Piketty desnuda el capitalismo salvaje

Participé del homenaje que la Universidad de Chile rindió a Thomas Piketty, oportunidad en que expuse algunas reflexiones sobre su libro El capital en el siglo XXI y  la situación de Chile.

Es una obra monumental, en un tema  que siempre debió ser relevante, pero que solo recientemente ha captado el  interés de líderes de opinión pública; a veces más en las palabras que en las acciones y poco en la reflexión para la acción eficaz. El hecho es que ha predominado  un aumento de la desigualdad en parte importante del mundo; entre los menos desiguales como los europeos y aún más fuertemente en Estados Unidos.

En cuanto a América Latina y Chile sigue una gran desigualdad. Parte de la literatura ha destacado, con cierta euforia, una mejora en los años recientes, pero ésta es principalmente una recuperación luego de un  deterioro con el contagio de las crisis asiática y global, gracias a precios de exportación espectaculares hasta 2013.

Un buen análisis, para no tropezar con la misma piedra, exige controlar por los precios de exportación (términos de intercambio para los técnicos) y por las etapas del ciclo económico, recuperar lo perdido luego de una desaceleración o recesión no es lo mismo que avanzar y crecer.Los chilenos debiéramos estar muy conscientes de ello.

Su libro ha sido objeto de innumerables reseñas, análisis,  aplausos y críticas. He leído muchas y hay gran heterogeneidad. Encuentro algunas de las críticas muy pobres y prejuiciadas. Las aborda Bradford de Long, destacado profesor de Berkeley, quien hace un sólido  comentario de algunas. Hay, por otro lado, comentarios muy positivos de  Krugman, Solow, Stiglitz (3 premios Nobel), y Dani Rodrik (muy profundo análisis), entre otros.

La generación de cifras por Piketty y sus colegas las acompaña de diversos antecedentes, análisis de los respectivos momentos históricos, económicos, sociales y políticos: las dos guerras mundiales, la revolución francesa y la de la Independencia de los Estados Unidos; el entorno internacional; la revolución  neo-liberal de Reagan y Thatcher; la social democracia y la construcción del Estado Bienestar de Europa occidental en la pos-guerra, la expansión y estancamiento de la clase media; la globalización financiera de fines del siglo XIX y los años 20s y la reciente globalización y volatilidad financiera y las restricciones negativas que les impone a las políticas nacionales, y como superar algunas.

También abarca el rol regresivo del auge de los paraísos fiscales, que afortunadamente  la UE y EEUU  están tratando de  morigerar (ver las enormes multas impuestas a algunos de los mayores bancos  del mundo por US; lamentable nuestra América Latina con su pasividad al respecto. Y también aborda el tema del dinero en la política. Para su nueva edición podría incluir  el caso PENTA.

A propósito de Reagan y Thatcher, en Estados Unidos y Gran Bretaña se registró un enorme deterioro distributivo con ellos. Hay un gran libro del Premio Nobel Paul Krugman de 1988-89 que nos fue  muy útil en la lucha por recuperar la democracia en ese bienio, en dos trancos en 1988 en la campaña del No y en 1989 para la elección presidencial abrumadora de Aylwin.

En cuanto a efectos del neoliberalismo en Chile, Pinochet y sus economistas fueron pioneros en el periodo 1973-89, logrando un deterioro espectacular de la distribución del ingreso y riqueza en los 70s y 80s, siendo el peor año en lo distributivo 1987.

Deterioro del coeficiente de GINI de 48 a 57, en la relación entre el quintil de población más rica y  más pobre que se elevó de 12 a 20 veces entre antes de la dictadura y en los  80s; en EEUU ese coeficiente es de 9 veces, en la Unión Europea 7, Escandinavia 5.

Se suma el crecimiento del PIB en Chile, que contando  alzas y caídas fue de 2,9% anual en los 16 años de dictadura, versus 4,5% en la anterior democracia en los 60s y 7,1% en los primeros 9 años de retorno a la democracia.

La riqueza o capital, título del libro  de  Picketty juega un rol central en el análisis y en la desigualdad (el ingreso del capital es mucho más desigual que el del trabajo). El capital lo desagrega entre tierra, vivienda, infraestructura, equipos; entre capital heredado y creado, distinguiendo la acumulación de capital, por productividad (un aporte al PIB), por ganancias de capital (rentas económicas o windfall gains en inglés, lo que se logra  a costa de pérdidas de otros, no aporta al PIB), reinversión de utilidades (ahorro y que financia inversión), y por herencia sobre lo que provee mucha  información de enorme interés.

