El hombre más importante de Chile

“El hombre más importante de Chile”. Estas palabras de Neruda para elogiar a Lipschutz parecen las más justas para destacar a Jacques Chonchol entre nuestros compatriotas de hoy.

Como joven experto de CEPAL hizo sus primeras armas en la reforma agraria cubana, regresando a Chile para ayudar al gobierno de Frei Montalva a encabezar la Reforma Agraria.

En las postrimerías de ese gobierno y percibiendo acertadamente que la situación exigía apurar el tranco en lugar de moderarlo, renunció a la Democracia Cristiana y fundó el MAPU siendo su precandidato presidencial en 1970. Como es sabido, fue el ministro de Agricultura de Salvador Allende y presidió la expropiación de 4.490 predios con 6,6 millones de hectáreas. Los sindicatos campesinos englobaban a más de 300 mil trabajadores y se restituyeron 150.000 hectáreas usurpadas a los mapuche.

Entre 1965 y 1973 bajo la conducción de Chonchol se expropiaron casi 10 millones de hectáreas pertenecientes a 5.809 predios, beneficiando a 150.000 familias campesinas, aparte de los 300 mil sindicalizados.

Nunca hubo una transformación más profunda e irreversible en la sociedad chilena. No olvida Chonchol que la Contra Reforma Agraria de Pinochet suprimió las leyes mencionada, persiguió violenta y masivamente a los campesinos, devolvió a los antiguos dueños las “reservas” y vendió a sociedades forestales cerca de un 8 por ciento del territorio nacional y volvió a usurpar la mayor parte de la tierra restituidas a las comunidades mapuche. Un 40 por ciento de las tierras expropiadas se asignaron a campesinos, pero solo uno de cada seis las conserva hoy.

A pesar de lo anterior, “con la Reforma Agraria se terminó para siempre y no se reconstituyó bajo el régimen militar ni posteriormente el viejo latifundio tradicional, su insuficiencia productiva y su poder político y social sobre el campesinado”, concluye el principal conductor de este grandioso proceso.

Sus enemigos lo apodaron Atila, decían que donde pisaba no salía más el pasto. La verdad es que Jacques Chonchol es una persona prudente, tranquila, sobria, reflexiva, tierna y cariñosa, nadie más alejado del extremismo, la exaltación o la violencia. Sin perjuicio de ello, con gran inteligencia percibió que lo que estaba en marcha era una auténtica revolución y que única manera de conducirla a buen puerto era actuar con decisión.

Todos los pueblos irrumpen periódicamente en la escena política en estallidos masivos que fuerzan al Estado a realizar los cambios que se requieren en cada momento.

Pero de todas esas revueltas, solo una recibe el nombre de Revolución con mayúscula, aquella donde el campesinado tradicional se ha levantado masivamente, como sucedió en Chile entre 1964 y 1973. Fue el joven Jacques Chonchol quien sugirió a Frei Montalva la consigna de “Revolución en Libertad” y él propuso al Presidente Allende que la Reforma Agraria debía ser “rápida, drástica y masiva” para minimizar sus efectos negativos.

¿Que nos sugiere ahora Jacques Chonchol? Pues nada más y nada menos que una nueva Reforma Agraria de ocho puntos

1) Recuperar para la nación el control de las aguas.

2) Compatibilizar la agricultura de exportación con la seguridad alimentaria interna.

3) Evitar la nueva concentración y extranjerizacion de la tierra.

4) Defender los escasos recursos de tierra útil disponibles para la agricultura.

5) Evitar la extensión del monocultivo forestal.

6) Establecer una nueva legislación sindical campesina.

7) Desarrollar un fuerte movimiento cooperativo y proteger la agricultura familiar.

8) Devolver a las comunidades mapuche las tierras usurpadas y desarrollar una política de mejoramiento económico y social de los pueblos indígenas.

Una  Nueva Reforma Agraria con estas características, junto a la renacionalización del cobre, recursos mineros y pesqueros, y el término de abusos como las AFP y créditos estudiantiles, es uno de los puntos centrales del programa que el país y la economía requieren y cuya realización es condición esencial para que la justa indignación del pueblo, que a su vez es la fuerza poderosa que permitirá realizarlas, se canalice de manera constructiva y no termine llevando el sistema democrático a la hecatombe, como advertía Arturo Alessandri a quienes postergan las reformas necesarias.

Una Nueva Reforma Agraria tiene asimismo un profundo contenido histórico. Durante dos siglos, el duro camino de acumulación de una moderna fuerza de trabajo urbana, libre, razonablemente sana y educada, fue sinónimo del violento proceso de expropiación del campesinado que ha venido dando a luz la modernidad “chorreando sangre y lodo por todos los poros, de los pies a la cabeza”, como describió Marx la manera en que cursó en la Inglaterra del siglo XVIII.

Sin embargo, en la estela de los horrores de la Segunda Guerra Mundial nació en Asia una nueva forma de urbanización sin expropiación del campesinado.

Los ejércitos victoriosos de la coalición antifascista y la revolución que los acompañó en algunos países, realizaron profundas reformas agrarias en Japón, Corea, China, Taiwán y otros países del Sudeste asiático.

Los Estados modernos que allí surgieron protegieron hasta hoy la propiedad campesina y les garantizaron un ingreso monetario, al tiempo que urbanizaron y proporcionaron salud y educación terciaria a sus hijos. Así conformaron sociedades capitalistas singularmente dinámicas, igualitarias e integradas y más respetuosas el medio ambiente que las precedentes en etapas similares.

La Nueva Reforma Agraria chilena deberá reconocer el rol esencial del campesinado en la Revolución que fue la partera del Chile moderno y reparar debidamente a todas las víctimas de la feroz revancha que se tomaron los latifundistas contra los campesinos tras el golpe militar, en primer lugar a las familias de los centenares de campesinos detenidos desaparecidos y ejecutados, a las víctimas de los infames decretos 208 y 1.600 y a los miles de campesinos presos y torturados.

Asimismo, habrá que restituir las tierras usurpadas a aquellos campesinos que las recibieron en propiedad y proteger las de quienes las mantienen hasta hoy, estableciendo condiciones para su eventual venta, como obligación de ofrecer alternativas de arriendos de largo plazo y hacer públicos los precios ofertados, pero, especialmente estableciendo subsidios monetarios ligados al cuidado del medio ambiente y apoyos productivos a los que permanecen en la tierra.

Legislaciones de este tipo existen en muchos países y también en Chile en el caso de las leyes CONADI, la ley Lafkenche y otras.

Nada impide extenderlas a todo el campesinado que sufrió los efectos de la contrarreforma agraria y a todos quienes hoy están siendo expropiados de sus tierras por falta de una protección adecuada. Esta es una política que beneficiará a millones de chilenos cuyas familias participaron de una u otra manera en estos acontecimientos y a todos los campesinos de Chile.

Aún más importante, cuando de alguna manera ello se realice en la medida que en la sociedad chilena pos dictadura el agua termine de volver a su justo nivel, este proceso puede ser la base de una modernidad mejor para todos.

Destacará entonces como merece el nombre de Jacques Chonchol, el hombre más importante de Chile.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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