De acuerdo con el Índice de Incertidumbre Mundial (WUI) navegamos por aguas inquietas donde la geopolítica y la economía perdieron las premisas de un orden que viene desde el final de la II Guerra Mundial. Sin embargo, el sector energético comienza a revelar algunas certezas que no solo definen el futuro global, sino que interpelan directamente el rol de América Latina y el Caribe (ALC) en el nuevo orden mundial.
La primera es ingresar en la era de la electricidad con un complemento en la transición, del gas natural. La demanda eléctrica se dispara, impulsada por la inteligencia artificial, la descarbonización del transporte y algunos sectores industriales. Para nuestra región, lo anterior representa un desafío de infraestructura e inversión monumental, pero también una gran oportunidad dado que poseemos una de las matrices eléctricas más limpias del mundo. Este es un atributo que hoy es sinónimo de competitividad.
El auge de las energías renovables son parte de las metas ambientales, pero también son producto de la soluciones de mercado por ser la opción tecnológica más económica. A esto se suma un nuevo apetito por la energía nuclear que vuelve a escena como una fuente que aporta a la seguridad de suministro en nuestros sistemas eléctricos en transformación.
Además, esta transición requiere seguridad en la provisión de los minerales críticos y es aquí donde ALC deja de ser un espectador para convertirse en protagonista. Con las mayores reservas de litio y cobre del planeta, nuestra región cuenta con el 25% de la producción de todos los minerales estratégicos en este proceso de transformación. Es decir, tiene una de las llaves de la transición global.
Por otra parte, y en el contexto de las transiciones energéticas, los gobiernos toman decisiones en el sector, entendiendo que la energía es también un asunto de seguridad nacional. Esta tendencia busca blindar cadenas de suministro y mitigar riesgos geopolíticos.
La parálisis por incertidumbre es el mayor riesgo actual. En este escenario, ALC está llamada a ser el motor renovable del planeta. Esta es la región clave por su capacidad de exportar minerales estratégicos y su potencial inigualable en generación solar, eólica e hidrógeno verde. Nuestra certeza debe ser la acción estratégica. Debemos aprovechar esta ventaja competitiva para atraer inversión de alta tecnología y blindar nuestras redes. En un mundo en constante transformación e incertidumbres, el liderazgo regional en energías limpias es nuestra mejor carta de navegación.
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