Chile en el top ten del horror

“De Chile a Irak, la tortura ha sido el socio silencioso de la cruzada por la libertad de mercado global”. (Naomi Klein, La Doctrina del Shock).

No solo de vergonzosa puede ser calificada la conclusión a la que arribó el informe titulado Un monde tortionnaire (“Un mundo de torturadores”), publicado en Francia por la influyente ONG “Acción por los cristianos contra la tortura” y que sustancialmente señala que “cien de los 194 estados miembros de la ONU, practican regularmente la tortura, ya sea como un medio para obtener confesiones o información, o simplemente como una metodología para un reinado de terror.” ¡Qué duda cabe!

Y, por si fuera poco, Chile junto a Siria, Egipto, Argelia, Argentina, Brasil, Cuba, Estados Unidos, Francia, China, Vietnam, India y Rusia, “destacan” como un selecto groupê de la barbarie y el horror en este “mundo de los torturadores”.

En lo medular el acápite, del citado informe, dedicado a nuestra “fértil provincia” y a las fechorías de sus aparatos y dispositivos de represión, señala que “en este país el fenómeno de la tortura se sigue practicando contra los partidarios de los movimientos de protesta y en contra de algunos pueblos indígenas como el pueblo Mapuche (...)".

Unas de las peores taras de la democracia chilena, un funesto resabio de su oscuro pasado dictatorial.

La verdad, es que la inclusión de Chile en este escandaloso ranking del horror no debería sorprender a nadie, como tampoco que aparezca de tanto en tanto en otros tan oprobiosos o más; porque resulta indesmentible que nuestro país en virtud de sus abultadas claudicaciones y traiciones políticas ha perpetuado espacios significativos de impunidad en materia de violación de los DD.HH.

Estamos hablando de gravísimos delitos de lesa humanidad a manos de verdugos del estado al servicio de la reproducción (genocida) del poder cometidos contra civiles indefensos.

No faltaron, además, los fariseos de siempre, poniendo la estacada final, y con todo el descaro del mundo han llegado incluso a (tra) vestir todo este horror de un “mal necesario”, la sangre del cordero degollado como moneda de cambio.

Un barato “costo social” a pagar por el bendito “milagro” económico chileno… Como nos lo recuerda más de algún lúcido analista contemporáneo, tal vez otro de esos “seres alados”…

¿Cómo explicarnos sino bajo el lúgubre hechizo de la impunidad (institucionalizada), que hoy en Chile pública y abiertamente se homenajee a uno de esos tristemente célebres verdugos, uno de los más feroces y desalmados criminales de guerra que conoció el holocausto chileno?

Un espurio y sacrílego “acontecimiento” que en cualquier país civilizado del mundo sería una abierta ilegalidad imputable. ¡Un verdadero escándalo nacional!

Y, no contento con ello, ¿que sus apócrifas “feco-memorias” hayan sido elevadas a categoría de bestseller en nuestro país, con una séptima edición en marcha?

O, ¿qué empecemos ahora con toda la desfachatez a llamar eufemísticamente “régimen militar” a la dictadura de “El Innombrable” (este mote al dictador chileno fue sin lugar a dudas un gran acierto de Tony Blair. Acaso el único) uno de los más execrables regímenes dictatoriales que ha conocido el mundo durante la Guerra Fría?

Un hecho que inequívocamente responde a lo más esquizo imaginario hegemónico de los vencedores y a un poderoso impulso mitológico que boga majaderamente por re-escribir nuestra historia reciente, en un estéril esfuerzo, de distorsión y falsificación, por mitigar sus imperdonables descalabros y desmadres.

Ya lo decía George Orwell «quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado».

Por suerte tanta barbarie e hipocresía, no ha logrado meternos en el saco de la indignidad y la desmemoria.

Ello, en gran parte, es obra de nuestros “ángeles guardianes”, que existiendo siempre, desde el comienzo mismo de la historia de la ignominia y viéndolo todo con una contumaz lucidez. Los testimonios que han legado son imposibles de soslayar.

Por ejemplo, el ex canciller en Washington Orlando Letelier, asesinado por los sicarios y mercenarios pagados por “El innombrable” en las propias fauces del imperio, dijo alto y claro que “(la tortura y) el terror en Chile era la herramienta fundamental de la transformación hacia el libre mercado.”

Se trataba de una maquinaria científica de terror que impuso la tortura y el exterminio de una cultura entera (la cultura de izquierda) y de varias generaciones brillantes de chilenos, “la contrarrevolución capitalista que terminó edificando en Chile el neoliberalismo más brutal que se haya impulsado en país alguno”, como ha destacado la citada y preclara analista canadiense.

Aunque suene a frase manía o a consigna decir por último que “los países que no enfrentan su historia común con valentía y honestidad y, por sobre todo, con verdad (compartida), están execrablemente condenados a repetir los horrores del pasado”.

Perdón, quise decir errores, como diría, también, el gran Silvio Rodríguez.

[Informe completo: http://unmondetortionnaire.com/IMG/pdf /Rapport_Torture2011_web_un_monde_tortionnaire.pdf]

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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