Distingue entre capital público y privado; entre nacional y extranjero (concluyendo que siempre es mayoría pero variable el privado nacional). Todas estas desagregaciones las hace con muy interesantes comparaciones de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Escandinavia y EEUU y sus variantes a través de los decenios y los diversos efectos distributivos.

Hay fuertes cambios a través del tiempo. ¡Tal como en Chile la distribución ha experimentado grandes cambios! Quizás, sorpresa para varios: Suecia en 1900-10 era tan desigual como Francia y Alemania, luego se les adelanta en la construcción de sociedades más integradas  e igualitarias.

Nos insiste en que “no hay un determinismo económico respecto a las desigualdades de riqueza e ingresos” (p. 20 y se lo he escuchado por lo menos tres veces); es muy reiterativo en esto, qué incoherente es acusarlo de determinista. ¿No hay nada qué hacer sobre crecimiento del PIB y la distribución?, cuando usa cientos de páginas  sobre por qué y qué hacer para cambiar las tendencias.

Sostiene que  el grado de desigualdad es una consecuencia de instituciones, políticas, costumbres, accidentes históricos, fenómenos sociales, y estilos de hacer economía y participación democrática y equilibrio entre “voces” entre diversos sectores ciudadanos. Efectúa un análisis muy sustantivo de fuerzas convergentes y divergentes de la  distribución del capital y el ingreso.

Está escrito de manera muy didáctica, explicando repetidamente algunos conceptos. Me parece muy apropiado hacerlo. Pero, es un  libro de 700 páginas y con temas profundos y complejos. Paciencia para leerlo y para consulta permanente.

Reitera él que a pesar de sus grandes avances en cifras aun son “imperfectas e incompletas”, pero indudablemente constituyen un notable avance para progresar en la comprensión del por qué estamos donde estamos,  cómo evitar repetir errores y cómo corregir estructuralmente la desigualdad.

Advierte, en la frase final del libro, cuidado con “negarse a usar las cifras porque ello rara vez favorece a los más pobres”. Negarse favorece el “statu quo” regresivo. Los números que nos  ofrece están objetivamente a favor de los que queremos  combatir la desigualdad. Beneficiarios de la desigualdad no quieren que se miren y entiendan las cifras.

Comparto plenamente sus  comentarios  sobre el intento neoliberal de presentar a la economía como una  ciencia precisa  y unívoca; la verdad única que se pretendió vender en la dictadura.

Comparto su crítica a la excesiva matematización de la  economía y su enseñanza matematizada con un “agente representativo homogéneo” en sociedades supuestamente homogéneas y demasiado con similares oportunidades: desaparece el ser humano y lo reemplaza la L de labor en muchos modelos.

Agrego por mi cuenta, que la economía neoliberal --a pesar de su responsabilidad central  en la crisis global de 2008-09 y sus secuelas hasta hoy--, está aún demasiado al mando de mucho de la academia, instituciones internacionales y gobiernos, ella es excluyente. Interesante contraste con los 30s: la economía financierista de los 20s fue desplazada entonces por el keynesianismo.

El enfoque neo-liberal, la deificación del mercado como mandante, la sociedad de mercado, con autonomía de  instituciones respecto del  control democrático, el Estado pasivo, implica ignorar, en las políticas microeconómicas y macroeconómicas, la fuerte   heterogeneidad estructural entre trabajadores de baja y alta  capacitación, entre inversionistas financieros e inversionistas productivos, entre empresas grandes y pequeñas, entre nacionales y corporaciones transnacionales. Esa heterogeneidad hace necesarias políticas selectivas que busquen activamente la reducción de la desigualdad.

El neoliberalismo  repite, sin sustento numérico, que primero hay que crecer y luego viene la distribución, y  que es negativo para el desarrollo actuar sistemáticamente para mejorar la distribución. En verdad, se puede hacer mal, nivelando hacia  abajo sin crecimiento como muchos populismos y revoluciones lo han hecho;  o nivelando hacia arriba, acelerando el crecimiento.

Lo repito, en dictadura y su neoliberalismo desatado, el crecimiento promedio fue de 2,9% del PIB. En los primeros 9 años de democracia (1990-98) fue de 7,1% (otra historia son los siguientes 15 años, con un  promedio de 3,9%, en la trampa del ingreso medio. Por lo tanto, se puede hacer que la economía  se sitúe al servicio de la gente con un claro sesgo incluyente, como expondremos algunos elementos respecto del Chile de hoy.

