Buena geología, mal rumbo: la carrera que Chile necesita rediseñar con urgencia

Chile posee una de las geologías más privilegiadas del planeta. Es líder mundial en cobre, potencia emergente en litio y un país con creciente potencial en minerales críticos y estratégicos. Sin embargo, mientras el mundo acelera la transición energética, la formación de geólogos en Chile parece avanzar a un ritmo mucho más lento que los desafíos del futuro.

El mercado laboral sigue siendo atractivo. Al cuarto año de egreso, los salarios promedio bordean $2.600.000, posicionando a Geología entre las carreras mejor pagadas del país. Pero detrás de esa cifra existe una realidad más compleja: la empleabilidad fluctúa entre 43% y 81%, dependiendo del ciclo minero y de la universidad. Esa dispersión revela un problema estructural que ya no puede ignorarse. El verdadero desafío no es salarial, sino formativo.

Chile tiene carreras y departamentos de Geología de excelencia, con programas rigurosos y exigentes. Sin embargo, gran parte de la formación continúa fuertemente orientada a la exploración y explotación minera tradicional. El geólogo o la geóloga del futuro ya no pueden limitarse a identificar minerales o estimar leyes de cobre. Hoy se requiere profesionales capaces de comprender hidrogeología, geotecnia minera, gestión de relaves, geoquímica ambiental, economía circular y minerales críticos como litio, manganeso y tierras raras.

También se espera que participen en procesos de evaluación ambiental, diálogo comunitario y planificación territorial. ¿Estamos realmente formando a esos profesionales?

La discusión no es menor. Hace algunos meses, la Cámara Minera de Chile presentó su hoja de ruta 2026-2030, donde conceptos como "productividad", "certeza jurídica" y "permisología inteligente" ocupan un lugar central. Paralelamente, el gobierno anterior lanzó la Estrategia Nacional de Minerales Críticos, con la ambición de posicionar a Chile como proveedor estratégico para la transición energética global. Ambos diagnósticos coinciden en algo fundamental: Chile necesita una minería más tecnológica, más sostenible y con mayor valor agregado.

Pero existe una pregunta incómoda que aún no tiene respuesta clara: ¿Quiénes harán posible esa transformación? La respuesta debiera comenzar en las universidades.

La minería secundaria, la valorización de relaves, la reutilización de residuos mineros y la economía circular requieren geólogos con nuevas capacidades técnicas y humanas. Se necesitan especialistas en hidrogeología, remediación ambiental, modelamiento avanzado, sensores remotos, drones e inteligencia artificial aplicada a las geociencias. Pero también profesionales capaces de dialogar con comunidades y comprender los crecientes estándares ambientales y sociales.

En este escenario, la geoética deja de ser un concepto accesorio y pasa a ser central. La reciente promoción del código de geoética impulsado por la Sociedad Geológica de Chile, en representación de la Asociación Internacional para la Promoción de la Geoética (IAPG), refleja precisamente ese cambio de paradigma: la geología ya no puede entenderse solo como una disciplina extractiva, sino también como una responsabilidad social y ambiental.

El Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) ha comenzado a dar señales positivas mediante cooperación internacional y modernización tecnológica. Pero el salto cualitativo debe ocurrir en la formación académica.

Chile necesita rediseñar urgentemente sus mallas curriculares, fortalecer la vinculación universidad-industria, impulsar especializaciones en minerales críticos y promover una formación más interdisciplinaria. La transición energética no será únicamente un desafío minero: será también un desafío científico, ambiental, territorial y humano.

Además, hay que mirar las cifras con honestidad. Geología sigue siendo una carrera atractiva económicamente, pero la volatilidad de la empleabilidad genera incertidumbre y desincentiva nuevas matrículas. Si el país no actúa ahora, el déficit de geólogos especializados podría transformarse en un problema estratégico durante la próxima década.

Chile tiene el potencial geológico. Tiene industria minera. Tiene universidades de excelencia. Lo que aún falta es una visión moderna sobre el tipo de profesionales que el país necesitará para enfrentar la nueva economía de los minerales críticos. Porque el verdadero recurso estratégico no está solamente bajo tierra. Está también en la capacidad de formar a quienes serán responsables de gestionarlo con conocimiento, responsabilidad y visión de futuro.