Se inicia la carrera: repensar la educación superior

María Eugenia López Zalaquett
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Con los resultados de la PAES se instalan diversas ideas sobre cómo construir el futuro de miles de jóvenes. Puntajes y rankings son parte en la conversación pública y se presentan como sinónimo de mérito y oportunidad. Pero mientras celebramos o lamentamos esos resultados, volvemos a la reflexión profunda respecto de si este mecanismo de acceso determina lo que el país necesita hoy, o mejor dicho, lo que los jóvenes necesitan para navegar en el mundo de hoy: aprender a aprender, persistir, innovar, descubrir una y otra vez.

Un reciente estudio muestra que en Chile los profesionales ganan -en promedio- 2,3 veces más que quienes sólo completaron la Educación Media, evidenciando una brecha salarial sistémica que no se resuelve con el acceso a la universidad por sí solo. Tras 12 años en el sistema escolar, muchos jóvenes no logran desarrollar habilidades básicas para la vida y el trabajo, ni cuentan con la robustez socioemocional que permite recorrer trayectorias educativas y laborales exitosas y no necesariamente lineales ni en el tiempo ni en un área en específica. Esta falta de preparación no es un detalle menor: reproduce desigualdades generación tras generación, golpea con más fuerza a quienes provienen de contextos socioeconómicamente complejos y limita no solo el acceso, sino frustra la luz de esperanza que hemos aprendido como una gran lección asociada al esfuerzo y al mérito.

La evidencia internacional sugiere que estos desafíos no son exclusivos de Chile. A nivel global, casi 20% de los jóvenes están fuera de educación, empleo o capacitación y en muchos países esta cifra es mucho más alta entre mujeres y grupos en desventaja social, lo que trasluce un problema estructural en la transición de la educación al empleo.

La brecha de habilidades es profunda: se estima que cerca del 40% de las competencias que se requieren en los trabajos actuales cambiarán para 2030, y casi la misma proporción de empleadores ya señala que la falta de habilidades adecuadas es un impedimento para llenar vacantes y sostener crecimiento. Esto incluye habilidades tecnológicas, pero también otras habilidades como pensamiento crítico, flexibilidad, colaboración y resiliencia. Competencias que no se desarrollan ni masiva ni intencionalmente en la educación media y que, en aquellos casos excepcionales, suelen estar asociados a contextos educativos más ventajosos.

En este contexto, transitar por la educación superior sin un andamiaje real de conocimientos habilitantes y desarrollo de habilidades socioemocionales, cognitivas y del mundo del trabajo, puede predecir al término del proceso una llegada al mercado laboral en desventaja. Datos recientes muestran que incluso personas con educación superior completa enfrentan altos desafíos para insertarse en empleos que corresponden a su nivel de formación, fenómeno conocido como "desempleo ilustrado", cuyo crecimiento se ha observado en Chile en 2025, particularmente entre jóvenes menores de 30 años.

Asegurar un futuro laboral sostenible no puede depender exclusivamente del origen socioeconómico de los estudiantes que hoy vemos concentran los mejores puntajes en establecimientos particulares pagados de la RM. Hay que repensar todo el trayecto educativo: fortalecer la educación media de manera integral para el desarrollo de habilidades reales, articular los currículos a las demandas actuales y futuras del mercado laboral, y construir puentes efectivos entre la educación y el mundo del trabajo.

Esto no es una discusión técnica ajena a la ciudadanía; es un desafío social. Sabemos que el mercado laboral siempre requiere talento, que las capacidades están distribuidas, que cada año cerca de 300.000 personas dan un paso para dar la prueba de acceso a la educación superior y que es ahí, cuando el camino recién comienza. Abramos la discusión para no perder talento, ni afectar la cohesión social y tampoco crecimiento sostenible. La equidad educativa debe ser parte de la discusión pública y privada porque en distintos momentos afecta el ciclo de vida de una persona: medido en puntajes, empleo digno y desarrollo profesional permanente.

La oportunidad que tenemos para poner este tema sobre la mesa ahora en pleno proceso de entrega de puntajes y de inicio de la admisión a la educación superior, nos permite mirar más lejos. Solo así podremos aspirar a un sistema que minimice desigualdades, desafíe a los sistemas actuales y los supere con creces.

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