En el diseño de las políticas públicas siempre debiera tener presente esta Heterogeneidad Estructural, no hacerlo, suele ser regresivo pues deja terreno libre a la tendencia concentradora de un  mercado desregulado y desaprovecha las potencialidades de trabajadores y PYMEs, y consolida la desigualdad.  Y el mercado es esencial para  el desarrollo, debidamente regulado, como Piketty lo expresa y lo comparto plenamente. Todas las economías desarrolladas son de mercado, pero todas con Estado fuerte (Francis Fukuyama II). En Chile tenemos un Estado muy  débil y limitado para el nuevo ciclo, que tiene que ser un ciclo incluyente.

Piketty reitera que sus críticas a tendencias  de la academia no intentan  minimizar el rol de la economía, si no por el contrario, contribuir a reformarlo y  corregirlo. Vemos cómo muchos estudiantes progresistas (que quisieran que se redujese la desigualdad) se desilusionan del sesgo  neoliberal de la enseñanza de la economía en  gran parte del mundo.

Jóvenes no se vayan, necesitamos más economistas con sólida formación, comprensión de las fuentes del desarrollo incluyente, sentido pragmático (en el sentido de realistas, con los pies en la tierra y convicciones  reformadoras,  conscientes del daño ético, y del daño para el desarrollo que  implica la desigualdad); les pedimos que, desde una economía heterodoxa, sólida, trabajen creativamente con otras disciplinas. Cómo hacer economía con desarrollo integral.

Las contribuciones notables de Piketty, como economista  e historiador de la economía,  como un demócrata profundo, están contribuyendo a modificar los términos del debate sobre la desigualdad  y a elevar la eficacia de las acciones. No es una  biblia; algunas afirmaciones no las comparto, pero sí ofrece un terreno muy ricamente abonado para cambiar las tendencias regresivas de los decenios recientes y contribuye para un cambio más eficaz y eficiente. Para pasar de buenas intenciones a eficacia en el logro de los objetivos de desarrollo incluyente y para dejar al descubierto errores dogmáticos basados en desconocimiento de la historia.

Ahora, para cerrar, algunas reflexiones complementarias  con la obra de Piketty, sobre  la economía y situación social de Chile  y algunos de los muchos desafíos que enfrenta.

¿Dónde estamos? Chile tiene un PIB por habitante, (en paridad de poder de compra o ppp), de 37% del de los EEUU, muy lejos del desarrollo y somos más desiguales. Esto es PIB por habitante con su correlato de producto por miembro de la fuerza de trabajo  (trabajadores y emprendedores). Desigualdad en ingresos laborales y mucho más en ingresos del capital. Con una carga tributaria que es  cerca de la mitad de los desarrollados (20% vs 40% del PIB, bien medida).

Nuestra brecha con el desarrollo económico no se ubica en nuestras grandes empresas y exportadores (muchos son campeones en el mundo). La brecha de productividad está en las PYMEs, en los trabajadores de menor calificación y en los informales en comparación con los mismos sectores de los países desarrollados. Allí están las brechas de productividad entre el 37% promedio de Chile y el 100% de US. 

Tal como lo hace Piketty, usaré números para sustentar sus ideas fuerzas.

1. La carga tributaria tan baja es una traba.

2. El stock de capital hay que elevarlo mucho más aceleradamente (como lo hicimos en 1990-98).

3. La productividad de las PYMEs hay que  incrementarla.

4. La calidad de los trabajadores de menor calificación elevarla. La reforma educacional, bien hecha,  con calidad creciente, surte efectos en décadas. Ahora hay que  elevar la productividad de la actual fuerza de trabajo.

5. Hay que mejorar el manejo macroeconómico (no basta la inflación baja, además el empleo alto y evitar continuas aceleradas y frenadas, precio del dólar ultra volátil),  mercado de capitales o financiero para el desarrollo de PYMEs y nuevos emprendedores sin herencia; apoyar los novedosos esfuerzos del Banco Estado al respecto. Desde 1999 solo hemos estado cerca del empleo pleno apenas en un par de años.

Hemos avanzado en 2014 en lo tributario. A pesar de varios traspiés, pasamos de  menos de la mitad de los desarrollados a algo más. Un respetable 3% del PIB en régimen; similar a la reforma al inicio del retorno a la democracia en 1990. Se hace de manera  indiscutiblemente progresiva.Es un avance respetable, con el desafío de combatir severamente la evasión y la elusión, y que se note.

