Mercantilismo o ¡muera la ciencia en Chile!

El proyecto de ley sobre educación superior es afín a las leyes de la Dictadura-cívico-militar-neoliberal promulgadas desde el 80 al 87 y luego la LOCE de 1990. Estas leyes convirtieron a la educación en Chile en un negocio y destruyeron la educación académica. Los gobiernos de la Concertación, la Alianza y la Nueva Mayoría han aumentado este carácter confirmado con este proyecto.

Ya mostramos como la academia, los grados académicos, la carrera académica y en general la intelectualidad están excluidos intencionadamente como fundantes de universidad, siendo los únicos elementos que pueden garantizar la calidad de la educación.

Se ha evitado la academia con acreditaciones carentes de calidad académica lo que es inmoral y se usan criterios marginales para garantizarla.

Se ha excluido a la filosofía, las ciencias, las artes, la sociología, la ética, las humanidades, la antropología, la lingüística y otras disciplinas de la categoría de universitaria, cosa única en el mundo, y se definen universidades con sólo carreras orientadas a títulos profesionales conducentes a producir ganancias en empresas. El mercantilismo educacional en Chile es ramplón, y llega a ser grotesco. Vimos la exclusión de la estética de la educación superior. Veamos la exclusión de la intelectualidad científica.

El proyecto (y las leyes mencionadas) no dice que es fundamental hacer ciencia para ser universidad, menciona la investigación o a lo más la científica. La ciencia verdadera no se financia nunca; la expansión de las fronteras de las matrices disciplinarias no producen réditos económicos inmediatos y no es esa su intención.

La ciencia naciente es raras veces entendida a cabalidad por los pares y debe pasar mucho tiempo para que se descubran sus aplicaciones, que no son ciencia, son aplicaciones del conocimiento científico, investigación o instalación tecnológica o simplemente técnica.

Una vez establecido una verdad científica (punto I), hay otro cuerpo de investigadores que examina sus posibles aplicaciones (punto II), otro grupo de profesionales o graduados investiga esas aplicaciones y demuestra que son factibles y patentiza si es el caso (punto III), un cuarto grupo de profesionales ve sus aplicaciones en el mercado.

Si bien hay traslape en estos grupos, la universidad debería sólo remitirse al punto I y dejar que los grupos de I y D de las empresas hicieran los otros tres. En Chile, como legalmente se sacó a la ciencia, la filosofía, el arte del nivel universitario estos grupos quedaron en franca desventaja y debieron migrar en parte hacia el grupo II e incluso al III, con lo que la ciencia, la filosofía, el arte, las humanidades están en ruinas sosteniéndose apenas con los proyectos que los fondos nacionales, exiguos, pueden sustentar. Los grupos que se unieron a las empresas productivas están llenos de plata con lo que el contraste con los primeros es ofensivo.

La ciencia no se financia, es puro gasto. Fermat, gran matemático se sustentaba como abogado, no faltan los sepultureros.

Mendel fundador de la genética era pagado por el convento al que pertenecía; buscaba ya hacia 1857 (antes que el Origen de las Especies de Darwin) “…requiere cierto ánimo emprender un trabajo tan extenso, parece ser la única vía para alcanzar la solución de una cuestión de tanta importancia en relación con la historia de la evolución de los seres orgánicos”. Mendel era evolucionista y busca las leyes de la evolución, contemporáneo con Darwin, sin conocerlo hasta entonces.

Los botánicos como Mendel eran evolucionistas, sabían que las especies vegetales podían combinarse para obtener nuevas. Einstein debe trabajar en la Oficina de Patentes en Berna (Suiza), en donde hay fábricas de relojes de precisión, esto pudo influir en el descubrimiento de la relatividad especial, ya que es muy importante poner relojes a la hora para examinar su precisión. Relojes en las manos de personas que se mueven con distintas velocidades ¿marcarán la misma hora?

Y si la luz tiene una velocidad insuperable y fija ¿cómo puede solucionarse la adición de velocidades hasta el infinito (ya enunciado en la relatividad Galileana)? La homologación de velocidades relativas unas a otras y con la velocidad constante de la luz es el problema resuelto por la relatividad especial que lleva a la fórmula E = mc2.

La contracción del tiempo-espacio ya había sido descubierta por H.A. Lorentz (Universidad de Leiden, Holanda) que trabajaba en movimiento relativo de emisores electromagnéticos y por H. Poincaré que trabajaba en la Agencia de Longitudes (Meridianos), es decir, con el problema de fijar mapas y horarios para barcos o trenes en movimiento relativo unos a otros. Poincaré avanza incluso algo de la relatividad general. La ciencia que hacían no se financiaba, sus empleos financiaban sus vidas y ellos cumplían con su oficio ordinario, y en sus ratos no ocupados por ese oficio hacían esa ciencia.

En Chile es difícil dedicarse a la ciencia, usar a los científicos para que le resuelvan problemas técnicos o de aplicación a las empresas es criminal contra la ciencia. Si Chile quiere ciencia actual, con laboratorios pesados (piense en observatorios tipo Paranal, Alma, el Tololo, La Silla, y otros internacionales) tiene que pagarla el Estado e instalarse en las Universidades del Estado como un todo.

En Chile sólo puede haber un centro integrado de genómica, transcriptómica, proteómica, epigenómica evolutivas con un centenar o más de académicos haciendo carrera académica. Este Centro tendrá que tener una parte universitaria académica para hacer ciencia, y otra opcional incluso no-universitaria que rinda servicios extensionales o profesionales.

La ciencia requiere dedicación exclusiva mental y vivir en una comunidad que a diario y en cada momento está discutiendo sus matrices disciplinarias. Otra dedicación o hacerlo en solitario (salvo genios) es ineficiente o incurre en un gasto enorme de energía y tiempo perdidos. El mercantilismo educacional actual hace difícil, improbable o imposible la ciencia en Chile.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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