El derecho frente a la barbarie

El ataque y secuestro del presidente Maduro y su esposa Cilia en Venezuela, sumado a la guerra económica a Cuba, que busca ahogarla para destruir su gobierno y a su pueblo; los genocidios de Gaza, Yemen, Somalía, suponen que cualquier análisis jurídico actual debería reconocer el que las bases del orden internacional post 1945 se ha roto de la forma menos favorable para la causa de la justicia y la paz. La impunidad de EEUU, Israel y la sumisión de Europa destruye las instituciones que se crearon para preservar la Paz y el respeto de los derechos humanos.

El Derecho Internacional se ha convertido en un discurso, las instituciones encargadas de dar forma estricta a su respeto se ven superadas por el imperio, hacen del derecho no una práctica de liberación sino un instrumento de dominación.

El retorno de la guerra de agresión y la política del miedo nos sugiere que se impone la política del leviathán de Thomas Hobbes convirtiendo al "hombre en el lobo del hombre".

Ante este panorama ayuda leer al filósofo del derecho Manuel Atienza, quien identifica que parte del problema radica en cómo los juristas entendemos nuestra labor. Si el derecho se reduce a un conjunto de reglas que los poderosos pueden manipular a su antojo (formalismo extremo) o si se ve meramente como un instrumento de dominación (escepticismo radical), perdemos la capacidad de resistencia. En su libro "Podemos hacer más..." hace una invitación a pensar de otra forma el derecho.

En mi opinión uno de los grandes aportes de Atienza en este libro es su crítica al "positivismo ideológico". En un mundo donde se imponen estados de excepción y se normaliza la barbarie en nombre de la seguridad, los juristas, legisladores, jueces, no puede limitarse a decir: "la ley es la ley".

Propone una visión argumentativa del derecho. Para él, el derecho no es solo un edificio de normas, sino una actividad, un proceso de dar razones.

En tiempos de posverdad y desinformación -una de las paradojas de nuestros tiempos, ya que con tantos medios tecnológicos, estamos incomunicados, desinformados y envueltos en una soledad que nos inunda- por ello pareciera que reivindicar la razón práctica es un acto revolucionario. Si la humanidad vive hoy un momento de fuerza bruta, la respuesta del derecho debe ser la fuerza de la razón. Ya que no basta con que una norma exista; debe ser justificada bajo los principios de dignidad y justicia que dan sentido a la democracia.

Podemos hacer más implica reconocer que el derecho no es un sistema cerrado y estático, sino una herramienta que debe estar al servicio de la emancipación humana.

Frente a la crisis del derecho internacional, donde vemos organismos multilaterales paralizados ante genocidios, desastres climáticos, guerras económicas, Atienza nos recuerda que el derecho tiene una dimensión moral intrínseca. No podemos separar el "ser" del derecho del "deber ser". Esta postura, cercana al constitucionalismo crítico, sugiere que los derechos humanos no son solo declaraciones de buenas intenciones, sino exigencias de justicia que deben informar cada decisión judicial y política.

Pone el foco en la responsabilidad del sujeto. En un momento en que el miedo se utiliza para recortar libertades, el papel de jueces, abogados y académicos es crucial. La "otra forma de pensar el derecho" que propone el autor exige una ética del compromiso.

Si el derecho internacional está siendo destruido, es en parte porque los operadores jurídicos han permitido que la técnica se separe de la justicia. Es una forma de recuperar el derecho como una técnica para la libertad. Esto significa que, ante la barbarie, el jurista no puede ser neutral. La neutralidad en contextos de opresión es, en última instancia, complicidad.

La pregunta que surge es si el optimismo racional de Atienza tiene cabida en un siglo XXI marcado por algoritmos de control social y conflictos bélicos asimétricos. El autor argumenta que sí, siempre que entendamos el derecho como una utopía realista. Que hermoso concepto: utopía realista, algo así como: los sueños son parte esencial de la realidad.

El derecho internacional de los derechos humanos es, quizás, el mayor logro civilizatorio de la humanidad. Su crisis actual no es una prueba de su invalidez, sino de la urgencia de fortalecerlo a través de una práctica jurídica más combativa y menos complaciente.

Atienza propone: priorizar los principios sobre las reglas cuando estas últimas conducen a la injusticia; entender la argumentación jurídica como un diálogo democrático; reconocer que el derecho debe ser un límite infranqueable al poder económico y militar.

La obra de Manuel Atienza no es solo un tratado de filosofía del derecho; es un manual de resistencia ética. En un tiempo donde la barbarie parece ganar terreno, sus propuestas nos obliga a mirar el derecho no como un conjunto de códigos y leyes, sino como el lenguaje común que nos permite evitar que la humanidad se auto destruya.

La crisis del derecho internacional no se soluciona con más leyes, sino con mejores razones y un compromiso inquebrantable con la dignidad humana. El derecho es, en última instancia, lo que hagamos de él. Si permitimos que el miedo dicte las normas, habremos perdido nuestros sueños de transformación de una sociedad que viva en auténtica paz. Pero si apostamos por esa "otra forma de pensar el derecho", este puede volver a ser el escudo de los frágiles y oprimidos frente a los embates del imperio.

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