La delgada línea entre una crisis local y una mundial

Volatilidad e incertidumbre son las palabras que mejor reflejan la situación económica mundial por estos días.

Si bien, la crisis del euro se puede catalogar como la crónica de una crisis anunciada, dado el nivel insostenible de deuda en la región, hay ciertos hechos que se han ido sumando los últimos días que cambian bastante las proyecciones sobre el alcance que la crisis podría tener. Esto básicamente porque las noticias provienen de otros continentes, lo cual abre las puertas para que la crisis se transforme en una crisis mundial.

Puntualmente las malas noticias provienen de Estados Unidos y China, lo cual es bastante preocupante debido a que estas economías ocupan el primer y segundo lugar, respectivamente, en la producción mundial, representando así alrededor de un 35% del PIB mundial.

En el país asiático, por séptimo mes consecutivo se contrajo el sector manufacturero, el sector servicios desaceleró en mayo mostrando su menor crecimiento en un año y la confianza de los consumidores alcanzó su mínimo anual, todo lo cual refleja fatiga y pérdida de dinamismo por parte de la economía China.

Por su parte en el país norteamericano las noticias no son tanto más alentadoras, esto debido a que el sector real ha evolucionado por debajo de lo esperado en lo referido a creación de empleos y producción manufacturera, lo cual sumado a las turbulencias en Europa ha puesto en rojo el Down Jones la última semana y ha encendido las luces de alerta nuevamente en los bancos norteamericanos.

Todo lo anterior configura un escenario bastante oscuro para los próximos meses, ante lo cual la pregunta lógica es: ¿Cuán oscuro se prevé el futuro? Interrogante relativamente fácil de responder si es que tuviéramos una bola de cristal, pero totalmente incierta dada la complejidad del asunto y las múltiples variables en juego a lo largo de todo mundo.

Sin embargo, hay ciertas señales que deberían provenir desde Europa, epicentro de la inestabilidad económica mundial, que podrían suavizar o agudizar aún más la crisis.

Dentro de dichas señales, hay dos que me parecen trascendentales para calibrar el alcance de la crisis, estas son:

En primer lugar, la resolución del hecho insigne de la crisis del euro, es decir, si Grecia permanecerá o no en la zona del euro. Si bien el peso de Grecia en el euro es bajo, la señal que daría al resto del mundo ante una eventual salida desencadenaría, sin lugar a dudas, un efecto dominó sobre las primas de riesgo en los países que poseen condiciones de deuda relativamente similares.

De hecho, la sola posibilidad de abandono del euro, que tomó fuerza dadas las nuevas elecciones que tendrán lugar el 17 de Junio en Grecia, fue capaz de contagiar a la economía española, elevando la prima de riesgo a niveles límites y desencadenando importantes corridas bancarias.

Y en segundo lugar, probablemente el hecho más relevante, es la decisión política-económica sobre qué medidas se tomarán para reestructurar la eurozona. Si bien la pugna entre la posición francesa y germana aún continúa, todo parece indicar que los líderes políticos comprendieron que la falta de acuerdo y medidas oportunas han aumentado la incertidumbre y profundizado una crisis que se preveía local, ante lo cual se esperan prontas medidas.

Así, es esperable que se llegue a un conceso mixto entre la posición alemana, que se centra en la ayuda monetaria por parte del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional supeditada a un fuerte ajuste fiscal por parte de los países deudores, y la postura francesa, que plantea la posibilidad de emitir eurobonos con el fin de compartir la deuda. Con esto, podríamos estar hablando de una refundación de la eurozona basada en la unión política, fiscal y del sistema financiero.

Lo anterior, garantizaría el poder compartir la deuda y así aliviar a los países más complicados presupuestariamente (postura francesa), pero bajo un esquema mucho más centralizado y estricto en cuanto a la política fiscal y regulación financiera (postura alemana).

En otras palabras, esta fórmula significa una renuncia importante sobre la soberanía fiscal a cambio de la reestructuración de la deuda, lo cual no creo que sea fácil de digerir por parte de la mayoría de los países del euro, dada la importante pérdida de grados de libertad que la medida trae consigo.

A la luz de los hechos, es indudable que el mundo se resfrió y que los síntomas serán desagradables; sin embargo, la duración de este resfrío aún está en juego y pasa por las manos de las autoridades políticas del viejo continente, quienes aún pueden devolver la confianza perdida, calmar a los mercados internacionales y disminuir los alcances de la crisis.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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