Prevenir antes de llegar a la tragedia: fortalecer la protección local de la niñez

Los graves hechos conocidos en la comuna de San Joaquín, que involucran un presunto parricidio a manos de una adolescente de 14 años, deben ser abordados con responsabilidad, prudencia y respeto. La investigación se encuentra en desarrollo y corresponde a las instituciones competentes esclarecer sus circunstancias.

Como organización dedicada a la protección integral de la niñez y adolescencia, creemos que este caso no debe utilizarse para estigmatizar a las y los adolescentes, ni para formular diagnósticos anticipados sobre salud mental, crianza o violencia intrafamiliar. Sin embargo, lo que sí debe interpelarnos como sociedad y Estado es la capacidad para detectar riesgos y actuar oportunamente.

La evidencia disponible muestra que la violencia sigue formando parte de la experiencia cotidiana de los NNA. La Segunda Encuesta Nacional de Polivictimización indica que la violencia ejercida por cuidadores principales contra estudiantes de 12 a 17 años aumentó del 35% en 2017 al 39% en 2023. En el mismo periodo, la violencia psicológica reportada aumentó del 28% al 35%. Al mismo tiempo, la Defensoría de la Niñez ha advertido sobre el aumento de la soledad y el abandono percibido por adolescentes, y con ella la evolución de atenciones vinculadas a salud mental y consumo de sustancias.

Estas cifras no permiten explicar por sí solas un hecho particular, pero sí revelan la urgencia de construir políticas preventivas, accesibles y territorialmente articuladas. Por eso, World Vision Chile propone avanzar en estas cuatro prioridades a nivel local:

  1. Asegurar financiamiento estable, suficiente y plurianual para las Oficinas Locales de la Niñez, considerando las características demográficas, territoriales y sociales de cada comuna. En ese sentido, es necesario fortalecer sus equipos profesionales, reduciendo la rotación y asegurando capacidades especializadas en niñez
  2. Implementar mecanismos comunales de alerta temprana, con criterios claros de derivación y seguimiento entre educación, salud, municipios y actores comunitarios, resguardando la confidencialidad y el interés superior de cada niño, niña o adolescente
  3. Garantizar acompañamiento oportuno a las familias, antes de que las dificultades de convivencia, la violencia, el aislamiento, la desescolarización o los problemas de salud mental alcancen niveles críticos
  4. Incorporar de manera efectiva la voz de niños, niñas y adolescentes, fortaleciendo los consejos consultivos y los espacios seguros en los que puedan expresar preocupaciones, pedir ayuda y participar en las decisiones que afectan sus vidas.

 

La prevención no depende de una sola institución. Depende de comunidades capaces de observar, escuchar, comunicar y actuar coordinadamente. Un colegio atento, un vecino que denuncia, una red de salud mental que actúa a tiempo y un sistema de salud y protección que funciona de manera articulada: así es como se previenen las tragedias. Chile necesita un sistema que no espere la tragedia para hacerse visible.