Somos todos iguales, enseñanza que algunos no quieren asumir

SARS Cov2, el virus que produce la enfermedad Covid-19 nos obliga a pensar, a sentir, a valorar que todos somos seres humanos iguales, individuos de la especie Homo sapiens.

Por mucho que los economistas liberales y neoliberales se esfuercen por mantener las economías en el sistema capitalista, individualista, régimen vertical patrón-trabajador, con la ética de optimizar la ganancia productiva, la dura realidad demuestra que esa es una quimera que solo enriquecerá a unos pocos y mantendrá en la dependencia y falta de autonomía en la pobreza a muchos.

Porque la torta a repartir es el PIB mundial entre toda la humanidad que alcanza a unos 8 mil millones de seres humanos. Pero esa torta no está repartida equitativamente y los sistemas capitalistas, especialmente las transnacionales, tienen en sus manos el manejo del poder cuyo ejercicio solo puede llevar al aumento de la desigualdad, en el ingreso o los bienes monetarios y en toda la riqueza que produce la humanidad.

La propiedad de la tierra, de los medios de producción, del poder, de la información, del conocimiento, de las redes sociales y de lo que uno considere se acumula en una elite mundial o de cada país.

SARS Cov2 ha dicho basta, Ud. señor príncipe, mendigo, senador, empresario, trabajador, bombero, dueña de casa, profesora, reina de belleza y cualquiera no está asegurado frente a mí. Las sociedades han tenido que humillarse y reconocer que somos todos iguales y hemos tenido que organizarnos, a regañadientes por los que quieren mantener las desigualdades, como seres humanos iguales. Los Estados o gobiernos han tenido que confiscar o declarar bienes públicos a todo lo necesario para tratar a Covid-19, o en su defecto regular el mercado poniendo precios máximos a estos artículos o servicios.

Mascarillas, guantes, exámenes, test, respiradores, servicios médicos completos, camas han pasado en varios países a ser propiedad de esos Estados. Se resisten los que quieren conservar los modelos económicos liberales y neoliberales en vano, porque la pandemia no puede ser manejada con la visión de control del poder productivo por unos pocos, ya que el virus implica cuarentena que altera totalmente el sistema productivo. La única forma de manejo es por una organización para el bien común de todos y eso es el Estado.

Al paralizar en gran parte la empresa las medianas y pequeñas empresas se ven mucho más afectadas que las grandes y las enormes, a no ser que sean de rubros críticos como son las empresas aéreas, turísticas, hotelería, etc. La cesantía de los pobres y estratos medios aumenta mucho. La desigualdad e injusticia nos abruma.

Aparecen dilemas que indican que algo grave anda muy mal en el sistema mundial de explotación de las personas. Los medicamentos y tecnología de la salud necesarios para tratar cualquier patología que los necesite, a los cuales injustamente pueden acceder más y en mejores condiciones los ricos, han tenido que declararse bienes públicos o estatales.

En Chile las grandes farmacias además de coludirse cobraban hasta 10 y más veces el precio de los medicamentos comprados a los laboratorios; su inmoralidad es inconmensurable, aunque todo (no las colusiones) está no solo permitido sino que fomentado por la constitución que favorece enormemente más a las empresas privadas que a las del Estado que necesitan quorum parlamentario para instalarse.

¡Todavía hay algunos que quieren mantener esta constitución! Espero que este virus les enseñe algo. Europa está proponiendo que si se obtiene una vacuna o cualquier tratamiento, por ser conocimiento científico o tecnológico, debe declararse éticamente patrimonio de la humanidad; deben ser gratuitos, o sea, pagados por un fondo mundial donde los países más ricos paguen lo que no pueden pagar los más pobres. Bien por Europa aún hay valores morales profundos.

Esta proposición es una especie de lavativa intestinal con ají para Trump, Bolsonaro y los recalcitrantes capitalistas neoliberales y aún para la Presidencia de Chile.

Yo he propuesto internacionalmente que toda información proveniente de seres humanos sea patrimonio de la humanidad con libre acceso para todos los grupos de investigación, provisto solo que esos datos estén anonimizados o encriptados para satisfacer la confidencialidad, respeto por autoría académica y por las patentes.

Pero no solo esto, también he propuesto que todo medicamento, prótesis o tecnología de la salud sea producido por un organismo mundial y distribuido a todos los que lo necesitan a precio de costo. Este organismo mundial será como un Estado Mundial, y por ningún motivo y antitéticamente un Gobierno Mundial.

Es la única manera de garantizar que toda la humanidad tendrá acceso a cualquier avance en salud equitativamente, al más bajo precio (de costo), sin discriminación de ningún tipo, con cobertura universal y de la mejor calidad.

Las farmacias populares demuestran que esto es completamente posible. Cenabast no debe ser un intermediario con las farmacias debe constituirse en la Farmacia Popular de Chile y vender directamente lo comprado a precio de los laboratorios.

En Chile se ha declarado que las camas tanto públicas como privadas pasan a constituir un pool  de “propiedad” o administración del Estado. Cualquier paciente de Covid-19 puede acceder a cualquier cama libre esté donde esté. Lo mismo sucede con los ventiladores pulmonares y el sistema de atención pasa a ser una red igualitaria en todo el país. Es un sistema equitativo donde el que gana es el paciente. Sistema completamente estatal. ¿Por qué no ha sucedido así para todas las enfermedades? El sistema está en gran parte atendiendo a los pacientes de las Isapres que confiesan que han seguido teniendo utilidades ¿qué cosa más rara?

La Mesa Social un organismo colectivo multi organizacional ha demostrado ser un instrumento insustituible. Pero recién el Presidente se da cuenta que las comunas con sus alcaldes, concejales y organización popular son piedras angulares del Estado para resolver los problemas de toda índole.

Esperemos que estos avances en la recuperación del Estado, la organización productiva colaborativa como en Alemania, y el abandono de las organizaciones verticalizadas, se mantengan pasada la pandemia.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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