estratagema gubernamental de "inundar" con hechos el escenario político y así imposibilitar una adecuada respuesta de las fuerzas opositoras. De ser así, en este caso, usar este drama humano como parte de esa conducta, sería una grosera infamia en contra de la causa de los derechos humanos en Chile.