El mundial de Rusia llegó a su fin

Era inevitable, el Mundial de fútbol 2018, que mucho se esperó llegó a su fin. Las cámaras se llenaron de bailes, llantos, festejos como sinsabores de los protagonistas y también mostraron maravillas del arte arquitectónico, como la catedral de San Basilio en Moscú o sitios que, como El Palacio de Invierno en San Petersburgo, rememora la victoria de la revolución bolchevique de 1917.
Así se observaron trozos de una historia milenaria con sus altos y bajos, con hechos gloriosos y tragedias estremecedoras. Una parte de esos sucesos históricos trascendió al ámbito mediático, al ocurrir la temprana eliminación de Alemania y hubo memes que recordaron la derrota del nazismo hitleriano en Moscú y en las cruentas batallas de la II Guerra Mundial, que a un costo cercano a 60 millones de vidas humanas, asoló Europa, Asia y Africa durante más de media década.

Uno de aquellos hechos históricos decisivos fue la batalla de Kursk, la mayor contienda de tanques de la historia, hace 75 años, que marcó tanto la pérdida definitiva de la iniciativa estratégica por Hitler, como que la entonces Unión Soviética era una potencia capaz de poner término a la invasión de su territorio y lanzar una contraofensiva, junto a los aliados, que llevó a la destrucción total de la maquinaria bélica nazi.

En la batalla de Kursk, la concentración de tropas y medios de combate cubría un vasto sector del territorio ocupado de Rusia y Ucrania, la entonces Unión Soviética. Las informaciones existentes señalan que los soviéticos movilizaron más de un millón de soldados versus 900.000 del eje alemán, que a su vez dispuso de más de 3.000 tanques que se enfrentaron a más de 4.000 blindados rusos, cada adversario contó con más de 2.000 aviones, cazas y bombarderos, y una cantidad superior a 25.000 piezas de artillería. Millones de litros de combustible alimentaron esa maquinaria que devoraba hombres y recursos materiales.

El mariscal Zhukov impuso su estrategia, el mando soviético cedió la iniciativa y resistió el tremendo mazazo blindado de los nazis, cavando más de 5.000 Km. de trincheras en 8 líneas sucesivas, en que instalaron 400.000 minas y los inmensos recursos humanos y materiales que habían concentrado, y luego del impacto indescriptible generado por el choque de las fuerzas combatientes pasaron a la contraofensiva un día 12 de julio. 

Se conoce por cifras no oficiales, la increíble pérdida de cerca de un millón de seres humanos, muertos y heridos, jóvenes destruidos de por vida y que las 2/3 partes de los medios de guerra, tanques, cañones, aviones y transportes quedaron convertidos en fierro calcinado, una masa de humeante chatarra inservible.

Fue un esfuerzo total de los contendientes, el mando soviético logró confirmar que la cercana victoria de la batalla de Stalingrado era un viraje estratégico en el curso de la guerra, y por el contrario, la jefatura nazi no pudo impedir ese cambio definitivo. 

Se impuso Rusia, no por el invierno ya que era verano, sino que por la porfía de sus recursos humanos que bregaban para expulsar el invasor de su patria, por la envergadura y potencia que logró en términos bélicos y por la experiencia adquirida por sus mandos estratégicos, favorecidos además por la ofensiva decisiva que los aliados iniciaban en Sicilia.

Cuando en agosto de ese año, 1943, cesó la batalla luego de una lucha sobrehumana, la guerra se alejaba de Moscú y tomaba la ruta de Berlín, allí concluiría en mayo de 1945, con la ciudad en ruinas y el totalitarismo hitleriano destruido. El objetivo de un imperio fundado en la supremacía racial e ideológica nazi fue aplastado a un costo humano imposible de medir. 

El camino de la humanidad no era ni es la eliminación de las razas “inferiores” o la destrucción del más débil. El argumento acerca de la existencia de una raza “elegida” era un artificio, una excusa de invasión y genocidio que irrevocablemente mordía el polvo de la derrota.

Al avanzar el Ejército Rojo encontró los pavorosos campos de concentración nazis, en los que se ejecutó el Holocausto contra los judíos de toda Europa y el genocidio de millones de antifascistas, gitanos y prisioneros de guerra.

Al ser aplastado el nazismo, en su esencia más profunda, fue derrotada la pretensión que un grupo, una “raza” una nación puede destruir a otras razas, pueblos o etnias, simplemente porque se proclama superior. Así, en forma terrible terminó el Estado nazi, mal llamado nacional socialista, cuya ideología declaraba la legitimidad de matar o encarcelar, de eliminar individual o masivamente a quienes calificaba como inadaptados o degenerados. De esos días nació la doctrina de los Derechos Humanos.

Ahora, felizmente, las multitudes festejan en paz y aplauden el Mundial 2018, es una fiesta multirracial, un encuentro global con una auténtica diversidad que corrobora el monstruoso error y horror de pretender encasillar a hombres y mujeres en un único y excluyente prototipo racial. Ojalá que los gobernantes ansiosos de confrontación y seudo grandeza lo tengan presente.

Así los golazos seguirán en la memoria, habrán atajadas que perdurarán como motivo de admiración y las tandas de penales se recordarán una y otra vez, no hay otros productos que se repartan por el globo hasta el último rincón, como el fútbol y el dinero; pero no hay que olvidar que la civilización humana es fruto del tesón, la sabiduría, la tenacidad y el sacrificio de quienes contribuyeron a forjar este presente con su voluntad y esfuerzo inaudito.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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