Bienestar docente y liderazgo directivo

Cada tres años, la prueba PISA (Programme for International Student Assessment) no solo mide los aprendizajes de los estudiantes, sino que en algunos países (lamentablemente en Chile no) también indaga en las percepciones de los docentes sobre el liderazgo del director. Les pregunta, por ejemplo, cómo el rol de sus directores influye en su desempeño profesional, en la calidad de la enseñanza, en la colaboración entre colegas y en la convivencia dentro de las escuelas.

Este mismo ejercicio quisimos hacer en el nuevo Índice Nacional de Bienestar Docente, elaborado en conjunto por la Universidad del Desarrollo, Universidad San Sebastián, Elige Educar y Fundación Santillana, que contó con una participación de 1.327 profesores de distintas dependencias a lo largo del país.

Los resultados fueron alarmantes. El 43% de los docentes en Chile declara que el director de su escuela nunca ha observado el aprendizaje en el aula, el 41% señala que nunca ha recibido retroalimentación basada en observaciones de su director, y el 29% afirma que su director nunca colaboró para resolver problemas de disciplina.

Estos tres factores no solo se dan con baja frecuencia: son señales críticas de un liderazgo que, por diversos motivos, no está logrando llevar a cabo su función más importante; apoyar el trabajo de los profesores. Observar lo que ocurre dentro del aula, ofrecer retroalimentación pedagógica y apoyar en la gestión de la convivencia escolar no son gestos simbólicos; son prácticas concretas que impactan directamente en los docentes y, por tanto, en los aprendizajes de los estudiantes.

Sabemos, por investigaciones previas a nivel nacional e internacional, que la percepción de apoyo por parte del equipo directivo es uno de los factores más relevantes para que los profesores permanezcan en la profesión. Esto cobra especial importancia en el caso de los docentes nóveles, que requieren acompañamiento continuo y orientación práctica para consolidarse en su rol.

¿Por qué, entonces, estos apoyos no están ocurriendo? La respuesta no es simple, pero hay una pista clara: la sobrecarga administrativa y burocrática que enfrentan los equipos directivos. Sabemos que muchos directores y directoras están absorbidos por tareas operativas, alejados de su función pedagógica, sin el tiempo ni los recursos para estar presentes en las salas de clases o acompañar de forma sostenida a sus docentes.

De hecho, hace un año, la Encuesta PULS (Promoting Understanding Leadership in Schools) 2024 mostró que Chile encabeza la región latinoamericana en niveles de estrés por sobrecarga administrativa: 55% de los directores declaró sentirse estresado por este motivo, y los equipos directivos dedican aproximadamente 68% de su tiempo a tareas administrativas. Estos datos no solo confirman la tesis, sino que reflejan una realidad estructural que está debilitando el rol pedagógico del liderazgo escolar.

Este hallazgo no debería sorprendernos: de hecho, es exactamente la razón por la que PISA incluye estas preguntas en su cuestionario internacional. Porque un liderazgo escolar que no entra al aula, que no observa ni retroalimenta, y que no colabora en los desafíos cotidianos del clima escolar, no está cumpliendo con su misión más importante: crear las condiciones para que la enseñanza y el aprendizaje ocurran.

Tenemos que volver a poner el foco donde importa. Y para eso, no basta con pedir mejores resultados a los directores. Necesitamos políticas que reduzcan su carga administrativa, formación que refuerce su rol pedagógico, y sistemas escolares que reconozcan y faciliten el liderazgo educativo como el eje central de cualquier mejora sostenida.

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