Los dioses del agua en Chile

En la importante ceremonia rogativa del pueblo mapuche, el Nguillatún, se solicitaba al Pillán y al Totem entre otras peticiones, la llegada de las lluvias. En ocasiones, los dioses se apiadaban y entregaban el tan añorado elemento con el cual las cosechas se aseguraban para la temporada. En esos tiempos, no existía el Código de aguas ni empresarios dueños del recurso hídrico a perpetuidad, tampoco estaba la clase política que los representaba bajo el amparo de degenerados conflictos de interés. 

Este pasado año 2019 en Santiago cayeron 74 mm de precipitaciones (79% de déficit respecto a un año normal), mientras que el Embalse El Yeso se encuentra con un 27% de su capacidad equivalente a 60 millones de metros cúbicos.

Para entender estas cifras, cabe decir que Santiago consume unos 30 millones de metros cúbicos mensuales. En otros términos, en pocos meses se prevé una situación catastrófica desde el punto de vista de las reservas disponibles, de no mediar que el comienzo del otoño nos regale esos añorados tiempos lluviosos de la década de los 80, cuando comenzaba el año escolar a mediados de marzo y mágicamente el verano desaparecía para dar pie a las primeras tormentas eléctricas de la temporada. 

Para agregar más condimentos a esta sopa de mal gusto, la nieve acumulada en la cordillera del sector Maipo se encuentra con un déficit sobre el 66%. Esta situación es más crítica en zonas como las cuencas de Choapa y Aconcagua con un 80% de déficit de nieve acumulada. Esto significa que los caudales por deshielos previstos para el 2020 presentarán una baja de al menos 62% para el Maipo y 75% para el Choapa y Aconcagua. En el Maule la situación no es muy distinta al Maipo. 

Un nuevo año de sequía pondrá en riesgo incluso la disponibilidad de agua para el consumo humano, pero probablemente el Nguillatún no será suficiente para que los dioses accedan esta petición, ya que algunos de “ellos” particularmente de la ultraderecha chilena, desde hace años se han negado a realizar cambios estructurales al Código de aguas. 

Esta semana el senado rechazó la idea de legislar el proyecto de reforma al Código de aguas con 24 de los 29 votos necesarios para su aprobación.

Los rechazos, esta vez, vinieron de “dioses” militantes de la UDI (8), RN (3) y ex Evópoli (1), quienes se mostraron a favor de que el agua siga privada y perpetua sin siquiera mostrarse dispuestos a discutir la idea de legislar.

Con esto evidencian la férrea posición que han tenido durante 40 años para defender el estatus quo neoliberal, dejando al Estado sin herramientas para asegurar el derecho humano al consumo de agua, frente a las más frecuentes sequías y al cambio climático ya presente. 

Curiosamente las regiones a las que representan estos personajes recalcitrantes tienen una amplia producción agrícola, sector que posee más del 70% de los derechos de agua, muchos de ellos entregados gratuitamente al comienzo del régimen. Desde entonces, ya han percibido ganancias en exceso sin pagar nada por el usufructo de un bien nacional de uso público. Algunos incluso plantean en forma descarada que el Estado tiene la potestad de expropiar este recurso, es decir, efectuar con dineros públicos una compra de un recurso que inicialmente fue regalado. 

El argumento para oponerse es añejo: la política del terror, aquella donde la inversión extranjera se irá del país debido a que se les quitarían los derechos entregados, aunque curiosamente estos inversionistas tendrían que irse un país donde el agua no es privada, dado que Chile es el único país donde esto ocurre, ¿paradójico no? 

Otro argumento, nuevo esta vez, es que no hay razones para apurar la aprobación de esta iniciativa, ya que ingresaría al debate constitucional que comienza en abril, pero los mismos próceres del estallido se han alineado a rechazar cualquier cambio constitucional e incluso ya se han avizorado elementos para boicotear dicho proceso. 

La agricultura entrega muchos puestos de trabajo, pero también hay que destacar los beneficios se los llevan unos pocos. La familia Walker Prieto posee derechos de aguas que superan los 28 mil litros por segundos en diversas regiones, pagando impuestos irrisorios y generando un beneficio social mínimo. 

El actual ministro de Agricultura con un claro conflicto de interés, entra al debate público con derechos de agua de más de 250 litros por segundo para regar sus manzanas y kiwis.

Con ese estatus hace un llamado a cuidar el agua, resaltando el riesgo en la agricultura, sin descartar el racionamiento al consumo, indicando que las ciudades chilenas tienen consumos de agua mayores a los estándares europeos, algo completamente falso, ya que la desigualdad social también se ve reflejada en los consumos per cápita de agua donde en Chicureo alcanza valores de 1.100 litros al día por persona (nivel europeo) y en Huara alcanza apenas los 68 litros al día por persona (niveles africanos). 

Seguramente debemos acortar nuestras duchas, lavar los platos con el tapón puesto o bien regar los grandes jardines de nuestras mansiones por la noche.

La virtud teatral con que algunos ministros sueltan frases resulta un insulto irritante para la ciudadanía. Los “dioses” del agua en Chile se niegan a asegurar el derecho humano, pero facilitan el despojo y privilegio de usurpar los recursos naturales.

https://www.elmostrador.cl/dia/2019/12/30/ministro-walker-y-sus-derechos-de-agua-los-tengo-para-regar-los-manzanos-que-he-plantado-en-los-ultimos-20-anos-de-mi-vida/

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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