¡No más “la parvularia” por favor!

Entre los temas de mayor consenso en la actual reforma educacional, pareciera estar todo lo relativo a la Educación Parvularia y el rol que deben cumplir los docentes en el mejoramiento de la calidad. Por lo menos, así se detecta en las expresiones de todos los actores políticos que se refieren a estos importantes procesos de transformación educacional.

A la par, diversos especialistas extranjeros que han sido invitados para aportar con sus estudios ratifican lo mismo a pesar de lo obvio que estos planteamientos suponen.Considerando que la historia de la educación da cuenta de ello desde que se inició la instrucción moderna en el siglo XVII y se construyó esta ciencia que es la pedagogía.

Sin embargo a pesar de este supuesto respeto por los educadores y sus especialidades, cada cierto tiempo algunos titulares de diarios y entrevistas televisivas o radiales, recogen expresiones de diversos personeros que se refieren a los educadores de párvulos, como: “las parvularias”. Esta terminología no sólo deja afuera a los varones que también existen en este nivel, sino que tiene además otras importantes objeciones.

El término “parvularia” no existe en el diccionario de la Real Academia Española, la palabra más cercana es “parvulario”, que se refiere al “lugar donde se cuida y educa a los párvulos”.Por lo tanto no corresponde emplearla en el sentido de la persona que se desempeña con párvulos.

El título que se entrega en las universidades desde que se creó la carrera en 1944, en la Universidad de Chile, es el de Educador de Párvulos; época en que se dejó expresa constancia que el empleo de este concepto era para diferenciarlo de un profesor o instructor tradicional, refiriéndose entonces, a un profesional que desarrollaba integralmente a los niños. Un delicado proceso de formación humana.

Lo peor de todo, es el sesgo del tono un tanto peyorativo con que se dice “la parvularia”, que no da cuenta de este profesional en pedagogía de párvulos. Ello no concuerda con la importancia que supuestamente tiene, como se ha señalado en declaraciones sobre la importancia de este nivel y sus agentes educativos en los medios de comunicación.

Ya sería bueno que miráramos a este profesional con otros ojos, considerando que es el único educador que trabaja todo su tiempo de contratación frente a niños (no tiene horas no- lectivas); que puede llegar a tener 45 párvulos por sala, como aún lo permite la ley de subvenciones para el nivel de 5 a 6 años, y que está en lugares lejanos (programas alternativos en la Patagonia o zonas insulares), o en sectores peligrosos (poblaciones donde hay balas locas y/o droga que se encuentra incluso en los coches de los bebés que van a salas cunas) o en jardines infantiles que son saqueados periódicamente.

Esos son los Educadores de Párvulos, profesionales que históricamente han abierto muchos de los jardines infantiles existentes en Chile por su gestión directa en hospitales, industrias, salitreras, poblaciones o donde se necesitara y que nunca han solicitado mejores condiciones laborales por la entrega de su profesión a los niños y niñas chilenos.

Hoy se está estudiando incorporarlos al estatuto docente y mejorar sus remuneraciones.A la par, se hace necesario bajar la cantidad de niños por adulto en sala, a fin de hacer verdaderamente una educación parvularia de calidad.

También habría que cuidar sus extensos horarios y cuidar su salud mental y física (los lumbagos y desgaste de voz son frecuentes). En fin, ya sería bueno que Chile cuidara también a sus Educadores de Párvulos. En ello todos tenemos algo que hacer.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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