Admisión a pedagogías y su encuadre en el liderazgo pedagógico y directivo territorial

Coescrita con María Angélica Guzmán, profesora de Filosofía y doctora en Ciencias de la Educación; y Carolina Cuéllar, psicóloga y doctora en Educación

Hace pocos días se conocieron los resultados de las postulaciones vía PAES a los diferentes programas y carreras que se ofrecen en el sistema de educación superior nacional.

Uno de los focos de atención estaba en conocer lo que ocurriría en las pedagogías, considerando la incertidumbre generada por la suspensión y replanteamiento de los criterios de acceso a través de los puntajes mínimos que exige la ley.

Si bien la evidencia muestra que las ambivalencias legislativas que ha conllevado la postergación de los criterios de acceso parecieran tener un efecto en las postulaciones y matrícula, es pertinente tener una mirada más amplia del fenómeno.

Así, existen especialidades de pedagogía que pueden verse más mermadas, sobre todo al alero de los focos que, como país, se quieren acentuar en la formación de las futuras generaciones. En este sentido, por ejemplo, es relevante dimensionar cuántos docentes en los diversos saberes (por ejemplo, ciencias) habrá en el futuro cercano, así como en educación parvularia y diferencial, por los énfasis que tienen estas áreas en el sistema educativo, sin descuidar otras como educación física o idiomas, solo por ilustrar este punto.

Algo similar ocurre con la distribución de docentes en las diversas macrozonas y regiones. Si bien el centralismo del país redunda en que la mayor cantidad de docentes estén en la Región Metropolitana, otras áreas urbanas, y por sobre todo rurales, debiesen contar con un acervo de docentes para abordar los diferentes desafíos y contextos territoriales nacionales.

Otra arista fundamental guarda relación con los futuros liderazgos pedagógicos de quienes hoy están ingresando a estos programas formativos, pues, como docentes, tendrán la responsabilidad de gestionar los mejores escenarios de enseñanza y aprendizaje para sus estudiantes. En proyección, algunos de estos y estas profesionales seguirán capacitándose una vez titulados, por lo que son potenciales líderes directivos en las comunidades socioeducativas en las que se insertarán. Todo esto demanda seguir aunando los eslabones de la Ley 20.903 y su articulación con otras normativas y políticas, tales como los planes de desarrollo profesional en los Servicios Locales de Educación Pública, con el objetivo de lograr la tan anhelada transformación positiva del sistema escolar chileno.

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