Progresos y desafíos pendientes en América Latina

La percepción sobre el estado y el futuro de los países de América Latina mejoró notablemente en los años recientes. Las calificaciones de riesgo son muy favorables, en general, y los flujos financieros elevados, los que están muy interrelacionados con esas percepciones optimistas

¿Está la región en un nuevo sendero sostenible de crecimiento? La respuesta es que hay progresos, pero subsisten graves deficiencias en lo económico y lo social, con índices de vulnerabilidad riesgosos.

Pese a las mejoras sustantivas registradas en políticas públicas, la región sigue muy lejos del desarrollo.

Por ejemplo, su ingreso promedio por habitante es apenas un tercio del que dispone el ciudadano estadounidense y la desigualdad es notablemente mayor. Falta crecer reduciendo la desigualdad en los mercados, en la calidad de los empleos y en las diferencias salariales.Privilegiando la producción y la innovación por sobre la especulación.

Los decenios recientes muestran una región con grandes fluctuaciones cíclicas. Una década perdida con la crisis de la deuda de los 80s, seguida por la instauración del llamado Consenso de Washington, un enfoque neoliberal, regresivo e intenso en crisis financieras.

Una recuperación en 1990-97, elevando el crecimiento del PIB a 3,2% anual, seguida por un sexenio (1998-2003) deprimido por el contagio de la crisis asiática.Luego, un auge fuerte, esperanzador, en 2004-08. Pero, cuando se suman el sexenio deprimido y el auge esperanzador, el crecimiento resulta ser, oh sorpresa, nuevamente un modesto 3,2% anual.

No alcanza para acortar de manera perceptible la distancia con las economías desarrolladas, la pobreza se reduce pero la desigualdad continúa predominando y mantiene a América Latina como la región más desigual del planeta. Luego, en 2009, llegó el contagio de la crisis global.

Enseguida se logró una recuperación notoriamente fuerte, con el vigoroso 5,1 % anual en 2010-11. Una pregunta relevante es si se está creando una nueva capacidad a ese ritmo, y la respuesta evidente es que no. La capacidad subutilizada en 2009 se ha estado reutilizando, y lo que se crea está más cerca de un 3,5%, lo que es poco superior a lo alcanzado desde 1990.

Mejora el desarrollo productivo, surgen interesantes reformas heterodoxas; se activan canales de financiación para las pequeñas empresas y se ha elevado la carga tributaria y la inversión en educación y salud. Pero lentamente y aún con demasiados residuos neoliberales y vulnerabilidades.

Las crisis se transmiten, entre otras, por el volumen del comercio, por sus precios y por los flujos de capitales financieros. El volumen de las exportaciones cayó fuerte en 2009; también sus precios, pero éstos por pocos meses.

De hecho, la región ha gozado, en particular Sudamérica, de precios de exportación notablemente favorables. Si se comparan con el de sus importaciones, los llamados términos del intercambio, antes del contagio de la crisis eran más de 20% superiores a los de la primera mitad de los 2000s.

Ello implicó que en 2004-08 desapareciera cualquiera escasez de fondos externos; una parte sustantiva llegó a las arcas fiscales, contribuyendo así a la mencionada holgura fiscal. La breve caída de los precios de exportación en 2009, fue seguida rápidamente por una espectacular alza, arrastrada por la demanda de la economía china. En 2011, los términos del intercambio ya eran 30% mayores que en los inicios de los 2000. La historia enseña que estas alzas regularmente son seguidas por caídas brutales. Es un grave riesgo acomodarse a esas alzas transitorias, actuando como si fuesen totalmente permanentes.

La forma de evitar repetir la historia de crisis financieras de América Latina implica corregir fallas estratégicas causadas por la liberalización cambiaria y de la cuenta de capitales.

Una nueva arquitectura del sistema financiero internacional debiera estimular a los países en desarrollo a regular los flujos financieros, en vez de impedírselo. Así podríamos avanzar hacia lo que hemos denominado una macroeconomía para el desarrollo versus la macroeconomía financierista.

Con ello se evitarían recurrentes crisis, pudiendo entonces concentrar los esfuerzos nacionales en reformas que corrijan el funcionamiento regresivo de los mercados.

Capacitación laboral; fortalecimiento de las organizaciones sindicales y sociales y desarrollo de emprendimientos de pequeñas, medianas y micro empresas conforman un trío esencial. Una reforma tributaria progresiva, que combata el lavado de dinero, la evasión y la elusión, debiera proveer los fondos para el desarrollo productivo y social.

Todos estos desafíos forman parte de la compleja estrategia de desarrollo que la región debiera estar diseñando.

Leer versión extendida en: http://www.asuntospublicos.cl/2013/03/progresos-y-desafios-pendientes-en-america-latina/

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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