Dejar enseñar para que Chile pueda crecer

La mejora de la calidad de la educación escolar es uno de los grandes nudos que Chile debe resolver para avanzar hacia un mayor nivel de desarrollo. La evidencia muestra que las diferencias persistentes en crecimiento y bienestar entre países se explican por la acumulación de capital humano medido en competencias efectivas, más que por años de escolaridad formales (Hanushek & Woessmann, 2012). El gobierno entrante deberá enfrentar este desafío en un contexto restrictivo: escasa holgura fiscal, un Congreso fragmentado y una ausencia de consenso sobre una hoja de ruta de largo plazo para la educación.

La educación ha operado durante años como un chivo expiatorio del debate público en Chile. Numerosas reformas han impuesto responsabilidades a los colegios -desde objetivos de inclusión social hasta funciones propias de centros de salud- sin proveer los recursos, capacidades ni incentivos necesarios para cumplirlas. La literatura es clara al respecto: la sobrecarga administrativa y regulatoria desvía tiempo y esfuerzo desde las tareas pedagógicas centrales, reduciendo la efectividad escolar (Bloom et al., 2015).

Las reformas implementadas a mediados de la década pasada, junto con un período de bajo crecimiento económico, han implicado una pérdida significativa de oportunidades de mejora en la calidad educativa. En particular, la Ley de Inclusión Escolar (2016) restringió severamente la capacidad de expansión de escuelas exitosas; aumentó la complejidad normativa; quitó, con evidencia insustancial, la educación con orientación de excelencia en respuesta al mérito académico; y redobló con poca inteligencia la fiscalización. La evidencia, de hecho, muestra que los sistemas escolares más efectivos combinan rendición de cuentas con autonomía escolar significativa, especialmente en la gestión pedagógica y organizacional, y tienen al menos, algunos componentes de mérito académico (OCDE, 2016; Hanushek et al., 2013; Card, Chyn y Giuliano, 2024).

Una educación de calidad debe asegurar, como piso mínimo, el dominio de competencias básicas: lectoescritura, operaciones matemáticas básicas y resolución de problemas simples. Estas habilidades predicen el nivel individual de productividad laboral, empleabilidad e inserción social (Autor, 2014). En Chile, sin embargo, los datos del PIAAC 2024 (OCDE) muestran que cerca del 44% de los adultos no alcanza niveles básicos en ninguna de estas competencias, e incluso que una parte importante de personas con educación superior presenta déficits funcionales severos en lectura y matemáticas. La evidencia indica que estas brechas, una vez acumuladas durante la educación escolar, son extremadamente difíciles de cerrar en etapas posteriores del ciclo educativo (Cunha & Heckman, 2007).

Es verdad que la educación no es sólo leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y dividir. Pero al menos debería ser eso y, en Chile, no lo es.

Se necesita un conjunto de cambios concretos. Primero, invertir más en la primera infancia y en la Educación Básica, estableciendo estándares más exigentes en lectoescritura y matemáticas con un acompañamiento académico fortalecido a las escuelas. Segundo, reordenar la estructura de fiscalización y subvención, simplificando la regulación que, en este momento, sofoca a los equipos directivos con papeleo infinito y prácticamente nulo poder de decisión sobre su administración. Tercero, a través de reformas a la selección y al estatuto laboral de los docentes, robustecer la autoridad de estos y de los equipos directivos, proveyendo de una base para que los proyectos educativos adquieran sellos propios y pertinentes en sus comunidades. En suma: proveer de recursos, librar de amarras y proteger a los proyectos educativos, para que puedan educar de forma efectiva.

Enfrentar esta realidad de forma exitosa tiene derivados significativos a nivel agregado. El estancamiento del crecimiento económico de nuestro país tiene nudos críticos, de los cuales uno es la ausencia de una masa suficiente de competencias básicas y otro es la baja capacidad de innovación. La mejora de la educación contribuye a la solución de ambos y, por ese medio, aumenta el crecimiento país (Hanushek y Woesmann, 2020). ¿Será éste el momento en que Chile recorrerá el camino hacia el desarrollo?

Referencias
- Autor, D. H. (2014). Skills, education, and the rise of earnings inequality among the "other 99 percent". Science, 344(6186), 843–851.
- Bloom, N., Lemos, R., Sadun, R., & Van Reenen, J. (2015). Does management matter in schools? Economic Journal, 125(584), 647–674.
- Card, D., Chyn, E., & Giuliano, L. (2024). Can gifted education help higher-ability boys from disadvantaged backgrounds? (No. w33282). National Bureau of Economic Research.
- Cunha, F., & Heckman, J. J. (2007). The technology of skill formation. American Economic Review, 97(2), 31–47.
- Hanushek, E. A., Link, S., & Woessmann, L. (2013). Does school autonomy make sense everywhere? Journal of Development Economics, 104, 212–232.
- Hanushek, E. A., & Woessmann, L. (2012). Do better schools lead to more growth? Journal of Economic Growth, 17(4), 267–321.
- OCDE. (2016). PISA 2015 Results (Volume II): Policies and practices for successful schools. OECD Publishing.

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