Capital y PYMEs.

¿Cómo salir de la trampa de que la acumulación de capital involucre concentración del ingreso?El mayor ahorro e inversión que implica, pues Chile necesita más de ambos, se concilia con  la reducción de la desigualdad en la medida que se “democratice” la propiedad del capital.

Allí entran las PYMEs en pleno: un millón de emprendedores (1/8 de la Fuerza de Trabajo) cuya participación tendría que elevarse, no solo por  justicia  o equidad, sino porque allí están las grandes brechas entre Chile y los países desarrollados.

Es la gran apuesta  a favor de las PYMEs, que Chile  debe hacer para acelerar el crecimiento y la equidad. Para ello, es ineludible una reforma del mercado de capitales, canalización de fondos de las AFP hacia el desarrollo productivo nacional (US$60 mil millones  invertidos en el exterior, dando trabajo allá en vez de en Chile); corregir  la tasa de interés, que es abrumadoramente alta para las PYMEs.

Hay, recientemente, muy positivos avances del gobierno con el aumento de capital de Banco Estado  y prioridad para las  PYMEs; es un  primer paso. Tomar como  tarea urgente un gran programa de capacitación laboral; Piketty lo destaca dentro del tema de productividad laboral o capital humano en lenguaje profesional.

Comenzamos a avanzar en capacitación laboral y crédito para las PYMEs, nos hemos  detenido muchas veces en estos 25 años de democracia. Impulso a políticas de desarrollo productivo, comenzando por los clusters definidos en el anterior gobierno de la Presidenta Bachelet, se está  avanzando; hay que darle  impulso permanente, que la coyuntura no se trague a la construcción de una estructura productiva incluyente.

En todos estos  temas, la academia está en gran deuda. Necesitamos un remezón constructivo en las fuentes de financiamiento de la investigación, en su aplicabilidad, en la conexión con el mundo productivo y en los efectos distributivos, en la estrecha  coordinación de las universidades, por lo menos de las públicas con las políticas públicas.

Estamos frente a una indiscutible contribución de Piketty a  la profesión de economistas, a las ciencias sociales y a la opinión pública (como escribe Dani Rodrik). Una gran mente enfocada a los grandes desafíos de la sociedad mundial y de la democracia y el humanismo.

Algunas de las críticas muy publicitadas al libro de Piketty.

Las hay  interesantes y con puntos que merecen  reflexión y que, a veces, calzan con algunas de las  muchas interrogantes que se plantea el mismo Piketty. Sin embargo, los titulares de la prensa se han rebajado a un nivel de desconocimiento del contenido del libro muy impresionante, achacándole  afirmaciones o negando  parte de su valioso contenido.

Por ejemplo, se afirma que "daría por contado el crecimiento económico". No, solo si se extrapolan ciertos tendencias, pero justamente analiza cómo modificarlas, o "que no considera el capital humano" cuando hace extensos análisis de cómo ha evolucionado la educación en diversos países y su impacto en ingresos laborales , "que ignora las viviendas y bienes durables" (el capital en vivienda está ampliamente cubierto, pero sobre el tema  durables, no saben los críticos que todas las  cuentas nacionales --EEUU, Chile, etc.--, no lo consideran como capital si no como consumo).

También se ha escrito  "que sostiene erróneamente que la concentración es producto de la herencia", obviamente, la herencia es parte de la riqueza personal y lo conforma con datos irrefutables, pero examina en extenso cómo ha ido cambiando a través del tiempo en comparación con la acumulación en vida. ¿A algunos críticos quizás les moleste que  documente los fuertes impuestos a las herencias en los países desarrollados y el rol distributivo que jugó en los Estados Unidos y Europa?

Pero hay más. "No toma en cuenta la movilidad social del 1% más rico en el tiempo", sí la toma y  examina el cambio experimentado en la composición social. Todos estos temas los desmenuza, compara países y épocas. ¿Ignorancia extrema o mala fe de esos críticos tan publicitados por  cierta prensa?

Un ejemplo de ello es el de una de las mentes más extremistas y que parece marearse con cualquier número, que afirma “Piketty equivocado de principio a fin”, y se ganó  gran titular gracias a la profundidad de su declaración.

Gran contribución de Piketty a los que queremos reducir la desigualdad nivelando  hacia arriba, con crecimiento incluyente.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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