Hidrógeno verde: cuando la promesa choca con la realidad

Esta semana hemos presenciado el desplome del hidrógeno verde en nuestro país, industria que se había posicionado como la gran promesa para la transición energética y la diversificación productiva del país, que nos posicionaría como líderes a nivel global. Con miles de millones de dólares en el tapete, los dos proyectos de inversión más emblemáticos en Antofagasta y Magallanes enfrentan hoy retrocesos significativos a propósito de la incertidumbre financiera de esta industria a nivel mundial, bajo los mismos nudos críticos que develamos quienes hemos sido escépticos ante esta solución energética.

Cifras rojas son las que provocaron que AES Andes desistiera de la ejecución del polémico proyecto de hidrógeno verde y amoníaco INNA en Antofagasta, la cual amenazaba con uno de los más importantes centros astronómicos de nuestro país, el Paranal. Aunque esta iniciativa de más de 10 mil millones de dólares tuvo fuerte oposición, sobre todo de científicos, no se llevará a cabo tras el análisis de inversiones de la empresa, la cual se enfocará en el desarrollo de energías renovables. En el extremo austral, en Magallanes, el proyecto HNH Energy, también valorizado en cerca de 11 mil millones de dólares, ha anunciado una pausa y repliegue de inversión en su iniciativa en San Gregorio, debido a la incertidumbre de los capitales internacionales involucrados. Ambos proyectos han sido de los mayores montos sometidos a evaluación ambiental en Chile.

Recordemos que el hidrógeno y el amoníaco verde estaban llamados el eslabón perdido para la descarbonización y la transición energética. Se proyectó como respuesta a las industrias no electrificables (como el acero), transporte marítimo, la aviación y el almacenamiento de energía renovable más allá de las baterías de litio. Por eso el hidrógeno se transformó en política de Estado: el gobierno de Piñera y el actual, generaron la mayor viabilidad institucional posible para su desarrollo, el que prometía darle a Chile el liderazgo en esta industria y la exportación de este commodity, sobre todo hacia Europa. Su rol en la diversificación generó que los ministerios de Economía y Hacienda, junto a la CORFO, establecieran todos sus esfuerzos en el despegue de esta industria. Sin embargo, sabemos que para hacer frente al cambio climático no existen balas de plata.

Desde los movimientos ambientales y climáticos siempre fuimos escépticos ante esta promesa de industrialización verde. Si bien la producción de hidrógeno verde genera ciertamente menor impacto en gases de efecto invernadero, es evidente que esta industria no era inocua para el territorio: se han estudiado impactos severos en biodiversidad y en la demanda de agua que se requeriría para implementar estos megaproyectos de extensiones nunca antes vistas en la evaluación ambiental de nuestro país. Todo por una promesa de mercado altamente especulativa que nunca tuvo asidero en la realidad.

No se trata de negar los usos actuales del hidrógeno y el amoníaco como vectores energéticos en ciertos propósitos productivos. El problema es que sus usos se amplificaron de manera ficticia, con un cierto tecno-optimismo del mercado que no se condice con la realidad. Lamentablemente, todavía falta mucho desarrollo científico para asegurar que un elemento tan volátil, combustible y de difícil transporte se pueda transformar en el combustible carbono-neutral que se prometió. Y así lo han entendido capitales alemanes, españoles y japoneses en distintos proyectos en África y en Latinoamérica.

El sector energético es sin duda una de las industrias más relevantes para el desarrollo humano. Sin energía, no podemos asegurar la actividad económica ni la dignidad humana. Sin embargo, en los últimos 30 años hemos sido testigos de cómo grandes proyectos de inversión (como Hidroaysén) se han impuesto como amenaza: si no se desarrolla esta industria o este proyecto, Chile se queda sin luz. Una narrativa similar se estableció con el hidrógeno verde y su rol en la descarbonización y la diversificación productiva del país.

Aún existen grandes desafíos para asegurar el abastecimiento energético en nuestro país, y los proyectos de inversión son relevantes para aquello. No obstante, el desplome del hidrógeno verde debiera dejarnos una lección de fondo: la política energética de un país no puede construirse sobre promesas de mercado ni especulación, sino sobre planificación, evidencia científica y resguardo efectivo de los territorios.

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