Como eticista, médico y genetista me he enfrentado a casos dramáticos de indicar a un enfermo de un mal contagioso que debe declararlo a las personas cercanas, que podría contagiar casi obligatoriamente dado la enorme contagiosidad de la enfermedad que porta. Cabe decir que hay enfermedades de notificación obligatoria que médicos y laboratorios deben comunicar a la autoridad sanitaria a fin de iniciar las mediadas de control de los posibles contagios y delimitar la expansión de la enfermedad en la población.
Un caso no tan raro es el de un varón VIH+ que se vuelve activo y se hace sidoso y se constata que su cónyuge no es sidoso ni portador del virus. ¿Quién le comunica a su cónyuge que tiene sida? ¿El médico, él mismo...? No puedo entrar en los protocolos de manejo de estos casos porque hay normativas desarrolladas y cada caso puede ser diferente. Sí me interesa que el lector piense en la ética de la denuncia y la posible solución del caso.
Un suceso muy conocido, dado que ocurrió a un poeta y cantante cubano, y que lo llevó a crear una canción que se hizo mundial y ha sido cantada por connotados artistas del cancionero universal hispánico como Pedro Vargas, Luis Miguel y Plácido Domingo, entre otros; es la historia que ocurrió en Pinar del Río, ciudad cubana a unos 170 kilómetros al oeste de La Habana. Él, un poeta músico y cantante isleño, nacido en 1920, eximio pianista desde la infancia y que se enamora de una dama de la alta sociedad cubana cuando eran estudiantes de secundaria y constituyen una pareja de profundos enamorados. Esto ocurre en los años 1936-1943 y todo anda bien excepto que familiares de ella no ven con buenos ojos que se case con un bohemio de clase baja y con fama de mujeriego. Pero ellos siguen su romance. Sobre 1940, él presenta síntomas inequívocos de tuberculosis que en ese tiempo en Cuba era frecuentemente mortal, y se sabía de su contagiosidad muy alta, especialmente cuando la persona con la enfermedad empezaba a escupir con sangre. Compone esta canción en 1942 pero se estrena un año después, el año de la muerte del músico. Cabe decir que sus cronistas consideran que no se sabe bien a quién iba dirigida la canción.
La canción es el bolero "Nosotros". Él plantea que deben separarse y su decisión es definitiva. De facto si no se separan ella iba a ser contagiada y muy probablemente morir de tuberculosis, aunque probablemente no, porque en octubre de 1943 se descubre la estreptomicina, droga eficaz contra la tuberculosis.
Pero qué pasa cuando la persona no quiere tomar esa decisión y continúa su romance con el consiguiente contagio de su pareja ¿Es un acto delictual o simplemente inmoral? ¿Podría la pareja seguirle un juicio por daños y perjuicios? No pretendo aquí dar esbozos de soluciones porque como he dicho hay que remitirse a las autoridades competentes. Están los comités de ética clínica, las autoridades de salud pública y en general en salud. Está el Código Sanitario y la legislación a nivel nacional. Aunque el drama humano escapa a todas estas instancias.
Me ha tocado saber de decisiones tan dramáticas, no en el campo de la salud sino en el campo religioso. Tuve un amigo que siempre estuvo proclive a la vocación sacerdotal, pero no tomaba la decisión de ingresar a un seminario y en eso se enamora y constituye una pareja con una dama tan católica como él y también con titubeos de entrar a la carrera religiosa. Profundizan en su amor erótico y están a punto de contraer matrimonio cuando una experiencia vital lo convence a él que su vocación es más bien la sacerdotal.
Después de un tiempo de conversaciones y de discernimiento, ambos se convencen que la decisión más ajustada a la realidad es que él entre a la carrera religiosa. Lo hace y su pareja lo sigue hasta la ordenación sacerdotal. Pero ella va también haciendo un discernimiento de cuál sea su vocación. No seguí el caminó que tomó, si se casó o si entró a un monasterio.
Hay muchas otras situaciones muy dramáticas, pero es interesante hermoso y hasta cierto punto heroico que el ser humano tome este tipo de decisiones. Nos hace pensar que a veces vivimos en una situación poco trascendente pudiendo vivir una vida más profunda, más plena y quien sabe más significante, y nos recuerda lo de Kundera sobre la "insoportable levedad del ser". Sin embargo, algunos como Wilde piensan casi diametralmente opuesto y han dicho "denme lo superfluo y prescindiré de lo necesario".
Recomiendo escuchar este bolero que se consigue fácilmente por internet.